Estimados realistas de Madrid

Tres matrimonios y una amiga de toda la vida exponen juntos: arte accesible

Estimados realistas de Madrid
Realistas de Madrid - Museo Thyssen-Bornemisza

Presentado y recibido como un acontecimiento muy especial, el Museo Thyssen abre este martes una retrospectiva colectiva de un grupo histórico y generacional de artistas que han vivido y trabajado en Madrid desde la década de 1950. Un grupo atípico formado por tres matrimonios y la mujer de otro pintor que se pasó al otro lado, al de la abstracción. Un grupo unido tanto por las vinculaciones de su formación y de su trabajo como por sus relaciones personales y familiares. Un grupo de pintores y escultores realistas, supervivientes de medio siglo de dictadura intelectual anti figurativa, aunque siempre pegados al gusto popular que debajo ha subsistido.

No sólo es excepcional esta exposición por estar formada de artistas españoles contemporáneos, en un contexto expositivo de absoluto predominio de nombres extranjeros, sino por su misma concepción y despliegue: en una exposición relativamente pequeña, 87 obras, las temáticas nos llevan de la mesa del comedor a la ventana desde donde vislumbrar la calle, pasando por el cuarto de baño, el pasillo, los quicios de las habitaciones y las tapias del jardincito adosado, para después dar un buen paseo por las calles del centro, ver comercios antiguos, asomarse a la Gran Vía y a Vallecas, y terminar conociendo a distintos miembros de esta singular andadura, familiares y amigos en estatuas de pizarra, de madera, de bronce.

Así, las sucesivas secciones ‘De la mesa a la ventana’, ‘El arte de los umbrales’, ‘Los muros del jardín’ y ‘Estatuas’ suman aportaciones variadas de los siete, de tal manera que se sospecha un largo intercambio de pareceres entre artistas y comisarios hasta llegar a este equilibrio presencial, inestable sin duda, aparentemente logrado. Entre nuestros siete protagonistas los hay muy famosos y menos conocidos. Los primeros son Amalia Avia (1930-2011), esposa del pintor abstracto Lucio Muñoz (1929-1998), y Antonio López García (nacido en 1936), que ya gozó de una muestra monográfica en el Thyssen en el 2011 (ver nuestra reseña de entonces), cuyo enorme impacto generó este eco que ahora comentamos. Entre los segundos figuran su esposa María Moreno (Madrid, 1933) y los otros dos matrimonios: el de Julio López Hernández (n. 1930) y Esperanza Parada (1928-2011), y el de Francisco López Hernández (n.1932) e Isabel Quintanilla (n.1938).

Las pintoras Amalia Avia y Esperanza Parada fallecieron ambas en 2011. Los escultores Julio y Francisco son hermanos. No son los siete todos nacidos en Madrid, pero todos son castellanos y esta ciudad ha sido el lugar de residencia y trabajo de todos ellos. Ya gozaron de otra exposición colectiva en 1990, y para financiar esta la Comunidad de Madrid ha aportado cien mil euros. Entre las casi noventa piezas expuestas hay óleos, esculturas, relieves y dibujos que establecen diálogos que demuestran los puntos que tienen en común, tanto en la elección de los temas como en la forma de abordarlos, así como de las menores pero evidentes diferencias. Revelan una poética compartida: una visión de lo cotidiano impregnada de misterio y melancolía, marcada por la huella del tiempo y el revolotear de la muerte. Un distanciamiento que conecta tanto con distintas corrientes figurativas del siglo XX (como la pintura metafísica, la “nueva objetividad” o el surrealismo), como con esa tradición cruda de la pintura española (y de la literatura y de todo), tan pegada a la realidad y al mismo tiempo repleta de sus resonancias meditativas y alegóricas.

Tras los años iniciales de formación en la década de 1950, que muchos de ellos compartieron en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, en la calle de Alcalá, sus trayectorias vitales y profesionales han ido transcurriendo casi en paralelo, con un intenso intercambio intelectual y artístico. Su consolidación como grupo se manifiesta a través de exposiciones colectivas, tanto dentro como fuera de nuestro país, que van desde Realismo Mágico en España (Fráncfort, 1970) hasta la citada Otra realidad. Compañeros en Madrid (Casa de las Alhajas, Madrid, 1992).

Digamos que Isabel Quintanilla, la más joven del grupo, resulta a día de hoy el mayor descubrimiento, desde sus bodegones a sus interiores para después salir al jardín y contemplar esa higueras y esas tapias de alrededor. Su dibujo ‘El marido de la artista dibujando a Antonio López’ de 1974 puede resumir lo que ha sido le núcleo existencial de este grupo. Dos cuadros únicamente aporta Esperanza Parada, que fue la que menos pintó del grupo, siempre tras la presencia más pública de su marido Julio. En cuanto a María Moreno, a la que sus condiciones de salud han impedido acudir en persona en estos días al Thyssen, aporta dibujos y óleos de los patios, jardines y calles adyacentes a su casa. Por su parte, Amalia Avia siempre ha sido estimada y valorada. Técnicamente es quizás la mejor del grupo y sus composiciones ‘Filatelia Finarte, 1989’ y ‘Benito García Fontanero, 1988’ recogen el espíritu de esta baqueteada ciudad enmarcando esa poderosa ‘Puerta del Sol, 1979’ que desde su creación se ha convertido en una de las imágenes más representativas de la ciudad.

