No «protegerse» bien la primera vez multiplica por seis el riesgo de embarazo

No usar anticonceptivos o usarlos después de la primera relación sexual multiplica hasta por seis la posibilidad de embarazo adolescente, según los resultados de un estudio publicado este martes por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Según este trabajo, emplear un método anticonceptivo no eficaz (distinto del preservativo, el DIU, el diafragma o los métodos hormonales) multiplica por más de cuatro el riesgo de embarazo precoz.

Estas dos conclusiones se recogen en el trabajo «Maternidad adolescente en España», dirigido por la investigadora del CSIC Margarita Delgado, a partir de una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) a 9.700 mujeres de 15 o más años, lo que abarca incluso a generaciones nacidas antes de 1931. El estudio ha contado con financiación de la Fundación Española de Contracepción.

La investigación ha permitido a sus autores trazar un perfil de las madres adolescentes en España: las jóvenes que han accedido tan tempranamente a la maternidad se emancipan y forman pareja antes que sus coetáneas, ya que el embarazo es el desencadenante de dichos acontecimientos.

En el ámbito profesional, además de terminar antes sus estudios, acceden más tarde a su primer trabajo y no suelen lograr empleos estables.

Entre otras cuestiones, los resultados del trabajo indican también que en un periodo de 50 años la edad mediana de inicio de las relaciones sexuales de las mujeres residentes en España ha pasado de cerca de los 25 años a rondar los 18.

La paulatina reducción de la edad de inicio de la actividad sexual ha venido además acompañada de un descenso progresivo de la edad a la que las mujeres comienzan a usar anticonceptivos.

Así, mientras las mujeres nacidas entre 1951-1955 utilizaban su primer anticonceptivo pasados los 25 (y mantenían su primera relación sexual a los 21,5), las de 20 años más tarde (1971-1975) comienzan a usar anticonceptivos a los 19,6 años e inician su actividad sexual a los 18,9.

En cuanto a su relación con el mundo laboral, en términos generales, la investigación prueba que las madres adolescentes trabajan a cualquier edad en menor medida que el resto de sus coetáneas.

Para llegar a esta conclusión, en el estudio se observó la situación a determinadas edades y se compararon los resultados entre ambos grupos.

Por ejemplo, a los 30 años, en la cohorte 1966-70, el porcentaje de actividad entre las madres no adolescentes es superior en 10 puntos porcentuales al de las madres precoces.

Otra dimensión que destaca el estudio es la fragilidad de las uniones formadas por madres precoces, ya que el emparejamiento no es algo planificado, sino «sobrevenido ante la constatación de un embarazo».

El CSIC cree, además, que a esto se une la propia juventud de la pareja y, por tanto, «su probable falta de madurez emocional», lo que constituye otro de los factores que influyen en las rupturas.

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