Una colección de 145 obras exponen la fascinación de Joan Miró por ‘el mundo de Ubú’ en Palacio de Sástago de Zaragoza

Una colección de 145 obras de Joan Miró repasa la fascinación del artista por el personaje ‘Ubú rey’ y sus reflexiones sobre el abuso de poder y las dictaduras en una exposición. ‘Miró y el mundo de Ubú’ se inaugura este martes en el Palacio de Sástago de la capital aragonesa y que se podrá visitar hasta el 3 de junio.

Cuatro ninots, ochenta litografías, veinte dibujos, fotografías, documentos y una película integran esta muestra que ha sido presentada en rueda de prensa este martes por el presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ), Luis María Beamonte, el presidente de la Fundación Serra, propietaria de las obras, Pere Serra, y la comisaria de la exposición, Lola Durán.

El presidente de la DPZ ha resaltado que estas 150 piezas de Miró están dedicadas al personaje de ‘Ubú rey’ y ofrecen «las reflexiones de Miró sobre el absolutismo o el abuso de poder» a través de personajes ficticios como ‘Ubú’ o ‘Mori el Merma’.

Para Miró, «fue una obsesión permanente» el personaje creado por el dramaturgo francés Alfred Jarry, ‘Ubú roi’ que lideraba «una nación inventada», y «veía paralelismos entre el jefe del estado», el dictador Francisco Franco, y Ubú, ha explicado Pere Serra, amigo del pintor, al subrayar que Miró «se entregó en cuerpo y alma a esta obra».

En este mismo sentido, la comisaria de la muestra, Lola Durán, ha coincidido en remarcar que «Miró siempre sintió fascinación por Ubú rey» y se convirtió en un elemento «muy importante en la obra de Miró», que estaba quizás «menos estudiado», por lo que el público zaragozano podrá conocer «una faceta menos conocida y estudiada de Miró».

Así, las obras surgen de este personaje creado por Alfred Jarry en una obra que se estrenó en 1896 en París como teatro de marionetas y que fue «el antecedente del dadaísmo y del teatro del absurdo». ‘Ubú’ es «un ser despótico, cruel, el prototipo de los dictadores que luego vendrían en el siglo XX» y a Miró «le seduce esta obra desde su juventud», ha comentado Durán.

PRIMER ACERCAMIENTO

De hecho, «un Miró joven, en 1921, prestó atención a esta obra», a la que tuvo un primer acercamiento en 1937 cuando colaboró con sus dibujos, junto a otros artistas y a petición de un amigo, en la creación de un programa de mano para la representación de un espectáculo sobre el personaje en el Teatro de los Campos Eliseos de París.

No obstante, «su primer acercamiento en profundidad fue una serie litográfica» que le dedicó en 1966, cuando ilustró un libro sobre ‘Ubú rey’, obras que componen el primer ámbito de la exposición que alberga el Palacio de Sástago de Zaragoza. En este caso, en obras «muy volumétricas», Miró refleja la fuerza y tiranía de Ubú «en colores ácidos».

En una segunda serie, ‘Ubú en Baleares’, Miró lleva al personaje a «donde él vivía y desarrollaba su vida». En 1971, cuando crea esta nueva serie, el artista «se olvida del texto y crea su propio texto, más humorístico» e, incluso, «algo grosero». Miró da forma así a 23 litografías «con una serie de figuras apenas marcadas por líneas de color, que pasean por campos blancos».

«MAS SINTETICO»

En la tercera serie, ‘La infancia de Ubú’ (1975), utiliza un lenguaje y un tratamiento de la imagen «cada vez más simplificada, más sintético» y en estas obras «sólo aparecen palabras sueltas o signos». Estas tres series completan la ‘Trilogía de Ubú’, en la que Miró reúne también multitud de caricaturas de Franco.

Su obsesión por el personaje culmina en 1978 con la representación ‘Mori el Merma’, que surge cuando la compañía de teatro La Claca se dirige al artista para pedirle que realice dos títeres para un teatro de marionetas, pero Miró rechaza la propuesta.

Sin embargo, de esta forma se inicia una colaboración con la compañía que terminaría con la creación de este espectáculo, para el que se crean varios ninots «que se basan en los dibujos de Joan Miró» y en los que colabora también el fotógrafo Catalá Roca.

El Palacio de Sástago repasa esta fascinación en casi 150 obras, con cuatro ninots de gran tamaño, 80 litografías, unos veinte dibujos, fotografías, documentos y una película, obras propiedad de la Fundación Serra, excepto dos ninots que pertenecen al director del grupo La Claca y la cinta que pertenece al archivo de la Filmoteca de Cataluña.

COMPROMETIDO CONTRA LA DICTADURA

Lola Durán ha recordado que Miró era una persona «comprometida políticamente y opuesta a la dictadura», que vivía «de forma solitaria, tranquila y feliz en Palma», ha apuntado Pere Serra.

El presidente de la Fundación Serra ha destacado que Miró era «una persona muy sencilla, amable y atenta», que tenía «una idea muy particular de lo que su obra representaba en el mundo». «El decía que el mejor pintor del mundo era Picasso», pero también «sabía lo que valía su obra» y era capaz «de convertir de la nada las cosas en obras de arte».

Para el dictador Francisco Franco, sin embargo, «Miró no existía, decía que no tenía categoría» como artista y «eso le fue muy favorable a Miró porque así pudo vivir en Mallorca, hacer su obra y algunas veces hasta divertirse con Franco» haciendo chistes sobre el dictador.

«Como nadie se metía con él vivió feliz», ha comentado Serra, al indicar que quien descubrió «el gran valor de Miró en la pintura mundial» fue Manuel Fraga, quien intentó acercarse y «conquistar» al artista en numerosas ocasiones sin éxito.

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