Antonio López irrumpe en la muestra con su célebre lavabo mohoso, en el que moran las cuchillas de su último afeitado. y con ese cuarto de baño de 1966 comparado al dibujo del mismo, ya ruinoso, años después; no pueden faltar sus vistas aéreas de Madrid y sus imágenes de la Gran Vía. Su última obra recién terminada -‘Ventana de noche’, 2013-2015′, cierra la exposición con un inesperado giro nunca practicado en su pintura, una visión de gran angular y a gran tamaño de un paisaje urbano nocturno a través, cómo no, de una ventana. Los otros lópeces, los hermanos Julio y Francisco despliegan esculturas. Julio (que compagina esta muestra colectiva con otra suya individual a tan sólo un kilómetro de distancia) en la Academia de Bellas Artes (ver nuestra reseña) ha traído esta vez una ‘Silla con gabardina, 1964’ en bronce y su ‘El alcalde, 1972’ entre otras piezas, y Francisco aporta sorprendentes bustos y figuras en madera de enorme calidad y originalidad en la escultura actual.

Hay sorpresas inesperadas como ‘Roma 1998-1999’, una espectacular visión de Quintanilla desde el Gianicolo, y su ‘Barrio de Vallecas, 1981’ colocado al lado del ‘Vallecas, 1980-1985’ de Moreno, ambos pintados desde el misma altozano, con la misma perspectiva y el mismo horizonte de contaminación urbana oscureciendo los cielos madrileños. Se cotejan y acompañan también vistas de la Gran Vía que Antonio López y María Moreno, pintaron trabajando uno junto al otro desde el
mismo mirador y con similares perspectivas.

El realismo pictórico nació a mediados del siglo XIX como reacción al idealismo romántico, con una estética basada en la representación directa de la realidad, una pintura sin argumento, una captación simple en la cual lo fundamental es la forma en que se representa la imagen, y no su desarrollo narrativo. El realismo es un término confuso y de muy difícil definición en lo que respecta a las artes plásticas; en general, sólo alude a una cierta actitud del artista frente a la realidad, en la que la plasmación de ésta no tiene que ser necesariamente copia o imitación, aunque sí ajustarse a una cierta verosimilitud. Los realistas no buscan la belleza, reproducen la realidad sin embellecerla. Cada ser u objeto tiene su belleza peculiar, y de eso se trata, de descubrirla. Una reflexión sin idealizar ni la sociedad ni la naturaleza, centrados en la vida cotidiana.

Francisco Calvo Serraller escribe en el catálogo: ‘El realismo fue quizás el movimiento de vanguardia más conspicuo y duradero de nuestra época, pues creado en el ecuador del siglo XIX, perduró y perdura en el XX y en la actualidad… Pero el realismo de los realistas madrileños es sobremanera singular por haber ahondado en zonas de silencio y despojamiento hasta ahora casi inéditas, una actitud existencial genuinamente contemporánea desde el punto de vista simbólico… Una excelente ocasión para reflexionar sobre el arte de nuestra época… (para) defenestrar los tópicos que nos han impedido mirar y comprender lo que teníamos delante’.

Esta exposición se mira y se remira en busca de atrapar esa realidad que siempre se escapa. Contiene una emoción, una carga sentimental que no tienen otras exposiciones, que no transmiten otros artistas. Viene a decir que la pintura y la escultura aún no han desaparecido bajo el ímpetu de las nuevas tendencias de instalación y performance. Que el dualismo figuración/no-figuración es una mera clasificación académica. Que este realismo tan nostálgico de un pasado cercano pervivió a pesar del péndulo del gusto oficial de cada época, y entonces y ahora siempre ocupó su lugar. Y que este grupo de Realistas de Madrid -que no fueron los únicos, véase el realismo politizado de Genovés y sus camaradas- tiene un peso y significado más allá incluso de su dimensión artística que le convierte en algo especial, en algo a valorar sinceramente dentro del panorama artístico europeo y del cierto renacer del arte realista contemporáneo que algunos vislumbran ya (ver un interesante artículo a propósito de ello).

Calificación de la Exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 8
Comisariado: 8
Catálogo: n/v
Explicación al visitante: 8
Documentación a los medios: 8

Museo Thyssen-Bornemisza
Realistas de Madrid
Del 9 de febrero al 22 de mayo de 2016
Con la colaboración de la Comunidad de Madrid
Comisarios: Guillermo Solana, director artístico del Museo, y María López, hija del pintor Antonio López. Comisaria técnica: Leticia de Cos, Área de Conservación del Museo.

Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid. Salas Moneo, planta -1
Horario: de martes a viernes y domingos, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21.
Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales:
– Entrada general: 12 €
– Entrada reducida: 8 € para mayores de 65 años, pensionistas, estudiantes previa acreditación
y familias numerosas
– Entrada gratuita: menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo
Venta anticipada de entradas en taquillas, en la web del Museo y en el 902 760 511
Más información: www.museothyssen.org

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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