José Antonio Ramos Rubio en una entrevista a José Miguel Santiago Castelo

José Antonio Ramos Rubio en una entrevista a José Miguel Santiago Castelo
Santiago Castelo

El pasado día 29 de mayo falleció en Madrid a los 67 años, tras una larga y penosa enfermedad, don José Miguel Santiago Castelo, Presidente de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura. El cuerpo fue velado en el tanatorio San Isidro de Madrid. El domingo día 30, a las 12.30 horas se celebró un responso en la sede de la Real Academia en Trujillo, según expreso deseo de don José Miguel Santiago, que comunicó a la Mesa de la Real Academia días antes, acto que estuvo oficiado por don Jesús Sánchez Adalid. El emotivo acto estuvo presentado por don Francisco J. Pizarro Gómez, como Secretario de la Real Academia de Extremadura de consuno con el Director en Funciones de la misma don Salvador Andrés Ordax, acto al que asistieron personalidades del mundo de la cultura, autoridades, académicos -don Manuel Pecellín, don Antonio Gallego, don Eduardo Naranjo, don Gerardo Ayala, y doña Carmen Fernández Daza que colaboró igualmente en los preparativos del acto, y amigos y familiares de Santiago Castelo. Durante el mismo, doña Catalina Luca de Tena como Presidenta de ABC leyó un comunicado de don Felipe VI, rey de España.

Seguidamente, fue trasladado a su pueblo natal Granja de Torrehermosa, donde recibió cristiana sepultura. En el micromundo de los medios de comunicación en España y América es habitual que se mencione a menudo en nombre de don José Miguel Santiago Castelo como ejemplo y modelo de periodista. Como amigo es un orgullo ofrecer al público lector unos pequeños bocetos de su activa y enriquecedora vida. Nace en Granja de Torrehermosa el día 11 septiembre de 1948 quien había de convertirse en uno de los más grandes poetas en lengua castellana, en uno de los periodistas más rigurosos, versátiles y fecundos.

De muy temprana edad colaboró con el diario «Hoy» de Extremadura, cuando apenas contaba con 18 años, una singular capacidad de análisis, así como un especial poder de penetración crítica. Manifiesta se, además, en las primeras fases de su evolución intelectual, un rasgo de su personalidad, que irá tomando paulatinamente un contorno cada vez más definido, y que acabará siendo el atributo espiritual más distintivo de su ser: el superior don de crear incesantemente, sin límite a la espontaneidad innovadora, a la libertad y autonomía de pensamiento. En el año 1968 comienza la carrera de Periodismo. A los 21 años ingresa en «ABC» de Madrid. En 1982 obtiene el premio «Nicolás González Ruiz» al mejor expediente académico de las Escuelas de Periodismo de España. Su impresionante trayectoria intelectual, respaldada de continuo por un en quebrantar de voluntad de trabajo e impulsada por su vigor creativo difícil de igualar, le ha merecido puesto de privilegio que ocupó en la intelectualidad del mundo. Ha dirigido revistas, organizado coloquios y lecturas poéticas, colaboró en periódicos y revistas iberoamericanas y sus versos han aparecido numerosas publicaciones de todo mundo. Viajero incansable, recorrió numerosos países y pronunció centenares de conferencias y discursos en España América. En el año 1979 asistió en Bulgaria al I Congreso Internacional de Escritores representando España junto a Camilo José Cela, Alberti y Fuster. Ese mismo año publicó su «Memorial de Ausencias», libro con el que inauguró curso poético del Ateneo de Madrid y con el que obtendría tres años después el premio «Fastenrath» de la Real Academia Española, uno de los más importantes galardones de Literatura y que se concede cada cinco años a un libro de versos publicado. En 1980 de la luz una selección de su libro «Monólogo de Lisboa» y por su poemario «La Sierra Desvelada» obtuvo el Premio Nacional Gredos. No solo testimonio sus obras la riqueza de la forma, que muchas veces sacrificar la fidelidad a la letra para proveer nuevos el significado de las palabras en su tiempo, sino que sobre todo el invento de una clave hermenéutica con la que José Miguel realizó el prodigio de embebernos en el espíritu de nuestra lengua y de trasladarnos a la atmósfera vital en la que discurrió el quehacer intelectual. En el año 1982 su pueblo natal le honró rotulando con su nombre la calle que le vio nacer.

