Del minimalismo al estilo nórdico en países cálidos

Del minimalismo al estilo nórdico en países cálidos
Arquitectura Pixabay

El diseño de interiores es una disciplina que busca conciliar el propósito del cliente con un estilo decorativo. El propósito lo pone el cliente y el estilo decorativo el diseñador. No obstante, si alguien pregunta a un diseñador, éste responderá que el estilo decorativo se autoimpone por las características arquitectónicas, la intención del cliente y la moda imperante.

En la actualidad se observa una evolución del estilo minimalista: líneas rectas y limpias, pocos colores y puros, sin matices pero con contrastes que resaltan las líneas. Es un estilo sobrio pero potente, donde cada elemento que se integra en el fondo cobra una fuerza enorme. Una silla en medio de una sala vacía se convierte necesariamente en el objeto de nuestra mirada. Si elegimos, o ya se sabe, «somos elegidos» por el estilo minimalista, más vale que la silla tenga un diseño atractivo, o el centro de las miradas será el anfitrión.

El resultado de esta evolución es una tendencia más sencilla, porque aparentemente no se esfuerza en simplificar los espacios. Es el modelo nórdico, en el que destacan los colores fríos de fondo, quizá colores pastel apagados que otorgan fuerza a contrastes de colores vivos. Como se ve, no es un estilo que rompa con el minimalismo, sino que lo conduce a un aspecto en el que el habitante no es un elemento extraño, sino que forma parte misma de la decoración.

Desde IPE Maderas, empresa especializada en tarimas exteriores, nos comentan que el uso de la madera en la decoración moderna está en plena vigencia. La madera aporta un toque cálido, sencillo, íntimo de líneas también sencillas porque no se trata de madera enfocada a la filigrana, sino de un uso pragmático. Quizá solamente la pintura le dé un aspecto más elaborado.

En los países cálidos cobran enorme fuerza las tarimas de madera para terraza, que evocan un estilo de vida hogareño pero en el exterior. Evocan un lugar de celebración de la vida y del clima, paradójicamente mediterráneo pero cuidadosamente rudo. Se observa el uso de cuerdas desnudas de las que penden las bombillas. Las mesas y los bancos son toscos, también de madera. El aluminio es desplazado, aunque el óxido no se oculta.

Las pérgolas de madera se llenan de plantas trepadoras, de bombillas led que le dan un aspecto mágico, como de bosque encantado. Las pérgolas aparecen abrazadas por maceteros y regaderas, lo último en decoración.

Esto se ha conseguido, no gracias a las culturas nórdicas ni suburbanas, ni gracias a ecologistas ni grupos underground, sino a la mejora en el tratamiento de maderas, al abaratamiento en el casi nulo mantenimiento que exigen estos materiales. Esto facilita que todo el mundo pueda tener una tarima de madera para terraza flanqueada por cactus que se esconden tras la hiedra y geranios.

Así es la vida real. A la mayoría de la gente no le interesa diseñar su salón de acuerdo a la paleta de Mondrian. No obstante, de algún modo natural e intuitivo, los conceptos estéticos se filtran indefinidamente en la sociedad, que sin encontrar el galicismo fabricado ad hoc por los marchantes de arte. El arte bebe de las fuentes populares porque la belleza es una virtud que brilla a todos los ojos, independientemente de que quien la ve se quiera inventar una palabra para definirlo.

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