El cambio en el ámbito alimenticio reducirá las posibilidades de obesidad infantil y facilitará la conciliación del sueño

Una investigadora de Harvard desvela que cenar tras las 21.00 horas genera «consecuencias muy graves para los niños»

Marta Garaulet cuenta con un destacado CV, siendo doctora en Farmacia, catedrática de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Murcia e investigadora en la Universidad de Harvard

Una investigadora de Harvard desvela que cenar tras las 21.00 horas genera "consecuencias muy graves para los niños"
Niño cenando PD

Las cenas tardías pueden ser garrafales para la salud de los niños.

La investigadora en la Universidad de Harvard, Marta Garaulet, precisa que “los niños españoles que cenan después de las nueve tienen el doble de posibilidades de presentar obesidad”.

La también doctora en Farmacia, catedrática de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Murcia acaba de publicar dos trabajos científicos sobre crononutrición que, tras cinco años de investigación, ahondan en cómo los tardíos horarios españoles afectan también a la salud de los niños.

“Hemos analizado un grupo de 432 menores de 8 a 12 años y la conclusión es que los niños españoles cenan a las 20.45 horas de media. Se considera que los que realizan la última comida del día después de las 21.00 horas ya lo hacen tarde. Este segundo grupo de menores, actualmente sin patologías, ya presenta unos marcadores de inflamación y de riesgo vascular (Proteína C reactiva) que son predictores de lo que les puede pasar cuando sean adultos. Por tanto, cenar después de las nueve tiene graves consecuencias para la salud infantil: tienen el doble de riesgo de tener obesidad y, si no cambian los hábitos, tendrán problemas cardiovasculares de mayores”.

La investigadora detalla que entre los menores, además de tener alterados sus ritmos biológicos, “gastan menos energía en metabolizar los alimentos de su cena y eso influye en que presenten más riesgo de engordar”.  

“Lo ideal es que toda la familia cene antes de las nueve de la noche. Si esto no es posible, al menos los niños lo deben hacer”, recomienda en una entrevista con ABC.

“Una posibilidad es volver a la idea de la merienda cena que había antes en España. Alejar la ingesta de la cena por lo menos dos horas y media a la hora de acostarse sería una buena idea. Solo con eso mejoraría el metabolismo y disminuiría el riesgo de obesidad y de enfermedad vascular”, agrega.

Su investigación señala que también se ve que todo su ritmo biológico se retrasa, empezando por el sueño.

“A estos niños, llamados también de ‘tipo búho’, les cuesta acostarse y conciliar. Con ellos hay que incidir más en adelantar las horas de la cena y también cuidar mucho la luz de la noche, la exposición a las pantallas, sobre todo al móvil, ordenador… o aquellas luces muy azules que se miren muy cerca, porque van directamente al ojo con una intensidad muy alta”.

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