Emocionante Sorolla, por J.C.Deus

El Museo del Prado presenta la mayor y más importante antológica que se ha dedicado nunca a Joaquín Sorolla, el pintor español con mayor proyección internacional del siglo XIX. El centenar de pinturas del artista suponen un ambicioso recorrido el que se dan cita todas sus grandes obras maestras, incluido el conjunto de paneles de sus Visiones de España pintados para la Hispanic Society of America y traídos a España en 2007, que ya fueran exhibidas en Valencia y otras ciudades españolas en olor de multitudes.

No se deje amilanar por las que llenarán el Prado. No se crea que conoce a Sorolla porque haya visto algunos de sus cuadros reproducidos aquí y allá. Y mucho menos preste oídos a esos tópicos despreciativos que sembraron gente como Valle Inclán, ese menospreciar el gusto ajeno por no ser el propio. Al hipervalorado marqués de Bradomín le gustaban más las brumas cantábricas que los fulgores meridionales. A mí también; pero hacía mucho, mucho tiempo que no sentía una emoción tan arrolladora como la que me ha embargado en esta exposición, crónica de un mundo perdido para siempre, en sus trabajadores humildes y sus burgueses ricos, en sus prohombres y sus niños, en paisajes y salones, y sobre todo -sí- en el reverberar del sol a orillas del Mediterráneo, en las sinfonías de brillos a través de toldos y persianas, en la reproducción de la atmósfera, del olor de un momento único donde unas gentes únicas hacen algo que nunca será igual de nuevo bajo el mismo sol de siempre. Sorolla pintaba un tiempo perdido mientras todo cambiaba. El último figurativo, la antítesis de la vanguardia.

¿Fue o no fue tan impresionista como el que más? ¿Tuvo razón aferrándose a la coherencia o podía haber llegado más lejos soltando las amarras de la razón? En la exposición está su único intento por ir más allá, ‘La siesta’, un lienzo grande y cuadrado de 1911, que le convencería de no volverse a arriesgar.

Esta muestra “Joaquín Sorolla (1863-1923)” es una oportunidad única para tener una visión de conjunto de la obra del gran maestro valenciano, para ver reunido lo mejor de su producción, para ratificarse ante todo en que su éxito en vida y su prestigio popular después, son de todo punto merecidos, y tras este acontecimiento se verán ratificados con su incorporación casi oficial al puñado de nombres que encarnan a la pintura española de todos los tiempos.

El Museo del Prado lo está consagrando oficialmente como el último de los grandes maestros españoles. Durante las últimas décadas, la figura de Sorolla ha sido objeto de renovada atención, pero desde la muestra monográfica de carácter antológico dedicada al artista que se celebró en 1963 en las salas del Casón del Buen Retiro, no se había hecho ninguna más de estas características. Se quiere interpretar al pintor como el último gran maestro de las colecciones del Museo, dentro de la gran tradición de la escuela española, al presentarle con la misma envergadura y ambición que a todos los grandes nombres de la pintura española a los que el Prado ha dedicado otras exposiciones antológicas a lo largo de su historia, como Velázquez, Ribera, Murillo, El Greco, Zurbarán, Goya…

Sorolla fue un hombre de orden, un privilegiado que triunfó pronto y supo cultivar su don sin correr riesgos. Fue rico y famoso, feliz padre de familia tradicional, enamorado y fiel esposo, y discreta figura pública dedicada a su menester. Eligió ser un conservador y no un innovador. Prefirió la tradición al vanguardismo. Por todo ello ha sufrido prejuicios, inquinas y envidias. Pero como termina sucediendo cuando el denostado se aferra a su trabajo sin dejarse comer la moral, sus valores y méritos han terminado imponiendo su presencia histórica.

La exposición comienza con ‘El Palleter, declarando la guerra a Napoleón’, un lienzo de 154 x 205 cm, con el que a los 21 años ganó su beca para Roma, y termina, 102 obras después, con ‘Jardín de la casa de Sorolla’, su última obra, la que premonitoriamente reflejaría el entorno del que ya no se moverá en los siguientes tres años, aquejado de una apoplejía que le conducirá a la tumba a los 60 años de edad.

Sorolla es efectivamente el pintor de la luz cegadora de las playas levantinas, pero es también el retratista de toda la intelectualidad de su época, el riguroso cronista de la vida de su familia, y el plasmador incansable de todo lo que aparecía ante sus ojos. Sus retratos de Azorín, Unamuno, Pérez Galdós, Echegaray, Baroja, Cajal y muchos más forman una completa galería de su época que pocos pintores pueden igualar. Su crónica familiar, desde ‘Los abuelos de mis hijos’, es también capítulo inusualmente completo en la obra de un artista.

Entre los 102 lienzos reunidos, procedentes de museos y colecciones de todo el mundo, se incluyen todas las obras maestras del artista y aquellas que más fama le dieron, como La vuelta de la pesca (1894), procedente del Musée d’Orsay de París; Cosiendo la vela (1896), de la Galleria Internazionale d’Arte Moderna di Ca’Pesaro de Venecia; ¡Triste herencia! (1899) de la Colección Bancaja; Sol de la tarde (1903) de la Hispanic Society of America de Nueva York, obra que regresa por primera vez a España con motivo de esta exposición desde que fuera vendida a Nueva York por el propio artista; El fotógrafo Christian Franzen (1903) de la Colección Lorenzana; o Desnudo de Mujer (1902) y El bote blanco. Jávea (1905), ambas de colección particular.

