Normalmente, tendemos a catalogar los celos como algo negativo, sin embargo, los celos no son más que maneras de comunicar

¿Sabes cómo gestionar los celos infantiles en tus hijos?

¿Sabes cómo gestionar los celos infantiles en tus hijos?
¿Sabes cómo gestionar los celos infantiles en tus hijos? RS

Los celos infantiles son conflictos afectivos que aparecen cuando los niños sienten, en resumidas palabras, miedo por perder nuestra atención y nuestro afecto. Lo más habitual es que se genere esta situación en familias con varios hijos, donde puede aparecer una ‘rivalidad’ entre hermanos y el deseo de llamar la atención de los padres, según recoge Diana Fuior-Ionica de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía. Psicopedagoga, especializada en educación emocional en el heraldo.

Hay algunos puntos a tener en cuenta para mantener la armonía en nuestra familia y para gestionar las situaciones en las que aparece esa rivalidad entre los hermanos:

• Entender los celos como un proceso normal. Tendemos a catalogar los celos como algo negativo, sin embargo, no son más que maneras de comunicar. A través de sus comportamientos los niños nos comunican su mundo interior, como se sienten, el estado de su termómetro emocional. Con esta información, podemos entender mejor qué es lo que necesitan de nosotros como padres.

• Evitar comparaciones. Las comparaciones entre los hermanos son maneras de generar conflicto, aparte de transmitir el mensaje de que el amor que sentimos por nuestros hijos no es uno e incondicional, sino que se ve restringido por nuestras expectativas y deseos. Los hijos aprenden a comportarse en función de esas expectativa y van traicionando su propio sentir para no perder nuestra apreciación. Cada ser es único, completo y suficiente tal y como es, lo difícil es amar de manera incondicional, incluso, en los momentos en los que no nos gusta cómo son nuestros hijos.

• Validar sus emociones. Lo esencial en las situaciones en las que experimentan emociones intensas, como los celos, es permitir que los niños sientan. No reprimir sus emociones y crear un espacio emocional protegido donde sostenerlas, donde se sientan seguros de compartir sus pensamientos, sus vivencias, sus miedos. No debemos juzgar lo que sienten y tampoco la manera de expresarlo. Sin embargo, poner palabras a lo que sienten, explicarles que son celos, que quizá necesitan más tiempo con nosotros, que tener hermanos no siempre resulta agradable, sobre todo, cuando el tiempo y la atención de los padres –que es lo más preciado que tienen– son compartidos. La magia se produce cuando los hijos realmente entienden que, después de tener hermanos, el amor de los padres no se ha dividido, sino que se ha multiplicado.

• Aportar atención individualizada. Pasar tiempo de calidad y de manera individual con cada uno de nuestros hijos puede ser tarea muy difícil en los tiempos que vivimos: los horarios de cada uno de los miembros de una familia, las tareas escolares, las de casa, el cansancio… Sin embargo, la conexión que se crea entre nosotros cuando generamos esos momentos especiales, sin interrupciones, sin expectativas ni obligaciones, es lo que realmente todos necesitamos en una familia. Regalar nuestro tiempo y nuestra atención de manera plena es el gesto de amor por excelencia.

• Ser conscientes de nuestro estado emocional. Lo que aportamos nosotros mismos a la situación, la energía que proyectamos, es clave para la gestión de la situación. ¿Nos relacionamos con nuestros hijos desde un estado de empatía, de entendimiento, de igualdad, calma y respeto? O lo hacemos desde el miedo, la ira y el sentimiento de vulnerabilidad. Lo que nosotros proyectamos será lo que ellos absorberán. Nuestros hijos aprenden a solucionar conflictos mirándonos, observándonos.

• El mal rato lo pasan ellos. Y siempre, en cualquier situación difícil, hay que recordar que los niños no nos quieren hacer pasar un mal rato. En realidad, son ellos mismos los que están pasando ese mal rato.

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