En tren y a la friolera de 574,8 km/h


(PD/Agencias).- Va por tierra, pero tan ráoido como un avión. En apenas una hora, a esa velocidad, el TVG francñes, llegaría de Madrid a Barcelona. O a La Coruña.

El tren de alta velocidad francés (TGV) se quedó ayer a un suspiro de batir el récord mundial absoluto de rapidez ferroviaria detentado por la industria japonesa. Un prototipo bautizado V-150 alcanzó un pico de 574,8 kilómetros por hora frente a los 581,2 km/h cronometrados en 2003 al Maglev nipón. Los responsables del fabricante galo Alstom se apresuraron a puntualizar que ambas marcas no son comparables.

«El Maglev no es un tren sino un artefacto de levitación magnética», declaró el director técnico, François Lacote, quien insistió en que su rival tiene carácter experimental y circula por una infraestructura que no se dedica a transportar pasajeros.

«Nosotros no hemos fabricado un prototipo para lograr un récord sino un producto de serie», dijo. Una media verdad.

El TGV pulverizó su propio récord mundial sobre raíles, es decir en contacto físico con la vía y no suspendido por campos magnéticos. Databa de 1990 cuando rodó a 515,3 kilómetros por hora. Pero lo batió con una unidad experimental dotada de ruedas sobredimensionadas y un carenado de aerodinámica especialmente estudiada. En la infraestructura fija se aumentó el voltaje de 25.000 a 31.000 voltios y se incrementó la tensión de la catenaria de 2,5 a 4 toneladas.

El conductor, Eric Pieczac, juró que se había fijado el tope de 575 km/h para garantizar la seguridad del centenar de privilegiados viajeros, que aseguraron que aquello no había vibrado demasiado. La meteórica carrera, sobrevolada en paralelo por un avión, fue retransmitida en directo por televisión y saludada por un concurso de elogios por parte de unos responsables políticos en campaña electoral.

En realidad, la operación fue una muestra de propaganda para afianzar la supremacía francesa en el mercado mundial de la alta velocidad ferroviaria, estimado en 2.400 millones de euros. El Shinkansen japonés, el Zefiro del canadiense Bombardier, el Velaro del alemán Siemens o el Talgo español rivalizan por licitaciones en Argentina, China, Italia y Arabia Saudí.

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