¿Puede el feminismo existir fuera del marco ideológico de la izquierda? Esa es la pregunta incómoda que atraviesa «Feminismo irreverente», el último libro de la periodista y escritora Carla de Lalá, una obra que irrumpe en el debate público con vocación de ruptura y sin concesiones al consenso.
Lejos de los discursos complacientes, De Lalá construye un alegato afilado contra lo que considera la deriva del feminismo contemporáneo: un movimiento que, en su opinión, ha pasado de ser una herramienta de emancipación a convertirse en una estructura rígida, atravesada por intereses políticos, económicos y simbólicos. “Cuando el feminismo se transforma en industria o en consigna partidista, pierde su esencia”, viene a sostener la autora.

Carla de Lalá en el plató de Periodista Digital. Foto: Alex MacKenzie
El libro señala con precisión quirúrgica las contradicciones de un feminismo que, según denuncia, se alinea en ocasiones con ideologías o contextos que no garantizan —e incluso limitan— la libertad de las mujeres. A través de ejemplos actuales, De Lala cuestiona la coherencia de ciertos posicionamientos y denuncia lo que define como un “relato único” blindado frente a la crítica.
Uno de los ejes más controvertidos del ensayo es el análisis del mapa político. La autora plantea que el centro-derecha ha renunciado históricamente a disputar el terreno feminista, permitiendo que la izquierda capitalice el discurso hasta convertirlo en patrimonio ideológico. El resultado, sostiene, es un feminismo percibido como excluyente para quienes no comulgan con determinadas posiciones políticas.

«Feminismo irreverente», el último libro de la periodista y escritora Carla de Lalá
Pero Feminismo irreverente no se limita a la crítica. De Lalá propone una alternativa: un feminismo liberal, basado en la responsabilidad individual, el pensamiento crítico y la libertad de disentir. Frente al victimismo, reivindica la autonomía; frente al dogma, la duda; frente a la solemnidad, la ironía.
Con una prosa directa y provocadora, la autora desmonta lo que considera los mitos del feminismo hegemónico: la igualdad reducida a eslogan, el empoderamiento convertido en pose y la corrección política elevada a norma incuestionable. Su tesis es clara: la infantilización de la mujer es incompatible con cualquier proyecto real de emancipación.
Lejos de negar la existencia del patriarcado, De Lalá opta por analizarlo sin solemnidad y, en ocasiones, con sarcasmo. Para ella, la ironía no es frivolidad, sino una forma superior de libertad intelectual. “La emancipación —plantea— no consiste en combatir a los hombres, sino en combatir la estupidez”.
El libro no busca adhesiones masivas ni verdades cómodas. Aspira, más bien, a incomodar. A romper inercias. A obligar a pensar.
En un contexto de polarización creciente, Feminismo irreverente se presenta como un artefacto incómodo que cuestiona tanto a quienes militan en el feminismo como a quienes lo rechazan sin matices.
Más que un ensayo, el texto funciona como un manifiesto: una defensa deliberadamente provocadora de la libertad individual frente a lo que su autora considera la caricatura en la que ha derivado el feminismo actual.
