Disfrutar un café, oler las flores, mirar la luna y la sonrisa de un niño contribuyen a sentirse mejor

El dinero sólo aporta el 10 por ciento de nuestra felicidad

El 40% depende de uno mismo y el restante 50% de los genes y la educación

No es más feliz el que más tiene ya que conseguir este estado de ánimo depende en un 40 por ciento de uno mismo, mientras que el dinero, y otros bienes materiales, no aportan más del 10 por ciento. Lo que resta, señala el psicólogo Carmelo Vázquez, es producto mayoritariamente de los genes, el sistema nervioso e, incluso, la educación.

En cualquier caso no hay que perder la esperanza, ya que aunque es innata, la felicidad se puede aprender, «aunque con limitaciones ya que hay un límite probablemente fijado por los genes».

Disfrutar un café, oler las flores, mirar la luna, la sonrisa de un niño, contribuyen a sentirse uno más feliz, por eso, recuerda, «a pesar de las dificultades que haya, no se puede eliminar el capital de emociones positivas que nos acompañan día a día». «Esto no es nada trivial, es un mecanismo de resistencia enormemente poderoso frente a la adversidad», ha añadido.

La gente más feliz es aquella que en situaciones de adversidad son capaces de sufrir, pero también de ser felices, de combinar emociones positivas y negativas; mientras, por el contrario, la gente más infeliz es aquella que tiene dificultades para tener emociones positivas.

La felicidad no se puede imponer, por ello este experto da consejos para llegar a ella: ser una persona activa; estar conectado con la realidad del mundo y con la gente que te rodea; tener los ojos abiertos para no perderse las cosas buenas de alrededor; y, por último, ofrecerse a los demás.

La felicidad y la infelicidad se contagian, entre familiares, vecinos, amigos, «es como una semilla», tiene que ver con el aprendizaje, la comunicación o la alegría. Del mismo modo la depresión también se aprende, se adquiere de las personas de alrededor a través de imitación.

«LA IDEA DE NO AVANZAR ES DURO PARA LA POBLACIÓN»

A la hora de valorar la situación de la población española, en opinión de Vázquez, claramente está deprimida. Y, advierte, que la información negativa que en los últimos años se está dando en los medios de comunicación puede «comprometer el futuro», ya que «tiñe de negativo todo lo que hay alrededor».

En este momento, la sociedad cree que «el futuro será peor que el presente», y, esta situación, ha explicado, provoca en la población «falta de esperanza». «La idea de no avanzar, de no progresar, es duro para la población», ha añadido. En este sentido, recomienda convertir la «desesperanza en esperanza».

Los más felices son los niños, en España y en gran parte del mundo. Aunque, en el caso concreto de España, se encuentran entre los más felices del mundo según estudios de UNICEF, sin embargo la situación de los adultos es diferente, ya que los indicadores sitúan a la población en el medio de la tabla.

Lamentablemente, añade, «esto muestra un retroceso en la felicidad cuando se llega a la edad adulta». Para este experto, esta situación debería ser analizada para poder actuar sobre los condicionantes que modifican con los años ese cambio de actitud.

En su opinión, puede tener mucho que ver con la sensación de desprotección de la sociedad actual. «Una desprotección que no viene de la familia, sino que no nos sentimos cuidados por las instituciones, el entorno, las empresas en las que trabajamos». Y, en este sentido, afirma que quizá se deberían desarrollar acciones y actividades desde los Gobiernos encaminadas a aumentar la sensación de protección entre la población.

Y, en este punto, es indispensable «sentirse valorado», «reconocido» y «bien pagado». «Como país hay que hacer un esfuerzo para cuidar más a la gente, que se sientan bien reconocidos y bien pagados, hay muchas cosas que se pueden hacer», ha añadido Vázquez.

«La gente feliz piensa que situación como las que vivimos en España no hay que plantearlas como una carga insufrible e inevitable, sino como un reto». Por lo tanto, para afrontar la situación y no caer en el desánimo, «hay que hacer un diagnóstico de la situación actual para ver con qué recursos contamos, cuál es nuestro capital humano con el que contamos».

Vázquez, que es presidente de la Sociedad Española de Psicología Positiva (SEPP), participa hasta el próximo sábado en el I Congreso Nacional de Psicología Positiva que se está celebrando en El Escorial.

 

Autor

Irene Ramirez

Irene Ramirez. Responsable de campañas en Grand Step. Fue redactora de Periodista Digital entre 2012 y 2013.

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