La abrupta roca de nuestro pasado, por J.C.Deus

‘En la Roca’ es una pieza de teatro de bolsillo mucho más interesante de lo que pueda parecer a simple vista. Se ha presentado, erróneamente en mi opinión, como el encuentro de dos espías soviéticos de nacionalidad británica en Gibraltar para preparar un atentado con contra Franco en el verano de 1937, poco después del bombardeo de Gernika, mientras los nacionalistas catalanes y los comunistas desatan una alevosa matanza contra miles de anarquistas y troskistas en Barcelona, cuando ya está más que claro que la República está minada y no puede aplastar el llamado alzamiento nacional.

Pero siendo esta la anécdota, es mucho más importante el trasfondo. El de los militantes fanáticos de las diferentes causas redentoras durante el siglo pasado que, aún descubriendo las miserias y mentiras que se ocultan detrás de las justicieras consignas, se retuercen en agónico dilema interior entre lucidez y seguidismo, entre seguir su conciencia y romper con la sagrada causa que les ha engañado, o mantenerse fiel a ella por cobardía y posibilismo. Y este dilema resume más que ningún otro la peripecia de millones de abnegados militantes comunistas, falangistas, anarquistas, nacional socialistas, de miles y miles de luchadores antifranquistas, los muchos que vieron sus anhelos traicionados, los pocos que se atrevieron a evolucionar mirando de frente, y los aún menos que fueron capaces de decirlo en medio de feroz incomprensión.

Por eso, esta pieza modesta que es únicamente la conversación de dos amigos en un supuesto hotel, ‘The Rock’, instalado en el limbo de Gibraltar, en las sangrientas vísperas ibéricas de la segunda guerra mundial, merece ser vista y debatida más allá de sus fallos e insuficiencias. Debatida tras ser vista, como ocurre con los espectáculos que aportan; debatida, regurgitada y llevada hasta sus últimas consecuencias, que son ese magma hirviente formado con las incógnitas, los sufrimientos y las esperanzas de toda una época.

Los dos espías lo son por militancia, son dos intelectuales idealistas británicos convertidos a la causa comunista. Como tantos otros, abrazaron la causa del proletariado, sacrificaron su vida burguesa, fueron más proletarios que los obreros y más radicales que nadie, y comenzaron a dudar al cabo del tiempo ante la cabezonería de una realidad diferente a las consignas, a los himnos, a las promesas. Militantes que se negaron a veces durante toda una vida a reconocer la evidencia, hasta que cayeron sobre ellos mil muros de berlín. Y aún así, todavía encuentran argumentos, disculpas, coartadas para negar la evidencia. Una evidencia que como ocurre en este vestíbulo desierto de un ficticio hotel gibraltareño, no es negarse a sí mismo, no es abjurar de las buenas intenciones individuales y colectivas, no es negar heroismos y sacrificios, sino al contrario, reconocer que la idea fue derrotada por la realidad, que no podía ser de otra manera dada la actual naturaleza humana, que el desafío queda pendiente con otras formas y para estadios más avanzados de la especie a la que pertenecemos.

Su conversación, más que la anécdota de un posible atentado contra Franco, es este debate del que hablamos, el que ha torturado a varias generaciones de comunistas hasta nuestros días. La tragedia de una causa sagrada convertida en una carnicería física y una tortura espiritual. Queridos ex militantes de tantas siglas revolucionarias, por no hablar únicamente de las propias mías: cualquiera que sea el estadio de vuestra evolución actual, nunca vendrá mal esta obra para proseguir dilucidando.

El autor, Ernesto Caballero, ha escrito una historia de ficción con apariencia real, en esa mezcolanza entre hechos e invenciones que asola a la literatura actual. Claro que se puede reescribir la historia, pero hay que advertirlo honestamente y no hacer pasar gato por liebre. Esta conversación en el bar del hotel ‘The Rock’ jamás existió, es una absoluta creación literaria por más que se ancle en referencias históricas concretas. El texto de Caballero es un poco libresco y a veces retórico, pero en su conjunto es un interesante intento de reflexión sobre la historia reciente.

