Moneo, medio siglo de arquitectura

Repaso a la trayectoria de uno de sus representantes actuales más prestigiado

Moneo, medio siglo de arquitectura
Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión - Museo Thyssen

José Rafael Moneo Vallés cumple 80 años el mes que viene y los celebra presentando una retrospectiva que resume su vida profesional, precisamente en las salas de uno de sus más conocidos trabajos, el Museo Thyssen-Bornemisza, en cuya realización tras vaciar y reconstruir un palacio del siglo XVIII, hubo no pocas diferencias en torno al acabado interior, al color de los  muros y al material de pavimento, finalmente resueltos a favor de la parte contratante. Aquello es ya agua pasada y la celebración de esta exposición lo rubrica.

Se titula ‘Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión. Materiales de archivo (1961-2016)’, y es la primera gran retrospectiva dedicada al arquitecto español. Se trata de una selección de 121 dibujos, 19 maquetas y 152 fotografías de un total de 52 de sus mejores proyectos. Está comisariada por Francisco González de Canales, profesor de la Universidad de Sevilla, y coproducida con la Fundación Barrié -que la presentó hace cinco años en La Coruña- y el propio Estudio Rafael Moneo.

La tesis que se propone es narrar la historia profesional de alguien que ‘buscó definir una aproximación al proyecto arquitectónico sobre una base disciplinar estable en medio de las condiciones cambiantes de su época, tomando la difícil posición de reivindicar la arquitectura como cultura y como forma específica de conocimiento’, una historia individual enmarcada en la global de esa disciplina, condicionada sucesivamente por las tendencias organicistas y estructuralistas (1950-1960), los discursos italianos sobre la ciudad (1960-1970), la ansiedad teórica de los arquitectos de la costa este americana (1970 -1980), o la creación del ‘star system global’ en los años 1990: ‘la exposición muestra en seis secciones biográficas cómo Moneo resiste, refleja y absorbe estos intereses diversos de su época para conformar una reflexión cultural propia’. La selección de materiales pone especial énfasis en la
importancia del dibujo como plasmación de la idea general, y acompañan a los dibujos, maquetas y fotografías que ayudan a ilustrar las obras seleccionadas.

En ‘Los años formativos'(hasta 1968) se explica cómo el joven arquitecto comienza su carrera desarrollando el organicismo propio de la llamada Escuela de Madrid: una arquitectura funcionalista que busca nuevas formas expresivas. Esta tendencia puede apreciarse en su concurso para la Ópera de Madrid (1964), la Fábrica de Transformadores Diestre (1964-1967), la Casa Gómez-Acebo (1966-1968) o las Escuelas en Tudela (1966-1971). Entre estas propuestas, destaca la Plaza del Obradoiro (1962).

En ‘Primera madurez’ (hasta 1976) se recoge su progresiva concepción de la historia de esta disciplina como un cuerpo de conocimientos que provee a los arquitectos de un conjunto de soluciones ya ensayadas por otros. Este nuevo modo de trabajar se expresa en trabajos como Bankinter (1972-1976) o el Ayuntamiento de Logroño (1973-1981), en los que la libertad compositiva de cada una de las partes del edificio posibilita la incorporación de fragmentos de arquitecturas ya ensayadas.

En ‘Entre Madrid y Nueva York’ (hasta 1984), influido por el énfasis del momento en la teoría y la especulación gráfica, se recoge su ampliación del Banco de España en Madrid (1978-1980), donde apuesta por continuar con el lenguaje academicista del edificio existente, y la obra que supuso su reconocimiento internacional, el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (1980-1986).

‘La experiencia americana: Harvard’ (hasta 1990), es la etapa en la que, nombrado director del Departamento de Arquitectura de Harvard, se traslada a vivir a Cambridge, Massachusetts, durante cinco años. Desde mediados de 1980, sus edificios se liberarían del dictado de la morfología urbana y optan por escalas más contundentes, como Atocha (1984-1992) o L´Illa Diagonal en Barcelona (1987-1994); se convierten en accidentes geográficos (Kursaal de San Sebastián, 1990-1999) o, incluso, en negaciones de su contexto urbano próximo, como la Fundación Joan y Pilar Miró en Palma de Mallorca (1987-1992) o l’Auditori de Barcelona (1987-1999).

En ‘Regreso a Madrid y reconocimiento internacional’ (hasta 1999), Moneo vendría a plantearse que el contexto no debe dictar una respuesta preconcebida, sino que debe ser interpretado, recíprocamente construido y a veces incluso confrontado. Proyectos como el Museo de Arte Moderno y Arquitectura de Estocolmo (1991-1998), el Museo de Bellas Artes Audrey Jones Beck (1992-2000), la Catedral de Nuestra Señora de LosÁngeles (1996-2002) o la Ampliación del Museo del Prado (1998-2007), serían realizaciones de este planteamiento.

Finalmente, en ‘El presente de una práctica profesional reflexiva’ (hasta hoy), se recuerdan edificios como el LISE para la Universidad de Harvard (2000-2007) o el edificio de los Laboratorios de la Universidad de Columbia (2005-2010), en los que vendría a demostrar que las contradicciones de un encargo y la realidad de su construcción no son un lastre para el proyecto sino más bien una oportunidad de desarrollo de la idea inicial.