En 1984 apareció «Cruz de Guia» y un año después su «Cuaderno de Verano», libro de poemas a caballo entre Extremadura y al Mediterráneo, que se agotó en pocas semanas y que sería reeditado en la primavera de 1987. Ese mismo año la colección Adonais publicaba «Como disponga el olvido», una antología de su obra lírica con prólogo de Juan Manuel Rozas. Trabajos suyos han aparecido varias antologías españolas y americanas. Ha sido Director de la Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura (1996) y miembro de la Academia Cubana de la Lengua. En la primavera de 1991 fue elegido como miembro correspondiente de la academia norteamericana de la Lengua Española. Con motivo del IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz, el 14 diciembre 1991, fue nombrado Hijo Adoptivo de Fontiveros, villa natal del autor del «Cántico Espiritual» y miembro de su Academia de Juglares. En enero de 1993 obtiene en Premio Nacional de Periodismo «Julio Camba». Ese mismo año, la Junta de Castilla y León editó «Al aire de su vuelo», y dos años después publica su «Antología Extremeña» con prólogo de Alejandro García. En el año 1995 se inaugura en «Aula Literaria Santiago Castelo» en el Hogar Extremeño de Barcelona.

En la primavera de 1997 apareció, en edición numerada de bibliófilos, su libro de prosas poéticas «Habaneras». En el verano de 1999 obtuvo el premio de poesía «Alcaraván» y la Redacción del diario «HOY» le erigió por unanimidad «Extremeño del año». Fue nombrado Hijo Predilecto de su pueblo Granja de Torrehermosa el 14 septiembre del año 2000, año en el que obtendría el Premio de Periodismo » Martín Descalzo». En el año 2001 aparece su poemario «Cuerpo cierto». Viajero incansable por el viejo mundo, sin renegar de su España, del auténtica, única e insustituible, como él bien expresaba. Ha sido uno de los poetas occidentales contemporáneos de mayor calibre y de más alta calidad. Trabajando intensamente entre nosotros, con la desenvoltura y espontaneidad naturales de un extremeño, sin hacer ostentación en ningún momento de la alta jerarquía intelectual de la que se sabe investido. En su obra renacen, objetivamente, su ser físico, intelectual y moral. Su porte augusto, su venerable rostro y su voz de entraña causaban, en todo el que se le acercaba por primera vez, una sensación de estupor, contracción y temor reverencial; pero muy pronto estos sentimientos abrían paso a la confianza comedida y a la admiración ante la amabilidad de sus modales y por obra de su afectuoso y espontáneo trato. Modesto por naturaleza, poseía la mínima vanidad indispensable para preservar el orgullo bien entendido. Contagiaba a quienes lo rodeaban de una envidiable serenidad, a la que ningún fenómeno parece alterar, y en la que no suele aparecer ninguna manifestación en su agitado mundo interno. En la Academia extremeña su conducta agrega a estos atributos un rasgo sobresaliente, que lo distinguía también en su vida personal: su proverbial generosidad. Podríamos decir que era la imagen cabal del ideal aristotélico de la más elevada jerarquía: la grandeza de alma.

Tuve la enorme suerte de conocer personalmente a José Miguel Santiago Castelo, como Académico Correspondiente y como amigo personal, le entrevisté hace algunos años en una memorable tarde en su domicilio de la calle Divino Pastor de Madrid y el resultado de esa entrevista paso a detallar seguidamente, para conocer aún mejor su calidad humana y profesional.

¿Cuándo y por qué entraste en contacto con el mundo literario?

Desde muy niño. En mi casa, en las largas noches de invierno, se leía en torno a la mesa camilla. Los mayores, novelas que abundaban en la biblioteca familiar. Los pequeños, cuentos. Yo tengo dos libros que son fundamentales en mi niñez: «Corazón» de Edmundo de Amicis y «Platero y yo» de J. Ramón Jiménez. «Corazón» era un libro de lectura obligatoria en las escuelas públicas de mi pueblo, Granja de Torrehermosa. Me ha quedado una devoción por él imborrable. Mi primer dictado, cuando empecé a prepararme para el ingreso de Bachillerato, en la academia de mi pueblo, fue el capítulo de las rosas de «Platero». Creo que estos dos libros tienen mucho que ver en mi vida y en mi vocación literaria.

¿Qué te llevó a lanzarte a escribir y, sobre todo, cuándo vistes claro que los libros y los poemas serían una parte importante de tu vida?

