CAMILLE PAGLIA

‘Sexual Personae’: lo masculino

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'Sexual Personae': lo masculino
Lo masculino y el hombre blanco y heterosexual, en cuarentena. PD

«Una erección es una idea; y el orgasmo, un acto de imaginación. El varón tiene que obligarse a imponer su autoridad sexual ante la mujer, que es una sombra de su madre y de todas las demás mujeres. El fracaso y la humillación planean constantemente sobre él. Ninguna mujer tiene que demostrar que es mujer de una forma tan inexorable como tiene que demostrar un hombre que es hombre. El hombre tiene que actuar, o de lo contrario se acaba el espectáculo. La convención social es irrelevante. Un gatillazo es un gatillazo.»

«En cuanto que transacción natural, más que social, el sexo es, por lo tanto, una especie de sangría de la energía macho por parte de la plenitud de la hembra. La castración física y espiritual es el peligro que corre el hombre en la relación sexual con las mujeres. El amor es el sortilegio mediante el cual adormece su temor al sexo. El vampirismo latente de la mujer no es una aberración social, sino el desarrollo de la función maternal, para la cual la naturaleza la ha equipado perfectamente. Para el macho, cada nuevo acto sexual es una vuelta a la madre, una rendición. Para el hombre, el sexo constituye una lucha por su identidad. En el sexo, el macho es consumido y liberado de nuevo por la fuerza dentada que lo parió, la dragona de la naturaleza.»

«Mi explicación del dominio masculino en el terreno del arte, la ciencia y la política está basada en una analogía entre la psicología sexual y la estética. Mi opinión es que todo logro cultural es una proyección, un giro hacia la trascendencia apolínea y que el hombre está anatómicamente destinado a ser el proyector. Pero, como en el caso de Edipo, el destino puede ser una maldición.»

«Los artistas y actores masculinos tienen la función cultural de mantener abierta la línea emocional entre los dominios masculino y femenino. Todo hombre cobija en su interior un territorio femenino gobernado por su madre, de la que nunca llega a liberarse totalmente. A partir del Romanticismo, el arte y su estudio se convierten en vehículos para la exploración de la vida emocional reprimida en Occidente, aunque a juzgar por la mitad de la abotargada investigación académica nadie lo diría.»

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