Es una inmigrante colombiana y tiene otros trers hijos

Detenida la joven madre del bebé que tiraron a la basura

El niño fue rescatada por dos guardias civiles y goza de buena salud

La Guardia Civil lo encontró en un contenedor soterrado: "Fue terrible y me eché a llorar de emoción"

La Guardia Civil ha detenido este 16 de julio de 2015 a la madre del bebé que fue arrojado ayer a un contenedor de basura soterrado en el municipio madrileño de Mejorada del Campo. Según han informado fuentes de la investigación, se ha identificado y detenido a la madre del bebé, que se encuentra en buen estado y está ingresado en el Hospital del Henares.

La Delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, informará sobre esta detención en una rueda de prensa que tiene previsto ofrecer en la Jefatura Superior de Policía de Madrid, en la que iba a informar sobre otra operación policial.

El bebé fue hallado este miércoles con vida en un contenedor soterrado en Mejorada, después de que un joven que paseaba a su perro le oyera llorar y avisara a la Guardia Civil.

Con la ayuda de los servicios de recogida de residuos del Ayuntamiento, que extrajeron el contenedor del suelo, dos agentes de la benemérita encontraron al bebé en el interior de una mochila, que a su vez estaba en una bolsa de basura, y lo llevaron en su coche patrulla al Hospital del Henares, donde se le hizo un reconocimiento para comprobar que estaba sano y donde quedó ingresado.

Una vez que reciba el alta, el niño previsiblemente será trasladado a una residencia o a una familia del programa de acogimientos de urgencia de la Comunidad de Madrid.

MARCO Y SUS ÁNGELES DE LA GUARDA

A Marco, como ha sido bautizado por las enfermeras del Hospital del Henares (Coslada), el destino le tenía reservada una segunda oportunidad.

Tiene entre siete y diez días y está en perfecto estado de salud.

Como relata M.J. Alvareza en ‘ABC‘ este 16 de julio de 2015, sus tres ángeles de la guarda son Rafael Diéguez, un joven de 29 años vecino del municipio, y dos agentes del Instituto Armado, Carlos Rodríguez, de 35, y Andrés Moyano, de 30, destinados en el puesto principal del pueblo.

Rafa, como le llaman sus allegados, sacó a sus dos perros a primera hora de la mañana,un chow-chow y un pastor alemán.

Estaba en la avenida de los Toreros, en la trasera del colegio Pablo Picasso, entre un parque infantil y una zona verde muy poco transitada.

Eran poco más de las siete cuando, al pasar junto a unos cubos de basura, un ruido que procedía del interior de uno de ellos llamó su atención.

«Era como el maullido de un gato. Había uno cerca y pensé que se podía haber colado otro».

Miró a su alrededor y vio de lejos a Daniel Martín, un amigo con quien suele coincidir paseando a los canes.

«Él hace otra ruta, pero le pedí ayuda para sacar al animal. Se acercó y cuando levantamos la tapa nos quedamos conmocionados: parecían gemidos de un bebé. Luego se hizo el silencio. Alarmado, llamé a la Policía Local».

Eran las siete y diez. De inmediato comunicaron los hechos a la Guardia Civil.

A 200 metros se encontraba la patrulla de Carlos y Andrés, que llegaron dos minutos después.

«Se oían llantos agónicos de un niño y activamos al Summa, a los Bomberos y a los servicios municipales para que trajeran una grúa del servicio de recogida de basura, la única forma de poder sacarle de ahí».

 «Los minutos se nos hicieron horas. La grúa no llegaba y el crío dejó de llorar. Barajamos la posibilidad de introducirnos dentro para rescatarle, tiene varios metros de profundidad, pero podíamos aplastarle y no cabíamos».

A las 7.35, entre la «impotencia por no poder hacer nada y la desesperación por si moría, llegó el vehículo», agrega Andrés.

Con ayuda de los operarios levantaron el contenedor con sumo cuidado y lo depositaron junto al césped.

«Rompimos una esquina y fuimos sacando entre 30 o 40 bolsas. Estaba en la parte superior y pesaba un poco; era negra y dentro había una mochila cerrada herméticamente del mismo color; al abrirla, vi un bracito y saqué al bebé que estaba envuelto en sábanas».

«Lo cogí y lo apoyé contra mi pecho. Respiraba con dificultad pues le faltaba oxígeno, estaba muy pálido, tenía el ritmo cardíaco acelerado y la cicatriz del cordón umbilical era reciente. Le acaricié, le hablé, traté de estimularle, pero no reaccionaba». «Lo pasamos muy mal. Pensábamos que su vida se apagaba, que se nos iba. Hasta que a un kilómetro del hospital en una rotonda rompió a llorar» .

«Andrés condujo a toda velocidad. A las 7.45 estábamos ya en el hospital cuando se tarda más de diez minutos De urgencias pasó a planta. Ahí vieron que había ingerido leche. Está perfecto y durmiendo».

«Han sido unos 15 minutos terribles, angustiosos, estresantes. Solo queríamos salvar su vida, llegar a tiempo…».

«Estaremos más satisfechos cuando se lleve a la justicia a la persona responsable de esta atrocidad difícil de asumir».

Su compañero afirma:

«El tiempo ha corrido a nuestro favor. A Marco le habían arrojado hacía pocos minutos. Si no llega a pasar ese chico, con los gases de la combustión de la basura y el calor del contenedor metálico, un auténtico horno, no habría sobrevivido».

Quienes tampoco olvidarán lo sucedido son Rafa y Daniel.

«El rescate se me ha hecho interminable. Todo ha ocurrido en 20 o 30 minutos. Ha sido terrible. Mientras sacaban la basura, como no se le oía, pensaba: ojalá que sea un gato que se ha asustado por el ruido. Cuando vi al niño, al que le habían dejado un biberón, me eché a llorar».

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