Pinin Brambilla se enfrentó por primera vez a La última cena en 1977 y quedó impresionada. La obra maestra de Leonardo da Vinci, ubicada en el refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, había perdido su esencia: capas de yeso y pintura la cubrían casi por completo, resultado de cinco o seis intervenciones anteriores que la habían deformado. Como experta en frescos renacentistas, decidió aceptar el desafío y se embarcó en una labor titánica de restauración que duraría 22 años, finalizando en 1999. Su trabajo despojó la pintura de esas capas superpuestas y reveló la obra original, devolviendo la humanidad a figuras como Jesús, que había perdido gran parte de su belleza, o Mateo, quien había sido transformado en un anciano con un cuello desproporcionado.
El «gran error» cometido por Leonardo fue su elección técnica: optó por no utilizar el fresco tradicional, sino que aplicó temple sobre yeso seco. Esta decisión resultó fatal, ya que la obra se deterioró rápidamente debido a la humedad y al paso del tiempo. Brambilla, con una paciencia digna de admiración, se dedicó a analizar cada capa para comprender mejor al genio florentino. «Ahora los rostros de los apóstoles parecen participar verdaderamente del drama», expresó con satisfacción. En este reportaje detallado de BBC Mundo sobre su hazaña, se narra cómo convirtió lo que era una ruina en un testimonio vibrante del Renacimiento.
La genialidad de Leonardo da Vinci brilla en cada rincón de La última cena, encargada por el duque Ludovico Sforza. Nacido el 15 de abril de 1452 en Vinci, Toscana, como hijo ilegítimo de un notario y una campesina, demostró desde pequeño un talento excepcional. A los 12 años ingresó al taller de Andrea del Verrocchio en Florencia, donde pintó un ángel en El Bautismo de Cristo tan impresionante que su maestro decidió dejar de pintar. Gracias a Brambilla, esa maestría ha sido redescubierta: los apóstoles ahora transmiten emociones auténticas, como asombro o traición, capturadas por Leonardo mediante una perspectiva innovadora.
Curiosidades locas de Leonardo que Brambilla ayudó a preservar
No solo era pintor. Leonardo llenaba sus cuadernos con escritura en espejo, una técnica útil por ser zurdo y evitar manchas o para guardar secretos. Ideó máquinas voladoras pero siempre encontraba excusas para no probarlas: «El viento no es favorable», decía. Dormía siestas cortas y polifásicas para mantener sus ideas brillantes durante semivigilia. Tenía la capacidad de escuchar latidos del corazón a distancia y predecir el tiempo observando el comportamiento animal; campesinos acudían a él buscando consejo. Su fuerza física era legendaria; se dice que podía torcer herraduras con una sola mano. Estudios genéticos investigan si su ADN refleja rasgos como visión excepcional para detectar turbulencias o alas similares a las libélulas.
Rankings y listas que honran su legado
- Top 3 datos curiosos de su vida: 1. Hijo ilegítimo nacido en Vinci, educado por su padre. 2. Superó a Verrocchio con un ángel impresionante. 3. Sus cuadernos escritos en espejo, como el Códice Leicester perteneciente a Bill Gates.
- Museos IAQ más bellos 2025 (Prix Versailles): Entre ellos está el Joslyn Art Museum en EE.UU., que cuenta con una ampliación Art Decó, evocando el espíritu innovador propio de Leonardo.
- Obras maestras restauradas: La última cena destaca por su complejidad, superando intervenciones fallidas durante cuatro siglos.
Fallecida en 2020, Brambilla dejó La última cena más viva que nunca. Su trabajo une el error inicial de Leonardo con su inigualable genio. Hoy atrae a millones que pueden apreciar lo que ella logró rescatar del olvido.
