Lúcido autor, lúcida directora y lúcido reparto de una tragicomedia de nuestros días

'Lúcido' en el Valle Inclán, elección segura

Lúcido autor, lúcida directora y lúcido reparto de una tragicomedia de nuestros días

Teatro en pequeño formato y grandes contenidos, fórmula ideal para estos días

No, no parece estar cubierto el cupo de argentinos en nuestro teatro. Cuando crees que ya no puede haber más -interesantes casi todos-, llega Rafael Spregelburd, y con esta obra de alta intriga, densidad psicológica y maquinaria sofisticada se coloca en la cumbre de la cartelera. ‘Lucido’ es una tragicomedia de casi dos horas, repleta de diálogos divertidos y situaciones hilarantes, que en medio de carcajadas conduce por un tobogán terrorífico hacia un terrible final. El tobogán da un par de vueltas de despiste al final -premeditadas o inevitables- pero cuando llegas, has vivido una experiencia.

Sólo cuatro actores y cinco personajes. Sólo dos ambientes, un salón de casa en ruinas como tantos y un restaurante vacío como tantos, con un camarero atrabiliario y un menú de campeonato. Otra familia disfuncional, especialidad (teatral) de allá que pronto abundará acá. Un joven que lleva toda su vida en el psicólogo y recibe ‘terapia gestalt’, que pilota sueños lúcidos entre angustias y travestismo recetado; su hermana, que ve ovnis, que aparece por sorpresa, atribulada y misteriosa, para pedir algo, un riñón, unas córneas, su parte de la herencia. Y una madre que es una de tantas mujeres locas que llenan nuestras ciudades, atajo de manías y volcán de obsesiones, poseídas por neurosis galopantes y al borde permanente del último desastre. La madre tiene un ligue genial, con dos nombres y afición al tenis que podía haber sido el factor de estabilidad necesario y se disolverá en la bruma final.

Este Rafael Spregelburd, de nacionalidad argentina, apellido germano y en edad de merecer, -aún en el lado bueno de los cuarenta-, es autor de 25 obras teatrales, con alto reconocimiento internacional en el actual panorama teatral: estrenó y dirigió esta obra en el Festival de temporada Alta de Girona en 2006, y luego en Buenos Aires y Barcelona; no parece en una entrevista del suplemento cultural de El Mundo, muy entusiasmado por la adaptación de la directora, Amelia Ochandiano, y los localismos que introduce el reparto. Pero debería estarlo, porque sin todo ello, tan sutil y adecuado, sin hablar de Andorra y sin decir ‘coño’, todo hubiera resultado más lejano y extraño. Dice que el final de la pieza es ‘uno de mis finales más abismales y con menos concesiones’, y estamos de acuerdo: se ve que le costó mucho, que intentó caminos diferentes, que pudo terminar con el despertar de Lucas o el ascenso a la nevera extraterrestre. No le contentaban y quiso rizar el rizo con una sorpresa final sobre la que sin duda, si van acompañados, habrá diversidad de opiniones ¿Choca, congela, estremece, desencanta o machaca?

Spregelburd cree que la obra simula un ‘thriller’ familiar pero que lo que plantea en el fondo es lo difícil que es determinar qué es la realidad. Y en su realidad surgen tantos niveles como personajes, como pasa todo el tiempo en la vida cotidiana sin que reflexionemos nunca en ello.

Si bueno es el texto de partida, sólo podemos atribuirle un tercio del acierto, pues sin duda otro tercio lo tiene la directora y el tercio final es usufructo del reparto. Hace tiempo que en una obra de bolsillo no veíamos una escenografía tan resultona, incluido una radio portátil que transmite el programa de peticiones del oyente que Mercedes Puente dirige en Radio Clásica todas las mañanas y que tan frecuentemente oímos. Suena Schubert y anuncia el abismo en que yace la pobre Teté.

Amelia Ochandiano a la que sólo conocíamos previamente por su montaje de ‘Mi mapa de Madrid’ de Margarita Sánchez, (ver nuestras opiniones de entonces), opina por su parte que estamos ante ‘una comedia casi policíaca que se convierte en melodrama, y que habla de la pérdida, del sacrificio, del arrepentimiento, del consuelo que producen los sueños y del poder curativo del arte’. Y añade con acierto: ‘Todos estos ingredientes hay que saber mezclarlos con acierto para dar con el «tono» adecuado de la obra, un tono que sepa conjugar lágrimas con carcajadas, sonrisas con dolor y ritmo con silencios, sueños bailados, sueños sufridos y verdades dolorosas. Es todo un reto la puesta en escena de esta obra. El cambio de lugares donde se realiza la acción, la diferencia entre lo que es un sueño y lo que se supone que es realidad y el sorprendente giro final de la obra, exigen una puesta en escena de filigrana’. Avances desde aquel ‘Mapa’ zarzuelero. Pleno en su tercio.

Extraordinaria Isabel Ordaz en el papel más importante de la obra, esa impresionante Teté cuya gesticulación y ademanes, cuyas inflexiones de voz, y cuyas subidas y bajadas de tono, son todo un poema actoral. Ya la notamos como Madame Collet en ‘Luces de Bohemia’ de Valle Inclán (ver nuestras opiniones de entonces) y en ‘Días nada felices’ de Samuel Beckett (ver nuestras opiniones de entonces). Muy bien los dos ‘Lu’, aunque Alberto Amarilla puede desplegarse mejor en su extrovertido papel que Itziar Miranda en el introvertido suyo. Nos recuerda Itziar los mejores registros de su anterior papel en ‘Dani y Roberta’ (ver nuestras opiniones de entonces). Y perfecto finalmente Tomás del Estal en su doble intervención. En realidad es siempre el mismo y eso forma parte de la obra: es una aparición benevolente y compasiva, ese familiar, ese amigo, ese vecino que conocemos todos y que no ceja en su sonrisa.

‘Supongo que no es alentador que esto os los diga un argentino, pero al menos en nuestro país, las crisis han fortalecido al teatro de un modo que nadie hubiese podido imaginar’. Mensaje optimista el de Spregelburd. Coincidimos plenamente. Es el tiempo de la excelencia, de la criba. Duro pero necesario.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 8
Texto, 8
Dirección, 8
Escenografía, 8
Interpretación, 8
Iluminación, 8
Producción, 8
Documentación para los medios, 8
Programa de mano, 6

Centro Dramático Nacional
Teatro Valle-Inclán | Sala Francisco Nieva
Lúcido, de Rafael Spregelburd

Dirección, Amelia Ochandiano
Reparto (por orden alfabético)
Lucas Alberto Amarilla
Darío/Néstor Tomás del Estal
Lucrecia Itziar Miranda
Teté Isabel Ordaz

Equipo artístico
Escenografía Ricardo Sánchez Cuerda
Iluminación Felipe Ramos
Vestuario Rosa Engel
Ayudante de dirección Virginia Flores
Producción, Teatro de la Danza de Madrid
Fotos de la obra: Jesús Vallinas

Del 5 de diciembre de 2012 al 6 de enero de 2013.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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