Tonterías varias

El timo del pensamiento positivo: «Ni las sonrisas curan, ni estar feliz es un tratamiento»

Cada vez son más los expertos que cuestionan la utilidad del llamado pensamiento positivo y la autoayuda

El timo del pensamiento positivo: "Ni las sonrisas curan, ni estar feliz es un tratamiento"
Mujer feliz YT

Los humanos somos amantes de inventarnos cosas que nos hagan sentirnos bien o mejor. Sal de tu zona de confort. Sé la mejor versión de ti mismo. No te conformes con poco. Ve a por todas. Nunca pares hasta que lo bueno sea mejor y lo mejor sea excelente. Y, hagas lo que hagas, no te olvides de ser feliz». Estas son tan solo algunas de las premisas que, bajo el nombre del llamado ‘pensamiento positivo’, inundan nuestro día a día. Tazas, libretas, agendas y coloridas publicaciones en las redes sociales nos recuerdan continuamente que la posibilidad de alcanzar el éxito personal está en nuestras manos y que, si aún no lo hemos conseguido, es porque no lo hemos querido lo suficiente. ¿Pero es esto cierto?, según recoge Valentina Raffio en elperiodico.

Son muchos, cada vez más, los profesionales que se muestran escépticos con este tipo de ideas. «El ‘pensamiento positivo’ y la idea de ‘autoayuda’ parten de la peligrosa premisa de que tú eres el único responsable de tu condición y que, en cierta manera, todo lo que te ocurre o te deja de ocurrir es únicamente tu culpa», argumenta Juan Carlos Siurana, profesor titular de ética en la Universitat de València y autor de libros sobre la cuestión como ‘Felicidad a golpe de autoayuda’. «El problema llega cuando estos eslóganes motivacionales se utilizan para forzar a las personas a vivir en una especie de dictadura de la felicidad en la que, aunque todo vaya mal, lo importante es mantenerse positivos y seguir esforzándose con una sonrisa estampada en la cara», añade con reticencia. «Lo mires como lo mires, esto no está bien», reflexiona.

«El ‘pensamiento positivo’ y la idea de ‘autoayuda’ parten de la peligrosa premisa de que tú eres el único responsable de tu condición»

Las sonrisas no curan

Muchos expertos han hablado del problema que suponen estos mensajes para, por ejemplo, empujar a las personas hacia determinados estándares de consumo y productividad. Otros, sin embargo, han destacado el daño que pueden causar a individuos en situaciones especialmente vulnerables. «El pensamiento positivo te desempodera como persona», sentencia la bióloga y periodista Barbara Ehrenreich en ‘Sonríe o muere’, un libro que escribió tras enfrentarse a un cáncer de mama bajo la presión de su entorno para mantenerse perennemente feliz y positiva pese a las circunstancias. «Es cruel decirle a una persona que está teniendo un mal momento que sonría y deje de quejarse», argumenta la autora. Y es circunstancias así que, según argumentan los escépticos, el ‘pensamiento positivo’ puede convertirse en un arma de doble filo.

«Cuando alguien recibe un mal diagnóstico, por ejemplo de cáncer, es muy habitual que su entorno le insista en la importancia de mantenerse positivo. Esto, para una paciente, puede resultar devastador», añade Siurana. En estas situaciones, según explica el experto en ética, forzar a alguien a (aparentar) ser feliz a toda costa puede llevar al enfermo a aislarse de su entorno en los momentos de debilidad por miedo a que se le reproche su tristeza, preocupación o ansiedad. «Hay que dejar muy claro que ni las sonrisas curan, ni estar feliz es un tratamiento para una enfermedad», argumenta. «Cada emoción tiene su función y hay momentos en los que, lo quieras o no, necesitas estar triste. Es antinatural que te presionen para ser feliz siempre, las 24 horas de los 365 días del año», concluye.

«Es cruel decirle a una persona que está teniendo un mal momento que sonría y deje de quejarse»

Felicidad tóxica

Confiar ciegamente en los eslóganes motivacionales puede incluso iniciar un círculo autodestructivo. «El mensaje que se transmiten es que hagas lo que hagas no es suficiente. Que siempre tienes que seguir esforzándote para rendir más y más. Todo esto puede llevar a una persona hacia una nivel de exigencia y perfeccionismo extremadamente dañino», argumenta el psicólogo Daniel Palacino. «Si alguien siente que jamás logra estar a la altura de las expectativas, puede incluso caer en un profundo proceso de frustración y culpa. Esto, en los casos más graves, puede desembocar en trastornos de ansiedad o de alimentación», añade.

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