Salud viral

La hepatitis C, entre las principales causas del cáncer de hígado y de la cirrosis

La médico internista de Hospital Parque Elena García-Valdecasas señala que en Canarias se registran unos 40 nuevos casos de esta enfermedad cada año

El 60% de los casos de cáncer de hígado y el 40% de los de cirrosis son provocados como consecuencia de la infección por el virus de la hepatitis C, una patología que se transmite por la sangre y cuya aparición se produce generalmente sin producir síntomas hasta que deriva en patologías más graves,

afirma la médico internista de Hospital Parque Elena García-Valdecasas.

Coincidiendo con la celebración, el próximo viernes 28, del Día Mundial de la Hepatitis, García-Valdecasas insiste en la necesidad de sensibilizar a la población sobre la prevención y detección precoz de una enfermedad que en Canarias genera unos 40 nuevos casos cada año.

Explica que la hepatitis C, que se manifiesta a través de diferentes variantes, es una enfermedad que conlleva un periodo de incubación de uno a dos meses y que cursa en el 80% de los casos sin sintomatología. El otro 20% puede presentar en la fase de infección aguda síntomas pseudogripales, cansancio, náuseas, pérdida del apetito, dolor abdominal, dolor muscular y articular o ictericia. Con el paso del tiempo, la patología se cronifica y puede derivar en la aparición de otras patologías más graves.

La ausencia de sintomatología le convierte en una patología infradiagnosticada,

apunta la médico internista de Hospital Parque, teniendo en cuenta que existe un elevado porcentaje de población infectada que no lo sabe y que solo lo detecta cuando aparecen otras enfermedades asociadas. Esto, unido a la inexistencia de una vacuna específica, hace que la prevención, a través de la eliminación de factores de riesgo, como la detección precoz, se convierta en un factor clave para limitar su progresión.

Para ello, señala que es necesario extremar cuidados en la transmisión del virus de la hepatitis C. Añade que, aunque las transfusiones de derivados de la sangre y la inyección intravenosa de drogas fueron durante años las vías más comunes de contagio, el incremento de los controles sanitarios en lo que a donaciones de sangre se refiere y los programas dirigidos a evitar la reutilización de jeringas han hecho que se haya producido un cambio radical en la epidemiología de esta infección.

En estos momentos, los principales factores de riesgo se encuentran en las nuevas prácticas intervencionistas que se realizan fuera del ámbito asistencial sin las adecuadas medidas de control. Este es el caso de los tatuajes, las perforaciones corporales o las sesiones de acupuntura que se llevan a cabo con material reutilizado. A estos se suman los malos hábitos en la cura de heridas, compartir material que pueda causar hermorragias, así como las relaciones sexuales no seguras.

La detección de la infección por hepatitis C se materializa a través de una analítica en la que se utiliza marcadores virales, afirma García-Valdecasas.

Entre el 15% y el 45% de las personas infectadas no requieren tratamiento, ya que eliminan el virus de forma espontánea en un plazo de seis meses. Por el contrario, el resto desarrolla una infección crónica que puede desembocar en otras patologías. En estos casos, el tratamiento se centra en la administración de antivíricos, que pueden curar más del 95% de los casos de infección por el virus de la hepatitis C, reduciendo el riesgo de muerte por cáncer de hígado y cirrosis.

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