Atrocidades, Shakespeare y Animalario, por J.C.Deus

‘Tito Andrónico’ es probablemente la más brutal obra de teatro de la historia, tanto que estuvo tres siglos sin representarse a pesar de estar firmada por William Shakespeare. Es una acumulación desaforada de crímenes caprichosos, enloquecidas venganzas y enormes ruindades entre los que el Mal aparece orgulloso y desafiante. Con estos mimbres, el largo y angustioso montaje que Animalario ha traído al Matadero de Madrid se convierte en un desafío para espectadores curtidos y amantes de las emociones extremas. Un auténtico plato fuerte de tres horas de duración en plena canícula. Todo un espectáculo.

El protagonista, Tito Andrónico, un victorioso pero obtuso general romano, renunciará a suceder al emperador fallecido apoyando al peor de sus dos hijos, Saturnino, para que suba al trono. Previamente, ha ajusticiado a uno de los hijos de la reina goda, Tamora, que ha traído prisionera a Roma con su criado negro y otros dos hijos. El necio nuevo emperador quiere casarse con la hija de Tito, Lavinia, pero ésta prefiere al hermano no elegido, Bassiano, originando un enfrentamiento en el que Tito mata a uno de sus hijos por defender a Saturnino. Éste, despechado por Lavinia y desagradecido a Tito, se fija en la taimada y vengativa Tamora y la hace emperatriz, fingiendo por su consejo una reconciliación inexistente con los Andrónico. Al contrario, Tamora sólo piensa en vengarse de Tito por haber ejecutado a su hijo. Su consejero y amante, Aaron el negro, incita a los hijos de Tamora -Demetrio y Quirón- a violar a Lavinia y amputar manos y lengua para que no les delate, matando también Bassiano y simulando que el autor ha sido uno de los hijos de Tito. Saturnino lo apresa para ejecutarlo, y Aaron engaña a Tito con la promesa de que será liberado si se corta una mano, sumando así el padre su mutilación a la de su hija.

A las desgracias sucesivas de Tito se suma el envío en un saco de la cabeza de su hijo degollado. Enloquece definitivamente pero acierta a enviar a su único hijo superviviente, Lucio, en busca de los godos para que ataquen Roma. Mientras, Tamora ha tenido un hijo negro de su amante, que temiendo que se entere el emperador del consumado adulterio, mata a comadrona y nodriza e intenta esconder al niño, cayendo preso de los hombres de Lucio, ante el que confiesa sus crímenes sin el menor arrepentimiento a cambio de la vida del bebé, el único que ha despertado su ternura en esta vida. Para evitar el ataque de Lucio, Saturnino y Tamora intentan tenderle una trampa engañando a Tito para que convoque una cumbre de las dos partes en su casa, pero éste se percata, degüella a los hijos de Tamora que mutilaron a su hija Lavinia, y en el banquete concertado sirve a los comensales platos cocinados por él mismo con los ojos y las orejas y otras ‘delicatessen’ de los dos vástagos godos. Finalmente, en una bestial orgía de sangre, Tito mata a Tamora, Saturnino mata a Tito, y Lucio a Saturnino, siendo coronado emperador.

Me salen once muertes violentas, dos mutilaciones, una violación y un banquete antropófago en escena. Con razón, el director ha procurado no cargar aún más las tintas y la versión presentada no es especialmente truculenta. Alrededor de un pequeño tablado circular y giratorio, con un agujero en medio por el que se eliminan los cadáveres y donde se realizan algunas de las peores fechorías, con un vestuario ecléctico, algunas sillas y varios efectos especiales, el director Andrés Lima realiza una versión convincente.

La propuesta de Animalario es sobresaliente, destacando el protagonismo de la presencia musical y la interpretación del elenco en su conjunto, del que si hay que destacar, destacamos a Javier Gutiérrez en un histriónico Saturnino, Fernando Cayo en un poderoso Aarón, y a Enric Benavent en un alucinado Marco Andrónico, el juicioso hermano del aventado protagonista. Desde la traducción a la música todo colabora al éxito colectivo en un proyecto difícil.

Andrés Lima entiende este texto de Shakespeare como una “guerra de familias”, que adquiere una verdadera dimensión política, porque las familias representantes del poder luchan devorándose entre sí. Podría ser. Yo no metería a la denostada institución en este tinglado. Lo que sin duda se nota es que director y equipo han hecho sus deberes a través de una preparación concienzuda. Y eso, el trabajo bien hecho, siempre es de agradecer.

Tito Andrónico se estrenó como si dijéramos ayer mismo, el 24 de enero de 1594, convirtiéndose en un éxito inmediato. Siguió en escena durante 20 años sin interrupción, pero, desde mediados del siglo XVII dejó de representarse por las razones obvias que hemos expuesto. Y porque, todo hay que decirlo, es una pieza sensacionalista y tremebunda, con textos menos brillantes y personajes menos logrados que los de las obras capitales del gran dramaturgo inglés. Recibida como demasiado violenta por el público e ignorada por los
expertos, no volvió a los escenarios hasta 1923 de la mano de Robert Atkins. No obstante, no logró una verdadera aceptación hasta que en 1955, Peter Brook dirigió una producción con Lawrence Olivier –como Tito- y Anthony Quayle –en el papel de Aarón-. En 1987, la directora de escena Deborah Warner puso en pie una producción con Briam Cox, y en 1999 se estrenó la adaptación cinematográfica de Julie Taymor, con los actores Anthony Hopkins, Henry Lennix y Jessica Lange.

