El cineasta belga debuta en el largometraje con 'Una casa en Córcega'

Pierre Duculot: «Debemos replantearnos un equilibrio más justo entre la vida moderna y la naturaleza»

La película acaba de llegar a la cartelera en España

Nació en Lieja, en el Este de Bélgica, y ha sido profesor de facultad (todavía lo es); periodista de cine, programador de festival… De hecho, Pierre Duculot ha trabajado para el Festival de cine y del Mundo Rural de Lama, en la Córcega Alta, y de ahí le viene su amor por el lugar.

En Una casa en Córcega (Au Coul du Loup), narra la historia de una chica belga de 30 años, que, de pronto, y sin saber de su existencia, hereda una casa de su abuela ubicada en la isla mediterránea. Está destartalada, en un remoto pueblo de 12 habitantes…

Y su afán por visitarla- en contra de la opinión de su novio y de su familia, que le aconsejan su venta- cambiará su vida. Galardonada como mejor film en el Festival de Amiens, esta bonita película está en la cartelera desde el miércoles 14 de agosto.

¿Cómo surgió la idea de Una Casa en Córcega?
Vivo en Bélgica, pero, desde hace unos años, también trabajo todo el verano en Córcega, donde organizo un festival de cine. Desde hace tiempo mi corazón está entre ambos sitios, y ambos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Imaginé a una joven que tenía la misma duda. Elegí un personaje de 30 años porque es una edad en la que todavía no tienes una orientación definitiva de tu propia vida, o por lo menos, puedes replantearte la cuestión de qué hacer con ella. Y, además, quería trabajar con la actriz belga Christelle Cornil, que ya había actuado en mis cortos.

¿Y cómo fue el rodaje?
Nada sencillo, porque teníamos un presupuesto pequeño. Fuimos a Córcega al final de la primavera para rodar con buen tiempo, y, aunque teníamos los exteriores, tuvimos un tiempo horrible. De los 22 días, nos llovió 17, e incluso con nieve. Además, con la erupción del volcán islandés prohibieron todos los vuelos en Europa. Así que los actores y el equipo, todos tuvieron que venir a Córcega en tren y en barco. Pero eso le dio una gran energía a todo el equipo.

El personaje principal hereda de repente una casa destartalada, medio en ruinas, vieja, abandonada… Y todo eso provoca que se replantee su vida. Me recuerda un poco a Un buen año, de Ridley Scott, y a Bajo el Sol de la Toscana, con Diane Lane. ¿Las ha visto?
No, no las conozco. Pero en la energía de este personaje que quiere realizar su proyecto hay algo un poco iluso. Algo que también está en Cuscús, de Abdellatif Kechiche (ganador de la Palma de Oro en Cannes con La vida de Adele, de próximo estreno y que en septiembre también acude al Festival de Toronto). Kechiche es un cineasta que me gusta mucho, y en Cuscús aborda muy bien el tema de la familia presentando a una familia argelina que quiere abrir un restaurante en un barco. También creo que los personajes de mis películas tienen cierto gusto por el naturalismo, y eso quizá esté en el cine de Robert Guédiguien.

La película plantea que la felicidad puede encontrarse en una casa abandonada, en un lugar remoto, sin cobertura, con cabras… ¿Estamos todos equivocados y quizá seríamos más felices lejos de la gran ciudad y con una vuelta al pasado?
Yo estoy en contacto permanente con todo, tengo Facebook… Y creo que la tecnología, el progreso tecnológico, es positivo, y no hace falta volver a la edad de Piedra. Pero también necesitamos de la naturaleza, pero una naturaleza respetada, no explotada. Creo que debemos replantearnos un equilibrio más justo entre la vida moderna y la naturaleza. Mucha gente que vive en las grandes ciudades y son pobres, infelices, estarían mejor en pueblos pequeños, en el campo… Precisamente la tecnología permite, hoy en día, que aquellos que deciden exiliarse permanezcan en contacto con el mundo, reciban información, lean y encarguen películas, o libros…

¿Cómo es Córcega?
Me encanta. Lo conozco muy bien, y encuentro que la Córcega montañosa – que es la mayor parte de la isla y nosotros decimos encantados que es una montaña en el mar, y asciende hasta los 2700 metros- tiene una fotogenia fantástica. Y ese es un buen contrapunto con la Bélgica industrial, de donde proceden los personajes, que es un lugar llano y la región con mayor población por metro cuadrado del mundo. En Córcega está la región menos poblada de Europa. En toda Córcega hay menos habitantes que en Charleroi y las afueras, donde comienza la acción.

¿Le gusta el título español?
Es igual que el alemán, Una casa en Córcega. ES más explícito, y representa la fascinación por Córcega. Es menos misterioso, menos poético que Au cul du Loup, pero si los distribuidores españoles, que son los que saben de esto, han decidido cambiarlo, seguramente tengan razón.

¿Cuáles son sus grandes influencias cinematográficas?
Me encanta el trabajo de los hermanos Dardenne, de Ken Loach, de Guédiguian, de Nanni Moretti… Dentro del cine francés, autores como Renoir o Duvivier (La belle équipe) son importantes. También me gusta el neorrealismo italiano, pero, en general, me pueden gustar cosas muy distintas. Aquellos cineastas que son originales y que no sienten el deseo de pertenecer a una moda. Me gusta la gente sincera, aquellos que van a sus raíces, de Emir Kusturica (galardonado hace pocas semanas en el Festival de Odesa) a Almodóvar. Entre mis películas de culto, Brazil, de Terry Gilliam (que este año compite en el Festival de Venecia con The Zero Theorem); La promesa, de los Dardenne; Tocando el viento, de Mark Herman; À la vie, à la mort!, de Guediguian, Una jornada particular, de Scola…

¿Y del cine actual?
Además de los ya citados, Jacques Doillon, Isabel Coixet… Y como actores, Michel Piccoli, Sandrine Bonnaire, Ricardo darín, Marie Gillain, Mattew McConaughey, Robert Downey Jr…. y Jodie Foster. En el mundo hispanohablante, Luis Tosar y Darín.

¿Le gustaría trabajar en Hollywood? En la industria americana?
No. Creo que soy demasiado europeo. Hay muchas cosas que me interesan en el cine americano independiente, desde Pequeña Miss Sunshine a Winter Bones, una película extraordinaria, pasando por Mud (a punto de estrenarse), o Bestias del sur salvaje. Pero en mi cine me gusta hablar de Europa, y, además, mi inglés es patético.

Por último, usted es director y guionista. ¿Algún nuevo proyecto?
También soy productor de documentales. Tengo bastante poco tiempo para escribir, pero actualmente trabajo en una nueva película que hablará del cierre de los colegios rurales, y en una una road movie de bajo presupuesto sobre tres amigos que en un fin de semana intentarán cometer todas las locuras que 30 años atrás, cuando eran unos adolescentes, se prometieron llevar a cabo.

 

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