La cumbre TansVision sigue anclada en las mismas ideas

A Sophia le queda mucho por aprender

El Ateneo de Madrid, creado a principios del siglo XIX, fue la sede elegida para una cumbre transhumanista que, paradójicamente, postula dejar atrás todo lo antiguo y llevar a la sociedad a nuevos y desconocidos escenarios científicos.

El ingeniero José Luis Cordeiro, uno de los precursores de este evento, dio la bienvenida al auditorio, en la sesión del viernes por la tarde, con una charla titulada TransVision: 20 years into the Future. Conferencia que ya pudimos escuchar hace ahora año y medio en el I Congreso Internacional de Longevidad y Criopreservación organizado por la Fundación Vidaplus en la sede del CSIC.

 

Lo más destacado y lo nuevo de sus explicaciones versó en torno a la creación artificial de un ser humano en los próximos 20 años. Sobre este tema, Cordeiro señaló que

El problema principal es el replicado del cerebro humano. Se pueden replicar otros órganos, pero el cerebro es especialmente complicado.

José Luis Cordeiro habló de los Juegos Olímpicos robóticos de Tokio 2020 como uno de los hitos del camino evolutivo de la Inteligencia Artificial. Una cita que ya hemos podido leer en muchos diarios hace algo más de un año.

SOPHIA Y LAS ESPECTATIVAS

Uno de los momentos más esperados de la sesión de la tarde del viernes era la intervención del busto robótico Sophia acompañada de su creador, Ben Goertzel. Que ella fuera vestida con un disfraz que no traje de flamenco era poco prometedor.

Para muchos, Sophia no dejaba de ser una especie de sistema automático de respuestas que ya usan algunos dispositivos móviles, pero, esta vez, en una cabeza de un maniquí robótico muy conseguido.

 

 

Lo llamativo, aunque no novedoso, es que Sophia podía seguir con la mirada los movimientos de su creador por el escenario, quien se esforzaba, sin conseguirlo, que ella le hiciera caso con facilidad. No pudo reconocer las emociones en el rostro de Goertzel y tardaba mucho en dar las respuestas programadas a las preguntas de su creador.

Sophía, lamentablemente, no mostró ningún avance significativo en la gestión de la IA, algo que TransVisión debería haber afrecido al centenar de personas que ese día esperaban algo más.

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