SerGordo / Diario de una reducción de estómago

Recuerdos de mi juventud en El Bierzo de mis amores

Éramos 42 primos hermanos y vivíamos durante el verano en casa de mis abuelos, entre Ponferrada y Molinaseca

Mi familia de El Bierzo fue un referente en cuanto a quién era yo, pues en Granada durante mi adolescencia me sentía desarraigada. Mi madre había muerto, mi padre falleció cuando yo tenía 10 años

Es verano. El Bierzo, Ponferrada, Molinaseca… siempre pasé mis veranos aquí, cuatro meses (julio a octubre), desde que nací hasta que cumplí los 17 años.

Luego empecé a ir a la playa, pero para entonces mi formación, mi forma de hablar, a pesar de nacer y vivir en Granada, era berciana.

Mi mente se puebla de fantasmas. Parece que veo a mi abuela Mamiña mirarme de reojo, toda estirada y siempre con un moño que recogía sus larguísimos cabellos grises, imponiendo su figura delgada y elegante, recorriendo muy derecha a pesar de sus años la galería de la casa.

Mis primos, una algarabía de niños y niñas de todas las edades, corriendo, riendo. Éramos 42 primos hermanos y vivíamos durante el verano en casa de mis abuelos, entre Ponferrada y Molinaseca.

Otros tiempos más fáciles, si no más felices. Mi madre murió aquí, un 9 de agosto de 1961, de una leucemia galopante y se encuentra enterrada junto a sus tíos, sus padres, sus cuñados en el panteón familiar del cementerio de este pequeño pueblo flanqueado por un río y jalonado por un puente romano en el Camino de Santiago.

Sí, yo siempre fui la prima gordita y hasta un poco torpona, pero no por ello me consideré inferior, pues siempre he tenido un carácter fuerte y un tanto vivaz y alegre.

Mi familia de El Bierzo fue un referente en cuanto a quién era yo, pues en Granada durante mi adolescencia me sentía desarraigada. Mi madre había muerto, mi padre falleció cuando yo tenía 10 años y mis nueve hermanos hacían lo que podían para sobrevivir.

Me sentía sin un pie en tierra, sin referencias. Granada, a pesar de ser una ciudad universitaria, no era precisamente muy cosmopolita que digamos; mas bien al contrario: se la podía y debía clasificar de provinciana.

Era aquello de «niña, ¿y tú de quién eres?». Pues yo no era de nadie. Al menos en esa época. Y mi fuerza y raíces venía de unas mujeres guapísimas y estupendas: las López, mis tías, las hermanas de mi madre, porque mi familia, como del norte que es, fue y es un matriarcado.

Decía Epicuro:

«Es imposible ser feliz sin también ser sabio, honorable y honesto; y es imposible ser sabio, honorable y honesto sin también ser feliz.»

Buenos días y buena suerte.

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Autor

Concha Páez

Licenciada en derecho por la Universidad de Granada (1977-82).

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