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España: un país más pequeño y con más viejos

Vamos camino de una languidez demográfica similar a la de la última década del XX

España: un país más pequeño y con más viejos
Edad, envejecimiento de la población y pensiones. EP

En 2020 la población vieja será una quinta parte de la española, y en 2048 casi un tercio

Es para echarse las manos a la cabeza. Poque los informes del Instituto Nacional de Estadística (INE) no dejan resquicio a la duda: España envejece, se está convirtiendo en un país de viejos y perderá muy pronto población si no ocurre un milagro.

Lo explica Rafael Puyol en ABC: «En 2020 la población vieja será una quinta parte de la española, y en 2048 casi un tercio«.

Tardamos en alcanzar la España de los cuarenta millones que anhelaba el franquismo, pero al fin lo conseguimos con el cambio de milenio.

Durante la década actual añadimos casi siete millones a nuestro censo, pero el futuro se presenta bajo el signo de la escasez: en 2020 tendremos solo un millón más, y en 2048 dos millones.

Es decir, volveremos a tener la situación de languidez demográfica que sufrimos en la última década del siglo pasado hasta que la inmigración nos sacó del letargo.
¿Qué hechos explican esta evolución previsible?

La población de un territorio aumenta o disminuye de acuerdo con el balance entre nacimientos y defunciones y entre emigración e inmigración. Y estas son las previsiones para cada uno de esos componentes.

La natalidad en España ha sufrido una serie de altibajos. Tuvimos nuestro particular «baby boom» entre 1957 y mediados de los 70. Después, los nacimientos cayeron durante los veinte años siguientes (1977-1997).

Más tarde, y merced a la aportación de las madres extranjeras, crecieron de nuevo hasta 2008. Pero desde el año pasado se inicia una nueva etapa de retroceso que probablemente se prolongará hasta el 2027, debido a que serán madres las mujeres nacidas en los años de la última caída, que al ser menos no tendrán muchos hijos.

Los cálculos son optimistas en cuanto al índice de fecundidad (pasaría de 1,4 hijos por mujer ahora a 1,7 en 2048).

Pero ni esa tasa va a permitir la renovación de las generaciones, establecida en un valor mínimo de 2,1 hijos por mujer, ni logrará que el volumen anual de nacimientos supere, como en algunas épocas, los seiscientos mil o el medio millón al año.

Pero lo verdaderamente importante en la evolución del crecimiento natural es la mortalidad, que dará buenas y malas noticias.

La buena nueva es que la esperanza de vida al nacimiento seguirá subiendo, hasta alcanzar 84,3 años en los varones y casi 90 en las mujeres. La mala es que, como consecuencia del envejecimiento, habrá un continuo aumento de la cifra bruta de fallecimientos.

A partir de 2020 se morirá más gente que la que nazca, provocando un aumento vegetativo negativo y la ralentización del crecimiento.

Si todo dependiera de nuestro propio incremento interno, la población sería, al final de la proyección, inferior a la actual.

En 2020 la población vieja será una quinta parte de la española, y en 2048 casi un tercio. Por su parte, los más viejos de los mayores (80 y más) serán en 2048 más de 5,6 millones y un 12% de todas las personas que vivan en España.

Es decir, habrá cada vez más viejos que serán cada vez más viejos. La combinación de menos adultos en edad de trabajar y más jubilados provocará un aumento de la tasa de dependencia, es decir, del peso (jóvenes + viejos) que tendrán que soportar los activos.

Si actualmente es del 48%, a mediados de siglo será casi del 90%, es decir casi un pensionista por trabajador.

 

 

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