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Las tormentas solares son una amenaza importante para el siglo XXI

La dependencia tecnológica nos hace más vulnerables al fenómeno

En los próximos años, la Meteorología Espacial será vital

La Tierra posee un gran escudo que nos protege de la radiación y el viento solar y de las partículas cósmicas. En momentos de mayor actividad, una tormenta solar puede perturbar el campo magnético terrestre y ocasionar daños en el suministro eléctrico, las telecomunicaciones y los sistemas de transportes. Para hacer frente a este tipo de eventualidades, los operadores de servicios disponen de recursos y medios técnicos de protección.

A lo largo de los últimos siglos se tiene constancia de varios sucesos solares extremos. En 1859 se produjo el llamado evento Carrington, bautizado así al ser observado por el astrónomo Richard Carrington, que afectó al telégrafo y sus efectos llegaron hasta España, donde se vieron auroras. Posteriormente ha habido otras tormentas solares con consecuencias para la vida cotidiana: Quebec, en 1989, y las conocidas como Halloween y San Patricio, en 2003 y 2015 respectivamente.

La reciente orden ejecutiva presidencial estadounidense, dictada por Obama el 13 de octubre de 2016, reconoce la importancia y trascendencia de las tormentas solares. En ella, solicita a las distintas agencias federales que desarrollen planes que pongan a prueba y evalúen la red de energía eléctrica e infraestructuras críticas, antes, durante, y después de un evento de clima espacial para aminorar los efectos de las erupciones solares, de sus partículas energéticas y de las perturbaciones geomagnéticas que producen.

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