A través de catorce cuadros de su colección permanente y de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

El Thyssen se acerca al interesante concepto de lo ‘inacabado’ en la pintura

La exposición, novena entrega de la serie "Miradas cruzadas", está organizada en torno a los géneros tradicionales de la pintura

El Thyssen se acerca al interesante concepto de lo 'inacabado' en la pintura
Édouard Manet. Amazona de frente (detalle) Colección Thyssen-Bornemisza

El arte francés del XIX fue el escenario de un conflicto que enfrentó a los partidarios de lo acabado y lo inacabado

El Museo Thyssen-Bormemisza propone un acercamiento al concepto de lo «inacabado» en la pintura a través de catorce cuadros de su colección permanente y de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

La exposición, novena entrega de la serie «Miradas cruzadas», está organizada en torno a los géneros tradicionales de la pintura de historia, el paisaje y el retrato e incluye obras de factura abocetada, tanto de maestros antiguos como modernos.

A partir de este jueves 10 de julio de 2014 se puede contemplar, en el balcón mirador de la primera planta del museo, desde esbozos de Rubens, Tiepolo, Géricault y Delacroix, y un estudio al aire libre de Matisse, a composiciones de Manet, Cézanne, Van Gogh, Heckel y Kokoschka.

El arte francés del XIX fue el escenario de un conflicto que enfrentó a los partidarios de lo acabado y lo inacabado en la pintura.

EXCELENCIA ARTÍSTICA

A comienzos de siglo, los sectores más vinculados con la Academia convirtieron el «fini» o «acabado pulido» en símbolo de excelencia artística, frente al «acabado abocetado» considerado un signo de negligencia.

Sin embargo, el fini nunca llegó a constituirse en modelo único de la pintura occidental: mientras la Academia florentina del siglo XVI era partidaria de las superficies cuidadosamente perfiladas de Rafael, los venecianos Giorgione y Tiziano abrían la puerta a una pintura vibrante y sensual.

En los siglos XVII y XVIII, la línea veneciana encontró eco en varias escuelas nacionales como la holandesa, por ejemplo en la pintura de Frans Hals o en la francesa con Fragonard.

Las tensiones entre ambas concepciones explotaron en la Francia del XIX con los pintores neoclásicos, que, enfrentados a la sensualidad rococó, se oponían radicalmente a cualquier trazo en la obra que dejase traslucir rasgos personales.

 

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