¿Sabes por qué al cerebro le encanta comer en exceso incluso cuando no tienes hambre?

¿Sabes por qué al cerebro le encanta comer en exceso incluso cuando no tienes hambre?
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La mayoría de las personas pueden decir fácilmente que no a una ensalada de papas o un tazón de sopa de remolacha cuando no tienen hambre, pero les ofrecen papas fritas o una galleta y a menudo se entregan incluso con el estómago lleno. Según una nueva investigación, esta debilidad por las golosinas innecesarias se reduce al hecho de que nuestro impulso para satisfacer nuestro hambre y nuestro deseo de alimentos grasos están regulados por circuitos cerebrales separados, según recoge iflscience y comparte Paula Dumas para Periodista Digital.

La alimentación normal, también conocida como alimentación homeostática, está impulsada por el hambre, y la motivación para continuar comiendo se extingue cuando el cerebro reconoce que los niveles de energía se han reabastecido. Sin embargo, la alimentación hedónica, que se refiere a la tendencia a comer alimentos deliciosos por placer, a menudo puede continuar incluso en ausencia de hambre.

El nuevo estudio, que aparece en la revista Neuron, revela que la alimentación hedónica está regulada en gran medida por una proteína de señalización llamada nociceptina, que activa la comunicación neuronal en ciertas regiones clave del cerebro de los mamíferos. Esto puede explicar por qué los humanos, los perros y los gatos tienden a engordar, pero nunca se ve un lagarto con sobrepeso o una raya corpulenta.

Los investigadores modificaron genéticamente ratones para producir nociceptina fluorescente, lo que les permitió rastrear su movimiento a través del cerebro. Luego alimentaron a los ratones con comida regular, antes de colocar a los roedores saciados en una jaula que contenía deliciosos alimentos grasos. A pesar de no estar hambrientos, los animales comieron alegremente las golosinas caloríficas, llegando a tener sobrepeso como resultado de repetidas sesiones de atracones.

Los autores del estudio descubrieron que cuando los ratones estaban atracones, la señalización de nociceptina aumentaba en un circuito cerebral particular que emanaba de la amígdala central, que normalmente se asocia con el procesamiento emocional en los mamíferos. Sin embargo, la desactivación química de las neuronas dentro de la amígdala central que producen nociceptina causó que los ratones dejaran de tragar el exceso de golosinas, pero no tuvieron impacto en su apetito por la comida regular.

Estos resultados parecen indicar que este circuito cerebral en particular es responsable de promover los atracones, pero no está involucrado en la alimentación homeostática normal. Según los investigadores, esta vía neural probablemente evolucionó en mamíferos que generalmente tenían que sobrevivir a las hambrunas regulares y, por lo tanto, desarrollaron una tendencia a consumir tantos alimentos altos en calorías como sea posible, incluso cuando no tienen hambre, para proporcionar una reserva de energía.

Sin embargo, los tiempos han cambiado, al menos para los humanos, y la disponibilidad constante de alimentos grasos significa que ahora tenemos que vigilar lo que comemos. Sin embargo, desafortunadamente, nuestros cerebros parecen estar conectados para atracones, razón por la cual ahora estamos viendo tasas tan altas de obesidad.

Autor

Paula Dumas

Informar y entretener; periodismo del siglo XXI, actualidad y redes.

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