Blanca Portillo dirige en Barcelona ‘La avería’, una obra sobre la vejez y la justicia

La obra ‘La avería’, que podrá verse en el Teatre Romea de Barcelona a partir de este jueves bajo la dirección de Blanca Portillo, se centra en la vida de cinco ancianos para proponer un inquietante debate entre ley y justicia.

«¿Es justo que obliguen a alguien a jubilarse si no quiere? Pues a lo mejor no es justo pero desde luego no está penado», ha reflexionado Portillo en la rueda de prensa, donde ha presentado ‘La avería’, una obra basada en un cuento de Friedrich Dürrenmatt, que la actriz y directora ha dedicido llevar a escena tras 15 años meditando sobre el tema.

El espectáculo explica la historia de un joven exitoso (José Luis García Pérez), representante general de una firma textil, que al averiarse su coche, decide hospedarse en casa de un anciano que le invita a cenar con sus amigos –que habían estado relacionados profesionalmente con el mundo de la justicia– y le propone que participe en su juego preferido: continuar juzgando a las personas y a la sociedad, pero con la libertad que les otorga el no verse sometidos a la responsabilidad de sus antiguos oficios.

Durante la cena, el joven descubrirá que vive en una sociedad donde lo que prevalece es el éxito y el estatus y donde se van dejando cosas por el camino, «como los valores del respeto, la solidaridad y el cariño», ha explicado Portillo.

Los ancianos protagonistas (Daniel Grao, Emma Suárez, Fernando Soto, Asier Etxeandia y José Luis Torrijo) se resisten a que la jubilación les eche de la vida y del mundo, y demuestran que en el fondo tienen un espíritu joven y luchador.

Uno de los aspectos más comentados de la propuesta, que se estrenó en enero en la sala El Matadero de Madrid, es el hecho de que los actores sean jóvenes y vayan caracterizados con máscaras para parecer ancianos.

«Ha sido una decisión muy meditada, pero pensábamos que era imprescindible tener actores jóvenes, dado que, a lo largo de la cena, los viejos sufren una transformación interior y rejuvenecen, saltan, bailan, beben y bailan», ha justificado Portillo.

En ese sentido, Suárez ha asegurado que, como actores, lo ideal sería que no se les reconociera nunca porque eso significaría que encarnan perfectamente al personaje y no a ellos mismos.

Soto ha señalado que la edad es un factor importante, pero que todo el mundo se puede llegar a identificar con los ancianos porque el dolor que tienen los personajes se puede sentir tanto con 90 como con 20 años: «Queremos hablar de la humanidad y no de los achaques».

La obra, producida por Focus y cuya versión teatral ha sido llevada a cabo por Fernando Sansegundo, podrá verse en Barcelonahasta el 15 de mayo.

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Autor

Irene Perezagua

Ejecutiva de cuentas en Interprofit. Fue redactora de Periodista Digital entre 2011 y 2013

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