Al Qaida hunde el turismo mauritano

(PD).- «La región del Sahara y el Sahel es insegura, abierta e inestable, y se ha convertido en un refugio para terroristas y traficantes». Sin uniforme pero con su pistola al cinto, Mohamed Abdellahi Taleb Abeidi, comisario principal de la Policía de Mauritania, dibuja así el panorama en la zona, aunque añade que «la amenaza es muy limitada porque los terroristas no tienen bases aquí».

Explica Luis de Vega en ABC que, desde finales de año, se han sucedido sin embargo varios ataques reivindicados por el entorno de Al Qaida, se han incautado armas y explosivos y una treintena de mauritanos han sido detenidos. Varios de ellos fueron reclutados y formados por Al Qaida del Magreb Islámico.

Esto ha abierto por vez primera el debate de la presencia de células afines a Bin Laden en este pobre país magrebí, aunque con las detenciones del miércoles el Gobierno da por desmantelada la infraestructura de los terroristas. «No hay células instaladas aquí.

Seguro», se defendía horas antes de esa última operación el comisario, que sostiene la teoría de que los terroristas llegan de fuera. «Tenemos fronteras de más de 2.000 kilómetros que se encuentran más o menos abiertas».

Sin rally, sin futuro
El 24 de diciembre pasado fueron asesinados cuatro turistas franceses cerca de Aleg, al sur, pocos días antes de que se suspendiera el rally Dakar, que debía celebrar siete de sus quince etapas en Mauritania, por recomendación de los servicios de inteligencia galos, que advirtieron de serios riesgos de atentados. «Mauritania tenía todos los medios para asegurar el rally.

La decisión de suspenderlo no fue nuestra», insiste Abdallahi.
El Ministerio de Turismo estima en 4,7 millones de dólares directos las pérdidas sin evaluar los perjuicios en el sector o el miedo de los inversores.

Más allá de esos atentados, de menor envergadura que los llevados a cabo en otros países de la zona, este corresponsal ha percibido el malestar reinante por los informes oficiales, sobre todo los franceses, que contrastan con la aparente calma sobre el terreno.

La mudanza del Dakar a Suramérica y las advertencias del riesgo de atentados pesan ya como una losa sobre la débil economía Mauritania, que ve cómo el sector turístico, sin ser aún clave (los viajeros dejaron 42,7 millones de dólares en 2007), se hunde.

El desierto mauritano era hasta diciembre un remanso de paz mucho más cercano y accesible que la vecina Argelia o países como Yemen, donde en julio del años pasado murieron ocho turistas españoles en un atentado.
En Atar, capital de la norteña región de Adrar, ariete turístico del país, los ánimos están por los suelos entre los operadores extranjeros y locales.

«Francia nos ha hecho daño»

El 30 de diciembre es señalado como la fecha clave de este «drama para la economía». Aquel día no llegaron los cientos de personas que iban a pasar el fin de año en Atar, Uadane o Chinguetti.

El miedo al terrorismo los dejó en casa y desde entonces el aeropuerto de Atar está medio cerrado. La empresa Go Voyages ha suspendido sus vuelos y Point Afrique mantiene una escala semanal en la que deja varias decenas de viajeros antes de que su avión siga hacia Malí.

«Francia, sin duda, ha exagerado y nos está haciendo mucho daño al calificarnos de zona peligrosa», explica Dadde Uld Slama, alcalde de Uadane, hasta donde se llega desde Nuakchot tras nueve horas de carretera y decenas de controles de las Fuerzas de Seguridad aparentemente rutinarios.

No cree que la situación sea «grave» aunque reconoce que una «seguridad más discreta sería más eficaz».

Silvie, una francesa que llegó a Mauritania en 1997 y regenta el albergue «Le meure blue» en Chinguetti, cree que «se han amplificado los efectos de las acciones terroristas» y asegura que su embajada no les ha advertido de posibles peligros en la zona del Adrar.

«No creo que Bin Laden ande por aquí», bromea algo indignada.

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