Nutri-Score y una lucha perdida contra los malos hábitos alimentarios

Nutri-Score y una lucha perdida contra los malos hábitos alimentarios

Poco a poco, comienzan a hacerse notar las consecuencias del confinamiento que han experimentado los españoles durante los primeros meses del 2020 a causa de la pandemia de Covid-19. Un dato que se ha dado a conocer recientemente y que alarma a las autoridades, es el que da cuenta de un cambio, y no en el sentido positivo, en los hábitos alimentarios de los españoles durante el confinamiento. De acuerdo con un estudio realizado por la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO), un 44% de los españoles afirma haber aumentado de peso durante el confinamiento. Entre las causas de este repunte se encuentran el sedentarismo y una mala alimentación. Las cifras han vuelto a encender las alarmas ya que en España, un 60% de la población tiene exceso de peso y un 21% de ellos obesidad, enfermedad que se comporta como un factor de riesgo para padecer formas graves de Covid-19.

Partiendo de las cifras, especialistas insisten en la importancia de revisar los hábitos alimentarios y enfocarse en mejorar la dieta y la alimentación. Aunque no se trata de un objetivo simple. De hecho, lograr cambios en los hábitos alimentarios de la población es un fin que persiguen las autoridades no solo españolas, sino también europeas, desde hace un largo tiempo. Entre las medidas que se han anunciado recientemente, destaca, por ejemplo, la estrategia “De la granja a la mesa” presentada por la Comisión Europea con el fin de establecer un sistema alimentario justo, saludable y ecológico. La estrategia persigue además, el acceso a alimentos saludables, asequibles y sostenibles para todos los ciudadanos europeos.

Con el objetivo de lograr la transición con más información y mayor eficiencia, la Comisión evalúa la implementación de un etiquetado nutricional obligatorio en la parte frontal de los envases para capacitar a los consumidores y que estos puedan elegir dietas saludables y sostenibles. Por el momento, la Comisión no se ha pronunciado sobre la elección de un etiquetado nutricional obligatorio y armonizado y se espera que lo haga recién a finales de 2022. Aunque según lo ha explicado la Comisaria Europea de Salud y Seguridad Alimentaria, Stella Kyriakides, no se recomendará un sistema específico, sino que primero se llevará a cabo un estudio sobre el impacto de diferentes tipos de etiquetado frontal.

Entre las opciones se encuentra el sistema propuesto por Italia en defensa de los productos de la dieta mediterránea, denominado NutrInform Battery que traduce visualmente la tabla nutricional y tiene en cuenta la porción y el requerimiento de energía. Otros de los sistemas son el Traffic Light Múltiple o semáforo múltiple, utilizado en el Reino Unido; y el Keyhole, un símbolo en forma de cerradura para identificar las opciones más saludables dentro de ciertas categorías de alimentos que ha sido adoptado en Suecia, Dinamarca y Lituania.

Entre las alternativas también se encuentra el Nutri-Score, un sistema desarrollado por investigadores franceses, del que se ha hablado mucho en las últimas semanas en España, luego de que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, anunciara la entrada en vigor de dicho etiquetado en España en el primer cuatrimestre de 2021. El sistema de semáforo Nutri-Score consiste en un código de cinco colores y sus correspondientes letras, de la A a la E, para clasificar los productos alimentarios dependiendo de su calidad nutricional.

Tras el anuncio, el Ministerio de Consumo ha lanzado una consulta pública para pedir opiniones para la implantación de este sistema y las respuestas no han tardado en llegar. La opinión común entre los especialistas del sector es que se debe revisar el algoritmo con el que se clasifican los alimentos para evitar algunas incongruencias. Además, insisten en que se debe adaptar el sistema a las particularidades de la dieta mediterránea española, cuyos productos estrella como el aceite de oliva, acabarían con un rojo en sus etiquetas de aplicarse el Nutri-Score.

Crítica que sostienen desde el Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, cuyo presidente Javier Aranceta, ha explicado que “un producto que es icono de la dieta saludable no puede figurar como ocurre en color rojo por tener grasas ni al mismo nivel que el aceite de colza porque es como comparar diamantes con zafiros”. Una opinión compartida por el presidente de la Asociación Madrileña de Salud Pública (AMaSap) y portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública (Sespas) en temas de alimentación, Miguel Ángel Royo.

Como si fuera poco, desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición también han asegurado que “a día de hoy, no hay evidencia científica sólida de que Nutri-Score reduzca la prevalencia de obesidad”. La Red Europea del Corazón (EHN), también ha manifestado dudas sobre el sistema elegido al asegurar que el Nutri-Score “no contribuye a la prevención de enfermedades cardiovasculares de manera óptima”.

De hecho, en Francia, país que dio origen a este etiquetado, el sistema aún no ha dado grandes frutos. No hay que perder de vista este dato, ya que además, se debe tener en cuenta que las recomendaciones nutricionales pueden variar de un país a otro. Es decir que el sistema francés corre con bastante desventaja en España, ya que según los especialistas, no solo no está adaptado a la dieta mediterránea, sino que además no contempla las guías alimentarias del país. Un país que necesita con urgencia medidas concretas para combatir la epidemia de obesidad que afecta a sus ciudadanos.

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