Los hermanos Dardenne creen que es más importante un filme sobre el miedo que sobre la crisis

Los hermanos Dardenne creen que es más importante un filme sobre el miedo que sobre la crisis
Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne. EFE/Archivo

El cine no debe ser siempre de denuncia pero para los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne es así. Buscan historias que cuenten cómo vive la gente, meterse dentro de sus problemas y por eso creen que «es más importante hacer un filme sobre el miedo a vivir, que sobre la crisis económica».

«Buscamos historias que nos parezcan importantes y que nos apasionen, algo que nos aporte y que al mismo tiempo mire a la sociedad, a lo que pasa en la sociedad de hoy», explica Luc Dardenne en una entrevista con Efe en Madrid, tras pasar por la Seminci de Valladolid para presentar su última película «Le gamin au vélo».

Historias de personas más que del mundo, de cómo vive la gente y de por qué viven de una cierta forma. De cuáles son los impedimentos para sus vidas, como la falta de dinero.

Por eso, en esta época de crisis, a los Dardenne les interesa más el miedo a vivir de la gente y no la crisis en sí misma.

Lo que no quiere decir que ese vaya a ser el tema de su próxima película. «Nos gusta mantener el secreto», explica Luc, con 57 años el menor de esta pareja de cineastas que aseguran tener el secreto para su trabajo en equipo sin fisuras.

«No nos lanzamos a hacer un filme si no lo sentimos de la misma manera», precisa Luc ante la sonrisa de Jean-Pierre, de 60 años, el más bromista de los dos.

Con estas premisas comparten todo el trabajo y todas las tareas en sus películas. Solo durante el rodaje en decorados grandes o en exteriores se separan. Uno mira el vídeo y otro controla la cámara. Tareas también intercambiables.

«Hablamos todo el tiempo y vemos el mismo filme. Es una especie de milagro permanente, como lo es el cine en sí mismo, en el que existe una dualidad continua entre sonido y luz, entre técnica y actores. Siempre hay dos cosas en el cine y eso obliga a un trabajo en equipo», señala Luc.

Explicaciones pausadas e intervenciones milimétricas en las que ninguno de los dos se pisa ni interrumpe en sus contestaciones. Y, por supuesto,h nunca se corrigen.

El resultado profesional es un cine social, justo el que quieren hacer, sin que ello suponga menospreciar cualquier otro estilo o cineasta.

«El cine, desde siempre, ha sido diverso, múltiple. Es lo que le da su riqueza. Nosotros simplemente hacemos lo que queremos hacer. No es que hayamos decidido hacer una cosa u otra. Para otro tipo de cine hay cineastas estupendos como Woody Allen o Nani Moretti», indica Jean-Pierre.

Y ese cine social que defienden les ha valido ser los niños mimados del Festival de Cannes, donde han recibido dos Palmas de Oro por «Rosetta» (1995) y «L’enfant» (2005), un premio de guión por «Le silence de Lorna» (2008) y un Gran Premio del Jurado por «Le gamin au vélo».

Jean-Pierre protesta entre risas al calificativo de «mimados» aunque los dos reconocen estar encantados con el trato recibido en el Festival francés.

«La primera (Palma de Oro) fue la más difícil de conseguir. De un día a otro te encuentras expuesto y eso crea una enorme presión para el siguiente filme», reflexiona Jean-Pierre.

Al mismo tiempo, reconoce, esos premios garantizan una mayor distribución a sus películas que es lo que buscan todos los cineastas.

Pero Luc parece más que satisfecho con sus logros en Cannes. «Hay que dejar paso a la juventud», asegura convencido.

Aunque eso no quiere decir que estén pensando en dejar el cine. Siguen trabajando en películas nuevas por desvelar -dudan ahora entre dos proyectos- y presentan el último trabajo que maravilló en Cannes, «Le gamin au vélo».

Una historia dura pero más esperanzadora de lo que suele ser el cine de los Dardenne. Aunque ellos no están de acuerdo con ese matiz.

«Tiene más luz porque está rodada en verano. Es la primera vez que rodamos en agosto y septiembre. Hay luz del sol y árboles con hojas», comenta divertido Luc.

Y aunque sí reconocen que es más una historia de amor entre una mujer y un niño abandonado por su padre, consideran que en todos sus filmes hay espacio para la esperanza.

«No se trata de la felicidad personal. Es más una verdad moral lo que encontramos en nuestras películas».

Alicia García de Francisco

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