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¿Sabías que el efecto placebo puede funcionar, incluso si sabes que no te curará?

El efecto placebo es el que lleva a que sintamos una mejoría ante la exposición a un factor que por sí mismo no tiene ningún efecto curativo sobre la afección o síntoma que se pretende tratar. No solo hace referencia a supuestos compuestos farmacológicos, sino también a terapias o cirugías concretas.

No obstante, en base a los resultados de este equipo de científicos, podría ser innecesario ocultar la verdad, al menos en lo que al tratamiento de la ansiedad con placebo se refiere.

Huye, pelea o toma un placebo
La ansiedad es una respuesta evolutivamente positiva a situaciones que puedan suponer un riesgo para la vida de un individuo. Los músculos se tensan, para prepararnos para una posible lucha o huida, el ritmo cardiaco se acelera, para asegurar un buen suministro de sangre hacia las extremidades, y aumenta la sudoración, que ayuda a que nuestro cuerpo se refrigere. Todo ello es positivo si tenemos que evitar huir de un coche que podría atropellarnos, pero no si nos enfrentamos a algo tan común y simple como un examen, según Hipertextual y comparte Paula Dumas para Peridista Digital.

En condiciones normales, la ansiedad es una respuesta positiva y necesaria
Por eso, cuando la ansiedad aparece de forma exagerada o ante situaciones en las que es innecesaria, supone un problema, que normalmente es tratado mediante psicofármacos, terapia psicológica o una combinación de ambas. Son muchas las situaciones que conducen a ella, pero especialmente preocupa a los estudiantes. De hecho, se ha calculado que aproximadamente el 40% de ellos la sufren en algún momento de sus carreras.

En la mayoría de ocasiones esta ansiedad puntual no responde a ninguna patología más compleja, de ahí que se haya comprobado que en muchos casos sea suficiente con el efecto placebo. No obstante, de cara a los profesionales psiquiátricos esto supone un problema; pues, lógicamente, recetar placebo a un paciente puede llegar a ser poco ético.

Por eso, los autores del estudio de Scientific Reports decidieron llevar a cabo un estudio con el que comprobar si los conocidos como “placebos de etiqueta abierta” podrían ser eficaces en estas personas.

Para ello, reclutaron a 58 universitarios, cuyo requisito principal era tener exámenes próximamente. Además, se eliminaron aquellos con otras patologías que pudieran influir en sus niveles de ansiedad.

Una vez seleccionados, se dividieron en dos grupos, uno que tomaría placebo de etiqueta abierta y otro al que no se le administraría nada. Los del primer grupo eran conscientes de lo que estaban tomando, pero sí que se les explicó que el placebo podría llegar a ser igualmente poderoso, ya que el cuerpo responde a él automáticamente, como el perro de Pavlov a la campanita.

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