En el belicoso Ejército Británico

Así era la ración de emergencia ultraenergética que un soldado comía hace 100 años

Un popular «youtuber» se ha hecho viral analizando una pequeña cápsula que los combatientes británicos portaban durante la guerra anglo-bóer

La cápsula únicamente podía ser abierta en caso de extrema necesidad y a pesar de su escaso tamaño, les otorgaba energía para 36 horas

A pesar de que la guerra entre ingleses y bóers supuso una gran pérdida de vidas humanas (unas 75.000 en total, 22.000 de ellas, de soldados británicos), el conflicto que se desarrolló entre 1899 y 1902 no ha logrado hacerse un hueco en la mente de nuestra sociedad.

De este enfrentamiento acaecido en la actual Sudáfrica tan solo queda un recuerdo vago. Y todo ello, a pesar de que fue el precursor de conceptos tan controvertidos como el de «campo de concentración» o, incluso, de la idea de ración de emergencia tal y como se entiende hoy en los ejércitos.

Al menos, así lo afirma un popular «youtuber» («Steve1989MREInfo») que ha logrado hacerse viral en las últimas horas desvelando la curiosa comida de emergencia que los soldados británicos portaban en sus mochilas a finales del siglo XIX.

El clip, que cuenta ya con cientos de miles de reproducciones desde que fue subido a la plataforma de vídeos el pasado 16 de abril, ha sido replicado por multitud de medios de comunicación de todo el mundo.

Guerra en África

Entender la importancia de este objeto requiere retroceder en el tiempo hasta los últimos años del siglo XVII. Y es que, fue en esa época en la que hasta la región del Cabo de Buena Esperanza (en Sudáfrica) empezaron a arribar multitud de holandeses. Todos ellos, con la idea de establecer en la zona una colonia capaz de abastecer a los bajeles europeos que dirigían sus velas hacia Asia.

«Poco a poco estos colonos fueron desarrollando una identidad propia y se los comenzó a conocer como Bóers o Afrikaners», desvela David Leandro Masa en su dossier «Las guerras Bóers».

Poco a poco, y debido a la colonización británica de la región, los mencionados colonos se vieron obligados a viajar hasta el centro del país. Algo que, en palabras de este divulgador histórico, empezó a molestar soberanamente a los hombres de la Pérfida Albión.

«Los británicos que se encontraban al sur del río Orange comenzaron a vislumbrar el peligro que suponía para sus intereses la creación de estos estados en el centro del continente, taponando geográficamente las vías de acceso y control al interior de las zonas más inexploradas de África».

Los bóers se terminaron levantando contra la presión colonial inglesa en 1880 en una cruenta guerra en la que se ganaron ser nominalmente independientes, aunque bajo la supervisión de los británicos.

Y así se mantuvo la situación hasta una década después, cuando fueron hallados multitud de yacimientos de oro en Johanesburgo (entonces, en poder de los descendientes de aquellos primeros colonos holandeses).

Aquel feliz hallazgo supuso la muerte de los bóers. Y es que, la Pérfida Albión, que no estaba dispuesta a renunciar ni a una sola onza del preciado material, apostó por lo que mejor ha sabido hacer desde siempre: conspirar para ver cumplidos sus deseos. En este caso, fomentó la marcha de sus civiles hacia esas tierras para provocar un conflicto.

«La consiguiente emigración de súbditos del imperio británico a las zonas mineras y las tensiones territoriales que esto generó con los granjeros de origen holandés, prepararon el escenario para el conflicto», destaca Leandro Masa.

Finalmente, los acuerdos de asistencia militar firmados entre las diferentes repúblicas bóers a finales del siglo XIX acabaron por condenar a los colonos. Y es que, fueron aprovechados por el Imperio Británico para iniciar el enfrentamiento.

Así, en 1889, comenzó la segunda guerra anglo-bóer. Un conflicto que se extendió hasta 1902 y que acabó con victoria del ejército inglés debido a su superioridad tecnológica.

Ración de emergencia

En esta región, ubicada a más de 8.000 millas de Gran Bretaña, fue en la que 22.000 soldados británicos se dejaron la vida. Y no solo por culpa de los cartuchos bóers, sino también por las enfermedades, las duras condiciones climatológicas e, incluso, el hambre.

Es por ello que, tal y como se desvela en el vídeo de YouTube de «Steve1989MREInfo», todos ellos llevaban en su mochila una ración de emergencia que, llegado el momento, les permitía tener energía para unas 36 horas. Algo más que sobresaliente si consideramos que, atendiendo a las imágenes, apenas era más grande que un puño.

Tal y como apreciarse en este clip de YouTube, la ración de emergencia se guardaba en una pequeña lata de hojalata que se abría en dos mediante un sencillo cierre de presión ubicado en el centro. El curioso «abre fácil» de la época.

«Era de uso extremo y no debía abrirse a no ser que un oficial lo ordenara», añade el autor del vídeo. Lo cierto es que no debieron desprecintarse demasiadas ya que (aprovechando además que hubo un gran excedente porque fueron producidas a gran escala en Londres) algunas fueron usadas incluso durante la Primera Guerra Mundial.

Una vez que se abría, la lata contaba con dos compartimentos. En el primero de ellos se guardaba un preparado de carne de ternera prensada que, según las instrucciones, podía comerse seca o hervida en agua. «Así se obtenía un curioso «té» de vacuno», afirma el autor del vídeo.

Después de este llamativo manjar, la segunda parte de la cápsula guardaba chocolate (también prensado) que podía cocinarse de la misma forma.

Aunque no tenía nada que ver con los guisos que comían en plena campaña los soldado, lo cierto es que era más que útil para mantener el cuerpo activo durante un día y medio.

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