En fin, puede decirse que este arquitecto ha dejado una impronta bien visible del último tercio del siglo pasado en muchas ciudades españolas, cuando le llovieron los encargos de parcheado de espacios urbanos históricos que necesitan reformas importantes que contrastaran sin chocar con los ambientes conservados del pasado. Especialmente, instituciones culturales y edificios públicos, obras en muchos casos emblemáticas que venían a proclamar las virtudes públicas y los vicios privados de la autoridad política y el poder empresarial. Entre sus obras construidas destacarían el Museo Nacional de Arte Romano (1985), L’Illa Diagonal en Barcelona (1993), La Fundación Pilar y Joan Miró en Palma de Mallorca (1993), el Kursaal Auditorio y Centro de Congresos Center en San Sebastián (1999), la Ampliación del Ayuntamiento de Murcia (1999), o la Ampliación del Museo del Prado (2007). Y en su dimensión internacional, la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles (2002), y el Museo de Arte y Arquitectura de Estocolmo (1998). Moneo recibió el Pritzker Prize for Architecture en 1996, la Royal Gold Medal of the Royal Institute of British Architects en 2003 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2012.

Podría decirse que esta exposición, en base a una reflexión teórica especializada y a partir del archivo del arquitecto, es una propuesta de alto nivel, más sugerente para ese gremio que para el común de los mortales. Carece de dialéctica interna y es un desfile de realizaciones que impresiona más que subyuga. Las exposiciones de arquitectura y arquitectos tienen esa enorme dificultad, la de un arte y una técnica de dimensiones difícilmente abarcables sin simplificar. El espectador necesita una cultura arquitectónica que no es habitual para juzgar juntas y por separado 52 propuestas -unas realizadas, otras no- presentadas sin apenas respiro. No atraerá multitudes pero completa esa excepcional oferta que siempre se presenta en este museo.

DE PALACIO A MUSEO: HISTORIA DE UN EDIFICIO

La exposición tiene un bonito epílogo en forma de narración visual de la historia del edificio donde se celebra, coincidiendo con el 25 aniversario del Museo. Esta pequeña muestra, comisariada por el arquitecto José Manuel Barbeito, recoge la historia del Palacio Villahermosa desde mediados del siglo XVIII hasta su transformación en 1992 en el actual museo y su posterior ampliación.

Situada en el balcón mirador de la primera planta, consta de grabados, dibujos, planos y fotografías desde mediados del siglo XVIII, cuando don Diego de Silva, conde de Galve, adquiere el caserón situado en la esquina de la Carrera de San Jerónimo con el Paseo del Prado. En 1746, la duquesa de Atri compra las tierras y edificios colindantes y encarga a los arquitectos italianos al servicio de la corte, encabezados por Vigilio Rabaglio, la construcción de un palacio rococó de dos alturas. Tras la adquisición del inmueble a finales del siglo XVIII por los duques de Villahermosa, el palacio sufre varias ampliaciones y transformaciones que lo dotan de una tercera altura y del sobrio aspecto neoclásico que conocemos hoy. Ya en el siglo XIX, Jose Antonio, XIII duque de Villahermosa, se ve obligado a alquilar sus salones, como por ejemplo, en octubre de 1844, cuando Franz Liszt interpreta dos conciertos en el entonces Liceo Literario y Artístico de Madrid alojado en su interior.

Repartido finalmente entre los diversos herederos, desde 1956 el Palacio Villahermosa albergaba en su planta baja una sucursal del Banco Transatlántico. En 1972, el inmueble es adquirido por la Banca López-Quesada, quien encarga a Fernando Moreno Barberá la construcción en él de su sede central, demoliendo para ello todo su interior. Es entonces cuando Rafael Moneo lo transforma en museo para albergar la colección Thyssen-Bornemisza, realizando uno de los más osados ‘vaciados’ del centro histórico, algo que se repetiría más de la cuenta en décadas posteriores hasta llegar a la barbarie del complejo de Canalejas que se perpetra en estos días ante los ojos indiferentes de autoridades y ciudadanos preocupados por temas sin duda más trascendentes.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 6
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Catálogo: 8
Documentación a los medios: 9
Programa de mano: 8

Museo Thyssen-Bornemisza
Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión. Materiales de archivo (1961-2016)
Del 4 de abril al 11 de junio de 2017
Número de obras: 19 maquetas, 121 dibujos y 152 fotografías
Comisario: Francisco González de Canales
Coordinación y diseño: María Fraile
Coproducción: Fundación Barrié, Estudio Rafael Moneo y Museo Thyssen
Catálogo con textos de Francisco González de Canales y Rafael Moneo.
http://www.museothyssen.org/microsites/prensa/2017/Moneo/index.html

-DE PALACIO VILLAHERMOSA A MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA. HISTORIA DE UN EDIFICIO
Comisario: José Manuel Barbeito
Número de obras: 1 maqueta, 1 aguafuerte, 37 dibujos y 8 fotografías
Publicaciones: Libro con textos de José Manuel Barbeito y Rafael Moneo

Museo Thyssen-Bornemisza
Dirección: Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid. Salas Moneo, planta -1
Horario: de martes a viernes y domingos, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21 horas
Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales:
– Entrada general: 12 €
– Entrada reducida: 8 € para mayores de 65 años, pensionistas, estudiantes previa acreditación y
familias numerosas
– Entrada gratuita: menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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