El director, Ignacio García, hace un trabajo aceptable aunque limitado, poco ambicioso, ceñido a un decorado, adornado con unas pocas proyecciones de fotofija. Eso obliga a los dos personajes a realizar un esfuerzo continuado e ininterrumpido que les sitúa en el límite de sus posibilidades. Eloy Azorín y Chema León están bien, pero recurren a sendos tics en sus caracterizaciones -la suficiencia grandilocuente de Guy, los aspavientos dramáticos de Kim-, que chirrían a veces rompiendo el verismo dominante en sus personajes. Quizás las referencias a Stalin y Franco, las citas de Churchill y Merry del Val, la columna Durruti y la ofensiva de Belchite (por no hablar de los sucesos de Barcelona) podrían haber servido para aumentar la densidad del escenario con proyecciones audiovisuales y fantasmas de carne y hueso, y así introducir ese toque onírico/pesadillesco que echamos en falta.

Ernesto Caballero afirma querer alejarse ‘de presupuestos sectarios muy poco productivos tanto en el ámbito del ejercicio histórico como en los de la creación que, desgraciadamente, no son poco frecuentes’. Sólo por ello, ya tiene nuestro apoyo. Y por proponer ‘una reflexión sobrte el temporal de sangre y destrucción que sembraron en su día los totalitarismos supuestamente emancipadores’. Algunos llevamos reflexionando toda esta ‘Transición hacia ninguna parte’. Otros muchos no han empezado todavía.

Para Ignacio García, ‘En la Roca’ es un magnífico texto teatral lleno de elementos apasionantes, por la fantástica situación que se plantea, por el conflicto entre lo público y lo privado, entre el deber para con la historia y las dudas del individuo, por la reflexión sobre la capacidad de cambiar el mundo en el que vivimos y reaccionar ante la tiranía y la injusticia. Es un texto de hoy sobre una historia de siempre, un texto que se cuestiona, entre otras tantas cosas, la legitimidad del tiranicidio en un contexto extremo como una guerra: todo esto es de una teatralidad latente y vigorosa con dos personajes fascinantes y llenos de recovecos. ‘Pero En la roca, añade, por encima de ese contexto espacial e histórico, de la ideología y de la política, lo que hay fundamentalmente es un viaje emocional de dos jóvenes combativos llenos de contradicciones. Sus dudas y sus enfrentamientos les llevan de la euforia por la acción, de la excitación de las armas y su protagonismo en la contienda a sus miedos, sus preocupaciones y su resignación ante la incapacidad del individuo de cambiar la historia’.

Coincidimos con Ignacio García en que éste es un “magnífico texto teatral lleno de elementos apasionantes” por encima del contexto espacial e histórico. Traducido al inglés fue objeto de una lectura dramatizada en Londres, pero ésta es la primera vez que En la roca se representa en un escenario. El día en que asistimos, éramos sólo 14 espectadores. Convóquese a la parroquia supuestamente de izquierdas a acudir presurosa al desafío de esta obra. A comparar Franco y Stalin. A dilucidad qué fue peor, si el nazismo o el comunismo. A dudar y creer y dudar de nuevo.

EN LA ROCA
TEATRO ESPAÑOL
SALA PEQUEÑA

Texto de Ernesto Caballero
Dirección: Ignacio García
Desde el 10 diciembre hasta el 24 de enero de 2010

Intérpretes
Eloy Azorín Guy
Chema León Kim

Equipo artístico
Escenografía Nicolás Bueno
Vestuario Patricia Hitos
Iluminación Paco Ariza
Diseño de sonido Mariano García
Producción del Teatro Español

De martes a sábados a las 20.30 h.
Domingos a las 19 h.
Precio: 16 euros
Martes y miércoles 25% decuento
www.teatroespanol.es

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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