La neurociencia trabaja para provocar una aversión combinada de un comportamiento agresivo y sexual

Sexo y violencia se encienden en la misma zona del cerebro

Las neuronas que impulsan el comportamiento agresivo influyen también en las relaciones sexuales

La misma mecha que enciende una agresión puede desencadenar también una ardiente actividad sexual

En La naranja mecánica‘ , Anthony Burgess imaginó un método de condicionamiento pavloviano para provocar en el protagonista una aversión combinada hacia la violencia y el sexo.

No tuvo éxito, pero el asombroso avance de la neurociencia puede encontrar pronto una forma más eficaz de lograr lo mismo, y también lo contrario: disparar el comportamiento agresivo de un individuo con un simple rayo de luz.

Dayu Lin, David Anderson y sus colegas del Instituto Tecnológico de California (CalTech), en Pasadena, han identificado el circuito neuronal básico que subyace al comportamiento agresivo. Está situado en una subregión concreta del hipotálamo, una estructura alojada en la base del cerebro.

Científicos de varios centros estadounidenses, cuyos experimentos aparecieron el 9 de febrero de 2011 en ‘Nature’,han identificado el nexo entre el sexo y la violencia, la explicación biológica de por qué comportamientos sociales en teoría tan opuestos son, en realidad, tan cercanos. La clave la tiene una red neuronal que se localiza en una zona del hipotálamo.

En experimentos con ratones, han comprobado que las neuronas se activan durante un ataque agresivo y se inhiben durante el apareamiento.

Aunque el estudio solo se ha hecho con estos animales de laboratorio, los investigadores sugieren que su hallazgo ayudará a explicar la relación entre sexo y violencia, tan presente en el comportamiento humano.

Ese vínculo tan cercano, descrito con profusión en la literatura, la música y el cine, se ha establecido con la ayuda de una tecnología que combina la óptica y la genética.

¿Podrían manipularse estas neuronas para reducir el comportamiento agresivo?

Para responder a esta cuestión el grupo de Lin actuó de forma experimental sobre el hipotálamo de los ratones y obtuvo resultados temporales.

Durante una semana el 25% de los animales que había intentado atacar a otros machos redujo su agresividad. Lo que abre una puerta a utilizar la información de este experimento para cambiar el comportamiento humano.

Casi como se narraba en la «Naranja Mecánica», la película de Kubrick en la que un psicópata delincuente que combina su violencia con la violación de mujeres es sometido a una terapia de aversión para eliminar cualquier signo de violencia.

El estudio de «Nature», quizá sea solo el primer paso.

 

 

 

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