La Monja trujillana Sor Filomena María Del Patrocinio

La Monja trujillana Sor Filomena María Del Patrocinio
Convento de San Francisco el Rea

Trujillo, solar de conquistadores, lo es también de fundadores. Hace algunos meses se constituyó una Comisión formada por personas de Trujillo y de Fuente del Maestre -población donde fundó un convento en 1896- para iniciar los trámites oportunos para la beatificación de la Madre Sor Filomena María del Patrocinio, una ilustre hija de Trujillo. A finales del año 1986 se inició expediente para trasladar los restos de la Madre Filomena desde el sencillo enterramiento que ocupaba hasta la iglesia del monasterio, con los pertinentes permisos del señor obispo para que los restos mortales que descansaba el cementerio del monasterio pueda ser trasladados a la iglesia, junto a la reja del coro bajo (permiso concedido el 2 enero de 1987) y, a partir de esa fecha, se complementan todos los trámites necesarios para llevar a cabo la reinhumación del cuerpo. En el cementerio del monasterio se iniciaron los actos de exhumación y posterior inhumación de los restos con la presencia de autoridades civiles y eclesiásticas. En el año 2003, la avanzada de las hojas y la falta de vocaciones habían reducido la comunidad del monasterio, por lo que se decidió el cierre del convento. Hoy día, los muros del antiguo monasterio vendido a una inmobiliaria, rezuman soledad y tristeza. El venerado cuerpo de la Madre Filomena reposa junto a la reja del coro bajo de la antigua iglesia de Santa María la Hermosa, donde todavía muchos devotos se acercan a rezarla.

En un breve bosquejo intentaremos trazar los rasgos más importantes de su personalidad Su nombre bautismal fue María de Bustamante Bisel Saldaña y Orozco. Nació en la calle Ballesteros de Trujillo el 18 de octubre de 1825. Fueron sus progenitores los Marqueses de San Antonio y Condes de Saldaña -don Manuel de Bustamante Saldaña y doña Jacinta Bisel Orozco-, pertenecientes a noble familia trujillana.

Partida de bautismo de sor Filomena María del Patrocinio (libro V de bautismo de la parroquia de Santa María la Mayor de Trujillo, 1809-1833, fol. 114vº): «En la ciudad de Trujillo en diez y nueve días del mes de octubre del año de mil ochocientos veinte y cinco. Yo Thomas Martín de Prado cura rector de Sta. María la mayor de esta, baptizé solemnemente a una niña que nació el día diez y ocho de este mes y año, a quien puso por nombre María Ramona, hija legítima del señor don Manuel de Bustamante Marqués de San Antonio y doña Jacinta Risel, naturales y vecinos de esta ciudad. Abuelos paternos don Manuel Antonio de Bustamante, natural de Aldea de Zentenera y doña María Antonia de Saldaña, Marquesa de San Antonio, natural de Madrid y vecinos de Trujillo. Abuelos maternos don Antonio Risel y Tapia, natural de Aldea de Zentenera, y doña María Josefa Orozco y Treviño natural de esta ciudad y ambos vecinos de ella. Fue su madrina doña María Ramona de la Hoz, soltera, hija de don Francisco de la Hoz y natural de Alburquerque aquí advertí el parentesco espiritual y su obligación testigos don Juan García, Pbro, don Joaquín Rodríguez y don Leonardo Risel, vecinos de esta. Y por verdad lo firmé: Thomás Martín de Prado» (literal).

María Ramona, huérfana a los tres años, confió su padre la crianza y formación de su pequeña hija a Sor Paula Maria Risel Orozco y a Sor Ana María, que antes habían sido religiosa en el de San Pedro, refugio de la nobleza que recibía la divina vocación al retiro y oración, privilegio de las almas escogidas.

Don Cipriano Sánchez Varela, prelado de la diócesis de Plasencia- la rigió durante mucho tiempo, desde 1826 a 1848 y ocupa el número 78 en el «Episcopologio placentino»- autorizó el ingreso de la niña Maria de Bustamante en la clausura monacal. Debido a enfermedad, salió del convento de la Puerta de Coria a los pocos años de su ingreso. Pero a esta temporal salida sucedió su vuelta definitiva, lo que ella narró en su autobiografía. Hay que especificar que sucedía esto antes de la exclaustración de las monjas de San Francisco el Real el 30 de abril de 1836, las cuales fueron trasladadas al convento de San Ildefonso de la ciudad de Plasencia, marchando con ellas, en calidad de educanda, la niña María de Bustamante. Allí permaneció quince años, interrumpidos por una breve ausencia motivada por enfermedad.

