CAMILLE PAGLIA

‘Sexual personae’: el juicio del ojo (estético)

‘Sexual Personae’: Arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson, el libro fundacional del nuevo feminismo más provocador

'Sexual personae': el juicio del ojo (estético)

«Yo creo que el sentido estético, como todo, es una forma de huir de las fuerzas ctónicas. Es un desplazamiento de una zona de la realidad a otra, análogo al paso de los cultos terrenales a los cultos celestes. Ferenczi habla de la sustitución del olfato animal por el ojo humano debido a nuestra postura erecta. El juicio del ojo es un juicio autoritario. Decide lo que hay que ver y por qué. En cada una de nuestras miradas excluimos tanto como incluimos. Seleccionamos, editamos y realzamos. Nuestra idea de lo bonito es una noción limitada que no puede aplicarse al metamórfico mundo terrenal, un cataclismo de violencia ctónica. En nuestros paseos cotidianos preferimos no ver esta violencia. Cada vez que decimos que la naturaleza es hermosa hacemos una plegaria, decimos un sortilegio.»

«El hombre, el conceptualizador y proyector sexual, ha gobernado el arte porque el arte es la respuesta apolínea que le permite alejarse de la mujer. Un objeto sexual es algo a lo que apuntar. El ojo es la flecha de Apolo siguiendo el arco de la trascendencia que yo veía representado en la micción y la eyaculación masculinas. El ojo occidental es un proyectil lanzado al más allá, a ese desierto de la condición masculina.»

«Los estándares de belleza, creados por los hombres, pero generalmente consentidos por las mujeres, limitan ritualmente el atractivo sexual arquetípico de la mujer. La moda es una externalización de la invisibilidad demónica de la mujer, de su misterio genital. Trae al ojo apolíneo del hombre lo que ese ojo no puede ver. La belleza es un marco bloqueante: detiene y condensa el flujo y la indeterminación de la naturaleza. Permite al hombre actuar por el procedimiento de realzar lo que teme.»

«El ojo occidental crea cosas, ídolos de objetualización apolínea. La pornografía molesta a los biempensantes porque aísla el elemento de voyeurismo presente en todo arte y, especialmente, en el cine. Todas las “personas” del arte son objetos sexuales. La respuesta emocional del espectador o del lector es inseparable de su respuesta erótica.»

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído