Tras la batalla de Ramree, los nipones se metieron en los pantanos para escapar

Espeluznante historia de 900 soldados japoneses devorados por cocodrilos

Bestias muy agresivas que pueden llegar a los 8 metros de largo y llegar a pesar más de una tonelada

Lo más aterrador era escuchar los gritos en la oscuridad o cómo los huesos y el cráneo se quebraban entre las fauces de estos reptiles

Lo cuenta con todo detalle el blog ‘2GM‘, dedicado a investigar, repasar y divulgar hechos, detalles y secretos de la II Guerra Mundial.

Cuenta el blog que, en febrero de 1945, un batallón de soldados japoneses fue acorralado por tropas inglesas que buscaban conquistar la isla birmana de Ramree.

Los nipones optaron cruzar 16 kilómetros de pantanos infestados de cocodrilos. De casi 1000, solo 20 sobrevivieron.

En un corto pero descarnado relato, Bruce Wright,  soldado de los Royal Marines describió así la matanza:

«La noche del 19 de febrero de 1945 fue la más terrible que los miembros de los Royal Marines hemos experimentado. Los reiterados disparos de rifle en el negro pantano acompañaban los alaridos de hombres destrozados entre las mandíbulas de enormes reptiles y el sonido de los cocodrilos girando en el agua, realizaban una cacofonía infernal que rara vez fue duplicada en la Tierra.

Al amanecer los buitres llegaron para limpiar lo que los cocodrilos habían dejado…de los casi 1.000 soldados japoneses que se internaron en los pantanos de Ramree, solo 20 fueron hallados con vida».

Soldado británico Bruce Wright, 1945.

No fue un caso aislado. Un calvario casi similar sufrió la tripulación del crucero de guerra estadounidense USS Indianápolis en 1945 cuando su barco fue hundido por un submarino japonés y unos 880 marinos fueron a parar al agua.

Cuatro días después del incidente, solo 316 personas fueron rescatadas, los demás habían sido comidos por los tiburones.

LA BATALLA DE RAMREE

El festín de los cocodrilos con carne de soldado japonés ocurrió durante la batalla de la Isla Ramree, en Birmania, que se prolongó seis semanas entre enero y febrero de 1945.

El combate comenzó con la Operación Matador, un asalto anfibio para capturar el estratégico puerto de Kyaukpyu – situado en el extremo septentrional de la isla de Ramree, al sur de Akyab a lo largo de la bahía de Hunter – y el vital aeródromo cerca del puerto.

El reconocimiento llevado a cabo el 14 de enero de 1945 mostró fuerzas japonesas emplazando cañones para evitar el desembarco en las playas, por lo que la Marina Real inglesa asignó un acorazado y un portaaviones de escolta para proporcionar apoyo naval a la fuerza de operaciones.

El 21 de enero, una hora antes de que la 71ª Brigada India desembarcara, el acorazado Queen Elizabeth abrió fuego con su batería principal mientras que aviones del portaaviones y el escolta Ameer actuaban como observadores.

El crucero ligero Phoebe también se sumó al bombardeo, junto con un escuadrón de la RAF, (La Real Fuerza Aérea), que bombardearon las playas.

Las tropas de asalto desembarcaron sin encontrar resistencia y aseguraron la cabeza de playa; al día siguiente desembarcó la 4ª División India de Infantería.

Mientras tanto, en Ramree la guarnición japonesa opuso una feroz resistencia al embate británico e indio. Cuando la Infantería de Marina flanqueó al batallón japonés, los más de novecientos defensores abandonaron la base y se internaron en los pantanos intentando llegar a través de la isla hasta un batallón mayor de soldados japoneses ubicado hacia el sur.

Ingreso al infierno

Los casi 1.000 soldados japoneses se introdujeron en los manglares, pantanos anegados con agua y barro hasta la cintura, para recorrer una distancia de más de 16 Km. que los llevarían al punto de encuentro con sus otro camaradas. La trampa se había montado, los japoneses eran cazados por los francotiradores ingleses apenas asomaban de los matorrales y su única alternativa era huir por los lodazales.

Algunos aseguran que los británicos intentaron convencer a los japoneses para que se rindieran pero estos los ignoraron y prefirieron jugar su suerte e introducirse en los aterradores manglares para comenzar una penosa marcha en plena noche.

Atrapados en el barro de los manglares, los japoneses empezaron pronto a sufrir los efectos de las enfermedades tropicales, pero aún fue peor la presencia de un gran número de escorpiones, mosquitos tropicales y miles de cocodrilos de agua salada, los reptiles más grandes del mundo en su género.

Bestias muy agresivas que pueden llegar a los 8 metros de largo y llegar a pesar más de una tonelada.

Según el relato de algunos sobrevivientes, lo peor ocurría de noche, cuando uno a uno eran cazados por los cocodrilos que de una forma repentina emergían de las mugrosas aguas para atrapar con sus enormes fauces a los hombres que avanzaban a tientas.

Lo más aterrador era escuchar los gritos en la oscuridad o cómo los huesos y el cráneo se quebraban entre las fauces de estos reptiles, que tras su captura, desaparecían de la misma forma que habían llegado, en medio de remolinos de agua y barro.

«Las balas nada pudieron hacer por nosotros, hubiera sido mejor morir en manos del enemigo», relató un joven soldado japonés de solo 20 años que aún tenía dibujado el terror en su rostro.

Durante su travesía, cientos de japoneses murieron en aquellas semanas producto de las heridas, picaduras de insectos y serpientes, otros por falta de alimento o agua, pero la mayoría simplemente devorados por los enormes cocodrilos de mar.

Hasta el día de hoy se discute la magnitud de este hecho, y hay quienes alegan que fueron 900 los soldados que se internaron en los manglares, que se capturaron 20, pero otros 500 salieron del pantano para seguir combatiendo, así, solo 400 fueron muertos por los dientes de cocodrilos.

Sin embargo, el Libro Guiness de los Records tiene al ataque de la Isla de Ramree como el más mortífero realizado jamás por esta clase de animales.

Finalmente cuando los británicos lograron penetrar en las zonas secas del pantano, de los casi mil soldados japoneses que en un principio habían huido hacia su interior, sólo fueron capturados una veintena de ellos, gravemente heridos y debilitados.

Los pocos y harapientos sobrevivientes del calvario, no olvidarían por el resto de sus días que aquel año de 1945 ellos habían salido airosos de la batalla con uno de los depredadores más poderosos y peligrosos del mundo, el gran cocodrilo de agua salada.

 

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