«Silencio en la nieve», un rodaje que surgió del frío

"Silencio en la nieve", un rodaje que surgió del frío
El director Gerardo Herrero (i) dando instrucciones a Sergi Castillejo. EFE/Archivo

De cuando en cuando, Gerardo Herrero interrumpe sus labores de productor para tomar las riendas de una historia que le interesa especialmente, como le sucedió con «Silencio en la nieve», en cuyo rodaje trasladó a todo su equipo al invierno de Lituania pare recrear un «thriller» en la División Azul.

A pocos kilómetros de la capital de la república báltica de Lituania, se producía hace casi un año un viaje en el tiempo a la Segunda Guerra Mundial, conflicto en el que si bien España no participó, envió a soldados de la División Azul, en cuyas filas convivían falangistas y republicanos limpiando sus culpas.

En la Rusia de 1943, dos soldados de caracteres e ideologías opuestas, interpretados por Juan Diego Botto y Carmelo Gómez, tienen que investigar una serie de crímenes que pasan casi desapercibidos en las mortíferas estadísticas de la batalla, pero que vienen firmados con una inquietante frase: «Mira que te mira Dios».

«El hospital de campaña estaba el Lituania. San Petersburgo, lo que era antes Leningrado, esta muy cerca de aquí, a 150 kilómetros. Y Lituania es un país muy pequeño pero con gente muy preparada para el cine», explicaba a Efe Gerardo Herrero, que adapta en este filme la novela de ‘El tiempo de los emperadores extraños'».

Tras tres años de preparación de este proyecto, Herrero prefirió someter al equipo a las gélidas temperaturas del invierno báltico que tener que recrearlo en un estudio.

Ahora, el poder de los escenarios naturales se podrá ver en la pantalla el 20 de enero, cuando se estrena el filme en España. Y puede arrancar la película con unos caballos congelados emergiendo majestuosamente del lago que tienen al lado del set de rodaje.

«El tiempo es una parte fundamental de la película y aquí se ve en el suelo con la nieve y en el cielo con las nubes. Teníamos que buscar unas fechas de invierno. Pero los rodajes se van complicando y la Ley de Murphy siempre funciona», reconocía Herrero sobre un rodaje que califica de «durísimo».

Equipos militares antiguos conviven con prendas de gore-tex, con caballos y tanques o antiguas naves reconvertidas en cantinas maquilladas por la labor de Eduardo Hidalgo en la dirección artística. Todo al servicio de, en el fondo, una historia de dos personajes.

«Uno de los investigadores (al que interpreta Juan Diego Botto) es un profesional, un investigador, como Sherlock Holmes, y el otro (Carmelo Gómez) es más hablador, expansivo, abierto, que dice lo primero que se le ocurre. Un sargento al que le mandan el ‘embolao», resume Herrero, cuya última guerra fue muy diferente, la de los Balcanes, en «Territorio comanche».

En las localizaciones lituanas, la nieve está, pero no el silencio. Tras dos semanas de frío intenso, por fin se empezó a intuir la primavera, facilitando la movilidad de las cámaras, los técnicos y los figurantes.

«Ahora podemos estar sin sombrero, pero la primera semana estábamos a menos 25 grados y entendías en tu propia piel que el enemigo no eran los rusos, sino que había que pelear contra el hambre y el frío», explicaba Juan Diego Botto.

Su personaje se refugia en la ambigüedad. «Sí tiene una ideología, no se explica su pasado y no sabemos, se intuye o se deja intuir que era inspector de policía durante la República y está aquí de alguna manera lavando culpas», adelantaba el ganador del Goya por «Historias de Kronen».

«No deja se ser peculiar que se busque a un asesino en mitad de una guerra donde están muriendo a millares de personas, pero en su oficio y eso le mantiene al margen de todo lo demás», añade.

Su enemigo, aunque no su antagonista, es Carmelo Gómez. «Es un tipo muy humano, pero muy ideologizado como estaba todo el mundo en esa época. Se encuentra con todo ese panorama desolador, una guerra que poco a poco va viendo que no era suya», explicaba el actor.

Y así, Herrero, cuya película más reconocida como director es «Las razones de mis amigos», apuesta por nutrir el género con la densidad dramática. «Me gusta mucho el ‘thriller’ pero me gusta que tenga algo por detrás, no que sea un simple quién ha matado a quién», concluía.

Por Mateo Sancho Cardiel.

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