Crónicas Bárbaras

Manuel Molares do Val

Líderes carismáticos

Barack Obama es un líder carismático: posee una especial capacidad para atraer o fascinar, y para muchos de sus adoradores atesora el “Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad”, como define la Academia el carisma religioso.

Hay sociedades constitucionalmente laicas, como la estadounidense, en las que buena parte del pueblo decide quiénes son portadores de un legado sagrado, mesías redentores: Obama lo es.

En España ocurrió un caso lejanamente parecido, aunque menos encendido, místico y universal, con Felipe González.

El pequeño carisma de José Luís Rodríguez Z. con sus ojos azules y mensaje buenista, superó al nada carismático Rajoy porque los electores quisieron menos un apacible registrador de la propiedad que un Poseidón destructor de lo bueno y malo hecho durante los ocho años anteriores.

La consecuencia es que el Elegido no sufre igual análisis crítico que otro líder menos iluminado. Tendemos a justificar sus actos, incluso los que nos desagradan, y que, repetidos, terminamos alabando.

El líder carismático resulta así peligroso para nuestra autonomía intelectual: cambia nuestra conciencia y percepción de las cosas, lo que explica lo ocurrido en el siglo XX con Mussolini, Hitler, Fidel, ahora con Chávez, aunque también con Kennedy, con quien comparan a Obama.

Todos ellos llevaron a sus pueblos a situaciones límite, cuando no a desastres absolutos. El más apreciado a la larga por la opinión pública, Kennedy, en poquísimo tiempo inició la guerra contra el comunismo en Vietnam, aprobó la invasión de la Bahía de los Cochinos y pudo haber ordenado un holocausto nuclear, del que nos salvamos porque el menos carismático y más realista Kruschev se asustó y se retiró.

Cuidado con los líderes carismáticos, grandes y pequeños, tan sombríos. Lo deseable es que Obama quiera redimirnos poquito.

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Manuel Molares do Val

Manuel Molares do Val (Vigo/Pontedeume, Galicia), trabajó para la Agencia EFE como corresponsal permanente en México, Bélgica, la República Popular China --el primer peridista español destinado allí--, y EE.UU. Fue enviado especial en todo tipo de acontecimientos en los cinco continentes.

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