Dorothea Binz murió en la horca en 1947 condenada por sus aberrantes crímenes

La diabólica guardia nazi que disfrutaba descuartizando a los presos con un hacha

A la facinerosa se le atribuyen más de 100.000 asesinatos

La sanguinaria Dorothea fue una de las mujeres más crueles del campo de concentración de Ravensbrück

Es una historia tan antigua como dolorosa, pero vuelve a la luz gracias a un documentado reportage de investigación recien publicado por la periodista Sara Helm en The Daily Mail.

La pieza, que se titula «Giggling over genocide», describe en tono sombrío como la guardianas nazis de los campos de concentración usaban ropa interior rosa y gozaban torturando hasta la náusea a los prisioneros.

Entre todas ellas, destaca por su crueldad una tipade pelo rubio y ojos claros, con aspecto de verdulera malencarada.

Esta es la descripción que, tras un breve vistazo, se podría dar de Dorothea Binz.

Esta alemana tiene el infame honor de haber sido una de las guardias nazis más sanguinarias del campo de concentración de Ravensbrück y de la Segunda Guerra Mundial.

El título -desgraciadamente- no se le queda corto, pues disfrutaba golpeando hasta la extenuación a las reclusas e, incluso (y en algunos casos) descuartizándolas con un hacha.

Dorothea Theodora Binz (más conocida como «la Binz» por los presos) vino al mundo el 16 de marzo de 1920 en una pequeña ciudad ubicada al noroeste de Alemania.

Nacida en una familia de clase media, su infancia estuvo marcada por los usuales cambios de localidad que llevaba a cabo su familia. Por causas desconocidas abandonó la escuela cuando apenas contaba 15 años y comenzó a trabajar como ama de llaves. Posteriormente, desempeñó labores como lavaplatos.

Al igual que otros tantos germanos, Binz se alistó en el verano de 1939 (apenas una semana antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial) en las SS.

No tardó mucho en recibir su primer destino. El mismo 1 de septiembre, la jornada en que los soldados de la «Wehrmacht» (el ejército de tierra alemán), de la «Kriegsmarine» (la marina) y de la «Luftwaffe» (la fuerza aérea) pisaron suelo polaco, esta joven fue enviada al campo de concentración de Ravensbrück con apenas 19 veranos tras sus jóvenes espaldas. Allí fue donde emergió su verdadera naturaleza y dio rienda suelta a sus verdaderos instintos.

Mónica González Álvarez, periodista y escritora y autora de «Guardianas nazis. El lado femenino del mal» cuenta en ABC que la sádica descubrió su verdadera vocación al ver llegar a Ravensbrück los primeros centenares de prisioneras al lugar.

En lo que llamaban el búnker de castigo,  junto a su mentora (María Mandel, apodada «La bestia») disfrutaba atormentando.

Se le atribuyen las muertes de más de 100.000 prisioneros entre mujeres y niños.

«En una ocasión, la guardiana vio que había una presa que, extenuada, se cayó al suelo. En ese momento, Binz se acercó, la abofeteó y cogió un hacha con la que rajó y descuartizó su cuerpo. Después se levantó y, al darse cuenta de que se había manchado sus botas negras de sangre, cortó un trozo del vestido de la fallecida para limpiarlas. Cuando terminó, se subió su bicicleta y, como si nada hubiera pasado, volvió al campo de concentración».

«En otra ocasión estaba paseando por el campamento cuando una prisionera se cayó al suelo agotada. Al ver el hecho, ella -que iba en bicicleta- pedaleó todo lo rápido que pudo y arrolló a gran velocidad a la presa en varias ocasiones. Después soltó a los perros para que la destrozaran».

«Binz trabajaba en el búnker de castigo. Allí, una especie de granero comido por la humedad, perpetraba flagelaciones de hasta 100 latigazos. Solía someter a estas penas a las prisioneras que no hubiesen hecho lo que debían (lo que abarcaba desde comer un mendrugo de pan que se hubiese caído de un camión, hasta no llevar el uniforme bien ataviado). Una vez en el búnker, las desnudaba -todo ello a menos de 20 grados bajo cero- y las flagelaba con un látigo. Siempre tenían la misma norma: cada presa debía contar en voz alta el número de latigazo que era. Ninguna aguantaba más de unos pocos. Después de esto las sacaba fuera del búnker, donde las rociaba con agua fría para que muriera de frío a la intemperie».

A finales de abril de 1945,  con los aliados ya encima y los rusos en Berlín, Binz trató de escapar dejando a un lado su uniforme nazi.

Fue capturada el 30 de abril en Hamburgo por las tropas aliadas. El 3 de febrero de 1947, tras un largo juicio, fue ahorcada.

 

 

 

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