Lima cuenta así su proyecto: ‘He imaginado que cada personaje que entra en escena, va poniendo la mesa para el banquete en el que al final los padres se comerán a sus hijos. Tito, en esta tragedia de sangre, acabará friendo morcillas de príncipe para que se las coman sus padres. Toda la violencia y crueldad de la función está contenida en una apacible comida familiar de domingo. Esa mesa de familia numerosa será la idea básica del espacio escénico. La base de la actuación y el trampolín de todos los espacios de Tito Andrónico. Como en las mejores tragedias, todos mueren’.

‘Después de tantos años dedicados al estudio y a la traducción de las obras de William Shakespeare, aporta el traductor Salvador Oliva, ésta es la primera vez que se me ofrece traducir un texto para ser representado y adaptado a una dramaturgia concreta, la ideada por Andrés Lima. Ésta feliz circunstancia ha permitido que todos los implicados en la producción trabajáramos al unísono y
uniéramos nuestras energías para avanzar en la misma dirección. La larguísima preparación de ‘Tito Andrónico’ por parte de Animalario (director y actores han realizado varios talleres y seminarios dedicados a esta obra) me ha permitido trabajar con la máxima ilusión que se le puede ofrecer a un traductor. Como responsable, pues, de la “partitura” de este ‘Tito Andrónico’, me exigí una traducción en verso, como el original. Las traducciones en prosa siempre me han dado la impresión de ser como encefalogramas planos. No hay duda de que el mejor verso para una traducción al castellano es lo que se ha llamado métrica compleja, que consiste en organizar segmentos (versos o hemistiquios) donde se combinan ritmos binarios y/o ternarios recurrentes, y el resultado coincide muchas veces con los metros conocidos. Este alejamiento del isosilabismo evita a los actores la repetición de los mismos patrones acentuales y entonativos, les da un amplio registro de elocución, y, por consiguiente, la posibilidad de elegir no tan sólo la que se adapte más a su concepción del personaje, sino también la que se adapte más a su estado de ánimo en cada representación’. Nos gusta que la gente se explique. Faltan explicaciones en el teatro español actual.

Animalario se hicieron tristemente famosos con excentricidades oportunistas de carácter extraartístico. Pero afortunadamente, han vuelto a lo suyo, a lo que saben hacer y de lo que entienden. Su ‘Urtaín’ destacó la temporada pasada por no ser un fácil panfleto. Este ‘Tito Andrónico’ despierta optimismo fundado sobre el futuro del grupo.

TITO ANDRÓNICO
William Shakespeare
Dirección: Andrés Lima
NAVES DEL ESPAÑOL
MATADERO

Reparto por orden alfabético

Enric Benavent – Marco Andrónico
Alfonso Begara – Quirón
Fernando Cayo – Aarón el Negro
Juan Ceacero – Lucio Andrónico
Julio Cortázar – Bassiano, Emilio y Rústico
Elisabet Gelabert – Lavinia
Javier Gutiérrez / Tomás Pozzi – Saturnino, emperador de Roma, niño Lucio,
Marcio y Nodriza
Nathalie Poza – Tamora, reina de los Godos
Alberto San Juan – Tito Andrónico
Luis Zahera – Demetrio

Músicos en escena
Aurora Martínez Arévalo (Violoncello)- Mucio Andrónico
Raúl Miguel (Trompeta)- Alarbo (Godo)

FICHA ARTÍSTICA

Traducción Salvador Oliva
Iluminación Dominique Borrini
Escenografía y vestuario Beatriz San Juan
Banda sonora y espacio sonoro Nick Powell
Fotografías Claudio de Casas
Ayundante de dirección Celia León
Ayudante de vestuario Beatriz Alcalde
Ayudante de escenografía Manuel Roca y Almudena Bautista
Sastrería Alberto Valcárcel
Construcción de escenografía Odeón, Secohm Technology, Sfumato,
Peroni
Técnicos de iluminación Juan Luis Moreno y Manuel Ramírez
Técnicos de sonido José Peña y Rubén Muiño
Maquinista Miguel Ángel Guisado
Vestuario y utilería de gira Reyes Carrasco
Producción Joseba Gil y Esther Fernández
Documentalista Walter Scopherbill
Dirección Andrés Lima
Una coproducción de Animalario y el Festival de Mérida.

Del 30 de julio al 30 de agosto de 2009
De martes a domingos, 20.30 h.
Precio: 22 euros
Martes y miércoles 25% descuento
Paseo de la Chopera 14
Metro: Legazpi
Cercanías: Embajadores
Autobuses: 6, 8, 9, 45, 78 y 48.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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