¡Esta es la herramienta adecuada para mejorar la alimentación!

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El Reglamento 1169/2011 regula la información alimentaria facilitada al consumidor. “Esta normativa habla en términos generales de muchas cosas, como los ingredientes y las formas de preparación, pero para entenderla se requiere una adecuada educación”, expuso Luján Soler, decana del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad de Madrid. Por ejemplo, “la gente no tiene por qué saber que si un producto se comercializa en cinco países existe la obligación de poner la información en esos cinco idiomas. El espacio que ocupe esa información dependerá del tamaño del empaquetado del producto”.

La dietista-nutricionista señaló, no obstante, que una de las cuestiones que se modificaron en ese reglamento es el tamaño mínimo de la letra del etiquetado, ya que “antes había que ir con una lupa para poder leerlo”. Por otro lado, subrayó que “algunas cosas resultan muy complejas de entender”, y puso como ejemplo la confusión que genera la aparición de la lactosa en la lista de ingredientes. Puede ser que en el listado de ese producto no figure el azúcar, pero cuando el consumidor ve el cuadro de hidratos de carbono totales o de azúcar, la cifra no es cero. La razón es que la lactosa es un hidrato de carbono, según recoge cd comparte Paula Dumas para Periodista Digital.

Información para distinguir un procesado bueno

Ríos comentó que la lista de ingredientes ofrece, en todo caso, una información muy útil que permite distinguir los ultraprocesados de los procesados buenos. Entre estos últimos se pueden encontrar, por ejemplo, “unas sardinas en lata con aceite de oliva virgen extra o un gazpacho envasado, en cuyas listas de ingredientes se enumeran ingredientes enteros y saludables”. Por el contrario, una barrita de cereales en cuyo frontal puede leerse «light», “bajo en sal”, “bajo en azúcar” o “0%”, puede llevar a los usuarios a “percibir que es algo bueno para la salud”, ya que esos mensajes están escritos con un tamaño de letra muy superior al del listado de ingredientes, entre los cuales es probable que aparezca la palabra azúcar, que corresponde al azúcar añadido, “u otra palabra que mucha gente no detecta como azúcar, como por ejemplo sacarosa, dextrosa o jarabe de glucosa”.

Una de las claves está, según el nutricionista, en “no obsesionarse con la tabla nutricional porque te puedes encontrar un yogur que va a tener sus gramos de azúcar”. Consideró “un esfuerzo innecesario enseñar a toda la población a leer esas etiquetas cuando la verdadera solución podría ser facilitar que los propios productos identifiquen de manera sencilla cuáles de esos ingredientes no son saludables y se encuentran en altas cantidades”.

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