EL ESTUDIO SECRETO AL CERÉBRO DE AARON HERNÁNDEZ

La ciencia no puede creer el resultado de la autopsia del cerebro del exjugador de fútbol americano que asesinó a su amigo y se suicidó

La ciencia no puede creer el resultado de la autopsia del cerebro del exjugador de fútbol americano que asesinó a su amigo y se suicidó
Aaron Hernández.

Los científicos quedaron en shock, los resultados del estudio que se hizo al cerebro de Aaron Hernández han dejado unos resultados impresionantes.

Lo que inicialmente parecía un cerebro sano -se trataba de un joven deportista que se suicidó a los 27 años tras asesinar a uno de sus amigos- tenía oculto debajo de su superficie un secreto impresionante.

El órgano no mostraba que se encontraba con encefalopatía traumática crónica (CTE, por sus siglas en inglés), pero en un nivel tan avanzado que podría comparase con una persona de 60 años que estuviera afectado por la enfermedad.

Es el caso más raro y grave que han hallado los científicos en Estados Unidos para una persona de esa edad.

«El CTE tiene como detonante una trauma repetitivo en cualquier parte de la cabeza», dijo el doctor Paulo Caramelli, neurólogo y profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais.

Inicialmente esta enfermedad fue denominada «demencia pugilística», por los innumerables golpes que reciben los boxeadores en la cabeza, sin embargo, el doctor Bennet Omalu fue que pudo con sus investigaciones obtener un conocimiento más profundo de la enfermedad, más allá del boxeo.

El hombre procedente de Nigeria, publicó los resultados de sus investigaciones luego de estudiar el cuerpo de Mike Webster, la estrella de fútbol americano que falleció repentinamente.

Omalu fue quien relacionó el CTE con el futbol americano, el deporte más famoso de Estados Unidos y quien avisó de los riesgos de practicarlo.

Los impresionantes resultados, tras las investigaciones al cerebro de Hernández, dejaron ver la presencia de «cuevas» de una dimensión inusual en el centro del órgano, estas crecían a medida que el tejido cerebral se achicaba.

Según los médicos, esto no es común en una persona de 27 años, cuando el tamaño del cerebro tiende a ocupar prácticamente todo el cráneo.

El equipo médico pudo notar que el septo pelúcido, la membrana que divide los dos lados del cerebro, estaba perforado, situación que suele ocurrir con los pacientes que padecen CTE.

La principal señal de la presencia de la enfermedad fue hallada cuando observaron el cerebro de Hernández debajo del microscopio y pudieron determinar una acumulación excesiva de proteína tau, que mata las células nerviosas.

«En algunas enfermedades degenerativas, como el Alzheimer o el CTE, la proteína modifica su estructura y pierde su función, lo que hace que la neurona no pueda funcionar y muere», explicó.

El estudio se llevó a cabo en la Universidad de Bostón, donde un pequeño grupo hizo la investigación de una manera casi secreta, y el órgano fue identificado con un pseudónimo para que no trascendieran los resultados a los medios.

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