La televisión pública, bajo la lupa

Pifias, enchufes y propaganda: el tridente Ruiz, Cintora y Miró en la TVE sanchista

Entre controversias, investigaciones internas y episodios de manipulación, la credibilidad de RTVE se tambalea ante el asombro de profesionales y oposición.

Pifias, enchufes y propaganda: el tridente Ruiz, Cintora y Miró en la TVE sanchista
Televisor. PD

Son una panda de caraduras.

Pero fieles al refrán de ‘ande yo caliente…‘ ahí siguen, manipulando a granel, tragando sapos y haciendo genuflexiones a Pedro Sánchez, que es quien —en última instancia— paga sus orondos sueldos con dinero del sufrido contribuyente español.

Cada semana, Televisión Española se encuentra envuelta en una nueva controversia.

En esta última temporada, los platós de programas como Mañaneros 360, dirigido por Javier Ruiz, Malas lenguas, con Jesús Cintora, o los debates liderados por Gonzalo Miró han sido auténticos campos de batalla mediáticos.

¿La razón?

Un cóctel explosivo que mezcla manipulación informativa, nepotismo a gran escala y una relación cada vez más escandalosa entre la dirección de RTVE y el Gobierno de Pedro Sánchez.

El Consejo de Informativos de RTVE, un órgano esencial para proteger la pluralidad y el rigor informativo, ha iniciado investigaciones de oficio tras recibir una avalancha de quejas internas sobre la deriva partidista de estos espacios.

Aquí, la frontera entre información y opinión parece desdibujarse. El ambiente interno está marcado por una profunda división; sindicatos como USO y CCOO claman por auditorías urgentes, denunciando desequilibrios, machismo y una degradación del debate público que no es mera anécdota, respaldada por análisis rigurosos que evalúan el tiempo de palabra y la representación de género en pantalla.

En esta RTVE del siglo XXI donde las líneas entre información veraz y propaganda parecen difuminarse cada vez más, los espectadores asisten atónitos a un espectáculo que recuerda más bien a una tragicomedia nacional que al servicio público prometido por nuestra Constitución para esta televisión estatal.

El episodio del “falso médico”: anatomía de una pifia

Uno de los episodios más sonados fue el escándalo protagonizado por Javier Ruiz, quien hizo pasar a una administrativa del hospital por médico durante un directo en TVE.

Su intención era socavar la imagen de Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, acusándolo de llevar a los centros sanitarios a situaciones críticas.

Sin embargo, la supuesta profesional resultó ser una trabajadora administrativa, lo que dejó a Ruiz y a la cadena en evidencia. Este hecho alimentó la percepción de que en la televisión pública ya todo vale para atacar a los detractores del sanchismo.

Este incidente no es un caso aislado; refleja una tendencia preocupante donde la verificación de datos y el rigor periodístico se ven subordinados al interés político del momento.

La controversia pronto llegó al Consejo de Informativos, que reiteró su llamado a separar información y opinión, así como a cumplir con los estándares mínimos de neutralidad y pluralismo exigidos por ley para los medios públicos.

Un “pesebre sanchista” y enchufados a granel

El término “pesebre sanchista” ha cobrado notoriedad recientemente para describir el ecosistema formado por tertulianos, directivos y colaboradores que han encontrado su lugar en RTVE gracias a su cercanía ideológica con el Gobierno. Este fenómeno es tan evidente que incluso dentro del propio sector se habla abiertamente de “enchufados a granel”, muchos provenientes de productoras afines o directamente relacionados con el ámbito socialista.

No es un secreto que los programas dirigidos por Ruiz y Cintora son producidos por empresas externas —La Cometa TV y filiales de Mediapro— con contratos millonarios (2,8 millones y 2 millones de euros respectivamente). Mientras tanto, la plantilla interna observa impotente cómo desfilan caras afines al Ejecutivo, muchas veces sin disimular su falta de independencia editorial. El descontento no solo proviene del exterior; los profesionales dentro del ente ven cómo se reduce el espacio para información rigurosa en favor del espectáculo político y las tertulias monótonas.

Subvenciones, audiencias y la batalla por el relato

El “trinque” en subvenciones junto a la lluvia constante de publicidad institucional desde Moncloa han sido claves para entender el auge y blindaje de estos programas. Las ayudas públicas han servido para sostener una parrilla que ofrece casi a diario una visión claramente favorable al Gobierno. El propio Javier Ruiz ha llegado a afirmar en antena que RTVE resulta incómoda porque “está en juego la democracia”, sugiriendo que las críticas hacia la cadena buscan impedir que las personas “toquen ni el voto ni el mando a distancia”.

Las teorías conspirativas han llegado al extremo incluso de acusar al Gobierno de manipular datos sobre audiencias mediante Kantar Media, algo que esta empresa ha desmentido categóricamente. No obstante, el relato sobre una “televisión atacada por el duopolio privado” resuena como un mantra en los platós mientras los datos objetivos indican que, pese al crecimiento en audiencia de algunos espacios, la credibilidad del ente público sigue estando cuestionada.

“Malas lenguas” y la fábrica de opinión

El caso del programa Malas lenguas con Jesús Cintora es emblemático. Acumula denuncias por manipulación, sesgo ideológico e incluso machismo. Tras analizar diez emisiones del programa, el sindicato USO ha solicitado una auditoría interna debido a «desequilibrios», machismo y falta de neutralidad», detectando un patrón editorial incompatible con los principios fundamentales que rigen RTVE. El Consejo de Informativos ha sido claro: estos programas deben cumplir con lo estipulado en la Ley estatal sobre Radio y Televisión, así como con el Mandato Marco y el Manual de Estilo; algo que sus informes indican no está sucediendo.

El descontento ha alcanzado tal magnitud que ahora se exige formación en igualdad para presentadores y tertulianos externos junto con una revisión inmediata sobre cómo se dirige este espacio. Mientras tanto, RTVE —bajo la dirección de José Pablo López— continúa apostando por estos formatos, blindando así a sus figuras más destacadas mientras refuerza la imagen pública del ente como un servicio al poder.

Gonzalo Miró, el tertuliano incombustible

En este tablero también destaca Gonzalo Miró, quien se ha convertido en portavoz indiscutible del sanchismo durante debates y magazines. Siempre está dispuesto a defender fervientemente la línea editorial impuesta desde arriba. El Consejo le ha señalado por “mala praxis” tras lanzar afirmaciones infundadas durante directos; su presencia continua en espacios políticos es vista como prueba palpable de que hoy por hoy hablar sobre pluralidad en RTVE es un mero espejismo.

Una RTVE en guerra interna: datos y curiosidades

  • El Consejo ha abierto investigaciones simultáneas contra Mañaneros 360 y Malas lenguas debido a violaciones éticas.
  • USO y CCOO han demandado auditorías internas así como formación en igualdad para evitar desequilibrios machistas.
  • Las productoras externas responsables gestionan estos programas han facturado casi cinco millones de euros durante el último año.
  • Ha crecido exponencialmente el número de tertulianos vinculados directa o indirectamente al PSOE o productoras afines.
  • La lucha por las audiencias ha llevado hasta teorías conspirativas sobre manipulación gubernamental sin pruebas tangibles.

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