Empecé a escribir en un periódico que hacíamos a mano en casa de unas amigas del pueblo. Comentábamos noticias, natalicios, muertes y algún cotilleo. Ahí empecé a sentirme periodista y escritor. Mi tío y profesor, don Manuel Santiago, me enderezó en una magnífica caligrafía y con mi letra redondita y dibujada escribía casi todo el periódico. También hacía versos satíricos, ripiosos, sobre temas calientes de la actualidad del pueblo. Algunos de ellos me costó un pescozón por parte de mi madre que no quería que satirizase a familiares o conocidos. Ví claro que la poesía iría incardinada a mi vida cuando, en octubre de 1964, al tenerme que ir a Madrid sentí el desgajamiento de todo lo que había sido mi existencia hasta entonces: correrías de niño, juegos infantiles, romerías, etc. De pronto, a los 16 años, lo pierdo todo y he de enfrentarme a una nueva vida en la gran ciudad. Quise recrear todo lo que había perdido y con una carga de melancolía profunda fui evocando paisajes y personas que ya no serían mi entorno. Empecé a escribir para poder sobrellevar la tristeza de no vivir en Extremadura. Luego, efectivamente, los poemas ya serían una parte esencial de mi vida.

¿Crees que el escrito o el poeta nace o se hace?

El poeta nace y se hace. Hay una predisposición interna que te vincula a la lírica, un sentimiento, una melancolía. Luego, las lecturas, la disciplina, te hacen y te pulen. Yo proclamo mi agradecimiento profundo a los maestros que en mi niñez me obligaron a leer poesía, a recitarla y hasta aprendérmela de memoria. Ese bagaje me fue muy valioso cuando, más tarde, quise expresar la pena del desarraigo o la alegría del propio vivir.

¿De qué obras te sientes más orgulloso? ¿Por qué?

Yo me siento orgulloso de todas mis obras. De las que han obtenido el favor del público y de las que han pasado, humildemente, de puntillas. De todas ellas soy su padre. A veces hay títulos que se convierten en bandera de tu vida, lo que no quiere decir que sean los mejores. Yo tengo poemas de inevitable recitado en las lecturas poéticas. Sé, porque soy el más duro crítico de mí mismo, que tengo otros poemas mejores, pero el público les ha tomado cariño a esos otros. ¿Y qué? ¿Voy a querer a unos poemas más que a otros? He hecho lo que he sabido y lo he hecho lo más dignamente posible. Sé que tengo versos buenos, malos y regulares, pero no renuncio a ninguno de ellos porque todos son hijos míos y algún motivo de alegría o de pena me habrán deparado para haberlos escrito. Son mi vida.

¿Crees que la juventud tiene interés por la Literatura?

Hay de todo. Hay jóvenes que tienen interés y jóvenes que no. Sigo creyendo que los maestros son fundamentales, que las enseñanzas de los primeros años marcan de por vida. Ahora hay de todo: jóvenes que te deslumbran por su pasión y entrega a la Literatura y jóvenes que te descorazonan porque no saben absolutamente nada. Y lo que es peor, no les importa.

¿Tu opinión sobre la prensa digital?

Pues muy bien. Hay que estar con las nuevas tendencias y aceptar el progreso y yo creo que Internet es un nuevo camino para la propagación de los periódicos. De hecho, a día de hoy, son muchos los que siguen la lectura del periódico a través de Internet. No hay más remedio que agarrarse a la carrera del futuro. Aunque a mí me gusta mucho más el periódico escrito y el olor mágico del papel con su tinta de imprenta.

¿Cómo ves el futuro académico de la región extremeña?

Creo que nuestra tierra está en uno de los momentos más esperanzadores. En todos los sentidos. También en el académico. La Real Academia de Extremadura está cumpliendo su misión con la sociedad extremeña y sigue trabajando por nuestra tierra. Como toda Corporación no abundante de miembros, es cierto que no están todos los que son, pero son todos los que están. Nuestra mayor satisfacción es contribuir al desarrollo intelectual de Extremadura, como fue el sueño de nuestros predecesores. Por ello seguimos luchando. El tener abierta permanentemente nuestra sede en Trujillo, al estar en contacto diario con la sociedad extremeña, el ofrendar a nuestra tierra congresos, publicaciones y consultas nos hace sentir vivos y aleteantes. El potencial intelectual de Extremadura, con las nuevas generaciones que se van incorporando de manera destacada y deslumbrante, nos hace albergar toda clase de tranquilidad y confianza ante el futuro.

En su vida no ha hecho otra cosa que repartir oxígeno por todas partes: quizá el más fecundo y apreciable de sus «inventos».

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