El día 2 de abril de 1850 vistió en el convento de San Ildefonso el hábito de la Tercera Orden Claustral (vulgo «isabeles») y comenzó el noviciado en Trujillo por haber regresado la comunidad de San Francisco el Real a esta ciudad el 30 de abril del 1851. Las penalidades que pasaron las monjas a su regreso a Trujillo en 1851 aparecen recogidas testimonialmente en la «Autobiografía» de Sor Filomena María: «Cuando llegó el momento de cerrar la clausura, allí se quedaron las religiosas consumiendo, angustia suma y el tremendo interrogante de qué ocurriría tras haberse comprometido al gasto de la reparación. La Iglesia solamente tenía la mesa el altar y al frente una tela donde colocamos al Cristo de las Maravillas, que se había guardado en Huertas de Ánimas hasta nuestro regreso. Al día siguiente, colocamos un Sagrario que habíamos traído del convento de la Coria, y dispusimos el altar para celebrar misa, como lo hizo el señor secretario del obispado a las siete de la mañana; pero al no haber campanas ni órganos, impidió que se entonara el Tedeum. Concluida la ceremonia, empezamos a trabajar, quitar los escombros y comenzar la reparación del edificio».

Por tanto, las religiosas se instalaron en el convento de San Pedro, – ya que el de la Puerta de Coria había sido bárbaramente arruinado – y allí emitió su profesión de votos religiosos el 11 de mayo del mismo año Sor Filomena María Bustamante, en la fiesta del Patrocinio de San José; cambió su nombre de pila (María Ramona) por el de Filomena María del Patrocinio.

Esta monja trujillana fue durante muchos años Abadesa de la Comunidad Franciscana de San Pedro.

Es obligado reflejar, aunque sea brevemente, la obra que llevó a cabo. Restauró la iglesia y toda la fábrica conventual, que se hallaba en deplorable estado. Restauró la disciplina de la vida de observancia y la formación de nuevas religiosas, que incrementaron en número los miembros de la Comunidad, a la que impulsó con sus medidas. Dice en su escrito: «Después de haber trabajado sin descanso en esta Santa casa y reedificarla en todos los sentidos; después de pasados indecibles trabajos, penas y tribulaciones de todo género; después de ver cómo esta comunidad tan numerosa cuando sólo éramos cinco y, por fin, después de otras 1000 maravillas cobradas por Dios en ella, empezó se despertara en mi grandes deseos y aspiraciones de ir a trabajar por la gloria de Dios y el bien de las almas en otra parte, puesto que aquí quedaba muy poco que hacer».

En el año 1864 llevó a cabo la iniciativa de fundar un monasterio en Mula (Murcia), partiendo del convento trujillano de San Antonio sor María de Santa clara y sor Juana de la Cruz con una sobrina educanda que se llamó en el claustro sor María de la Encarnación. Todas ellas pertenecientes al linaje Orozco, que cuenta entre sus miembros Alfonso Orozco, agustino, predicador de Felipe II, fundador, escritor, y fue beatificado por León XIII el 15 enero de 1882. En el año 1865 fue nombrada Abadesa Sor Filomena María, por el obispo don Gregorio María López, llevando a cabo una gran actividad restauradora del convento trujillano. Es de admirar en la Madre Filomena su espíritu inquieto no sólo como promotora en la restauración del Convento de San Pedro, sino alternándolo con su vida espiritual y la formación de nuevas religiosas, a pesar de su poca salud.

Cuarenta y cinco años llevaba Sor Filomena en el convento de San Pedro, cuando movida del espíritu de Dios y previos los requisitos canónicos marchó a los 70 años de edad, el 17 de enero de 1896 a fundar el convento de Franciscanas de Fuente del Maestre, localidad de la diócesis de Badajoz acompañadas por cinco religiosas.

Poco menos de un año hacía que Sor Filomena estaba rigiendo con singular acierto y venerada edificación para todos estas nueva Comunidad cuando guiada por nuevos impulsos divinos obtuvo de la Santa Sede autorización para que ella y sus monjas presentes y futuras pasaran de Franciscanas a religiosas Concepcionistas (cambiando el hábito pardo por el blanco y azul). Solemnemente se realizó el tránsito el 8 de diciembre de 1896.

Durante diecisiete años aproximadamente, el convento de Concepción de Fuente del Maestre asentó su vida religiosa y observante en las santas y sabias enseñanzas de la Madre Filomena, quien a los 88 años de edad llenos de méritos ante Dios y ante los hombres descansó en la paz de los juntos tan santamente como había vivido. Era el 22 de noviembre de 1913, mientras la comunidad participaba en la misa; en el momento de la consagración le llegó la mejor recompensa a toda una vida de sacrificio, entrega y amor a Dios y a los demás.

El día 7 junio 1987, coincidiendo con la apertura del Año Mariano fueron exhumados y nuevamente inhumados en el coro de la iglesia de la Concepción, de la localidad de Fuentes del Maestre, los restos de la Rvda. Madre Filomena María de Bustamante Risel-Orozco, mujer providencial en los planes de Dios y en palabras del padre Juan Tena: » Eminente por sus dotes naturales que fueron muchas, pero más eminente a un por sus extraordinarias virtudes y por las altas mercedes y Dios la concedió».

Conocemos datos precisos de su estancia en el convento de San Francisco el Real de la puerta de Coria de Trujillo y de la grave enfermedad que pasó gracias a su «Autobiografía de la Madre Filomena: una víctima de amor divino», toda una juventud larga y penosa, llena de entrega a Dios y de sacrificio por la iglesia y los necesitados. Autobiografía escrita por ella misma, recopilada y terminada por una religiosa concepcionista del convento de Fuentes del Maestre, en el año 1925.

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