Como es lógico, la muestra cuenta también con la producción del artista conservada en el propio Museo del Prado, entre los que se incluyen el celebérrimo ¡Aún dicen que el pescado es caro! (1894) o Chicos en la playa (1909), además de un gran número de obras del Museo Sorolla de Madrid, como El baño del caballo (1909), Paseo a la orilla del mar (1909) o La bata rosa (1916), entre otras.

El recorrido de la exposición, fundamentalmente cronológico, se estructura en varios ámbitos con las distintas temáticas en cada período del artista. Se han reunido los cuadros de pintura social que le dieron su primera fama en las últimas décadas del siglo XIX. A continuación, un amplio conjunto de retratos y un desnudo ponen de manifiesto la profunda influencia de Velázquez en sus composiciones durante los primeros años del siglo XX. En otro ámbito se exhiben sus mejores escenas de playa, pintadas en 1908 y 1909, para terminar con sus paisajes. Los comisarios de la muestra, José Luis Díez y Javier Barón, han hecho un gran trabajo. Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del pintor, ha aportado el espíritu de ese honorable desconocido que es el Museo Sorolla de Madrid, con el que su bisabuela dio ejemplo de generosidad.

Debido a su particular significación y gran formato, los catorce paneles de las Visiones de España pintados para la Hispanic Society of America ocupan una sala completa de las cuatro en las que se presentará la exposición. Este espectacular conjunto constituye el más fastuoso proyecto decorativo de la fecundísima carrera Sorolla, además del verdadero epílogo y síntesis de toda su producción. Está formado por las doce escenas con las que entre 1913 y 1918 quiso resumir el engranaje de diversidades tan evidente y tan complicado que formaba y forma su país y el nuestro. Sus títulos y temática -Castilla. La Fiesta del Pan, Sevilla. Los nazarenos, Aragón. La jota, Navarra. El concejo del Roncal, Guipúzcoa. Los bolos, Andalucía. El encierro, Sevilla. El baile, Sevilla. Los toreros, Galicia. La romería, Cataluña. El pescado, Valencia. Las grupas, Extremadura. El mercado, Elche. El palmeral, y Ayamonte. La pesca del atún-, son un documento digno de más de una reflexión y le recordarán el poema ‘Vientos del pueblo’ de Miguel Hernández, unas antípodas coincidentes.

Si no se fijó al principio, busque a la salida de la exposición una gran fotografía de Sorolla trabajando paleta en ristre en 1909, justo hace un siglo, en su El baño del caballo. Éste es el hombre que hoy celebramos.

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA

Joaquín Sorolla (1863-1923)
26 de mayo – 6 de septiembre de 2009
Museo Nacional del Prado, Edificio Jerónimos
Con el patrocinio de Bancaja
Más información en www.museodelprado.es

El catálogo de la exposición, con edición en español y en inglés (en coedición con El Viso), aspira a ser la primera monografía de referencia del pintor y ha sido concebido con el mismo peso académico que los editados por el Museo de los grandes maestros de su colección. El catálogo se puede adquirir on-line, a través de la Tienda Prado en internet, www.tiendaprado.com, con un 5% de descuento sobre el precio de aplicación en las tiendas del Museo.

El Museo ha organizado un programa especial de actividades que incluye el habitual ciclo de conferencias, charlas didácticas, visitas exclusivas para jóvenes (El Prado Joven, últimos viernes de mes), conciertos, cine, tertulias de arte para mayores de 65 años y explicaciones sobre la muestra en instituciones culturales y sociales de la Comunidad de Madrid. También se ha programado un curso monográfico destinado a estudiantes universitarios y público en general que contará con la participación de destacados especialistas en la materia.

El régimen especial de acceso establecido para la exposición “Joaquín Sorolla (1863-1923)” incorporará como principal novedad no sólo la posibilidad de beneficiarse de un descuento sobre el precio en taquilla (10 euros) en cada entrada general adquirida por los canales de venta anticipada (9 euros) sino que además el servicio de venta anticipada incorpora, por primera vez, las opciones de adquirir o reservar entradas con tarifa reducida o gratuita (siempre que se cumplan los requisitos específicos establecidos y a condición de que estos se acrediten documentalmente al validar la entrada antes de entrar al Museo).

Por otra parte y como iniciativa adoptada con el fin de evitar la formación de colas en el acceso de la exposición, así como garantizar el mantenimiento de un nivel de aforo regular durante todo su horario de apertura, todas las entradas –incluidas las adquiridas en taquillas- conllevarán la fijación de una hora determinada de acceso. Las taquillas expenderán las entradas con pases cada quince minutos, de forma que se garantice un número máximo de accesos a la exposición cada cuarto de hora, mientras que el sistema de venta anticipada permitirá seleccionar la fecha y hora de acceso siempre que queden entradas disponibles para la selección realizada.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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