Divertido elixir para un buen rato de ópera

Una notable producción de 'L'elisir d'amore' de Donizetti en el Teatro Real

Divertido elixir para un buen rato de ópera

Por si alguien lo dudaba, el estreno ayer de ‘L’Elisir d’amore’ de Gaetano Donizetti en el Teatro Real volvió a ser prueba palpable de que el éxito está asegurado cuando se mantiene el repertorio con producciones de calidad, innovadoras y respetuosas al mismo tiempo. Cada temporada no pueden faltar novedades arriesgadas, experimentos vanguardistas y apuestas por la cantera. Pero lo sesudo no quita lo gratificante, y despreciar a los clásicos, en ópera como en todas las bellas artes, sólo es propio de ilusos arrogantes o mediocres demagogos. Magnífica dirección musical, arriesgada y acertada puesta en escena, grandes voces con el debut del tenor canario Celso Albelo, brillante espectáculo y satisfacción generalizada, fueron el balance de la velada.

Bautizado ‘melodrama alegre en dos actos’ el maestro Donizetti desplegó en tan bonita creación todo su saber y toda su pericia en una partitura que a pesar, o gracias a ser escrita en quince días goza de una unidad perfecta, sin desmayos ni desfases, con uno de los más completos despliegues vocales de toda la historia del género, sobre un buen libreto que sólo tiene un fallo -leve para la media-, la inexplicable ayuda que el sargento Belcore presta al molesto rival para que pueda comprarse otra dosis de milagroso polvillo blanco.

Ah, perdón, que no les hemos presentado. Nemorino, un joven pueblerino algo simple, está enamorado de Adina, una rica terrateniente, pero esta prefiere al apuesto sargento Belcore, un hombre con gran confianza en sus propios encantos. Dulcamara, un charlatán ambulante que se presenta como doctor, llega al pueblo ofreciendo sus pócimas curalotodo. Nemorino le pide un generador amoroso que atraiga a Adina, Dulcamara le vende simple vino tinto, aunque sea de Burdeos. En el segundo acto, Adina va a casarse con Belcore, lo que  lleva a Nemorino a comprarle  más elixir a Dulcamara. Para  pagarlo, tiene que alistarse en el regimiento de Belcore. Entonces  empieza a correr por el pueblo  el rumor de que Nemorino ha  heredado una gran fortuna y todas las chicas casaderas empiezan a mostrar  gran interés por él, despertando  los celos de Adina, que cuando  Dulcamara le cuenta que Nemorino se ha alistado para conseguir su amor, Adina comprende que enel fondo es mejor partido y se declara a Nemorino, que atribuye su repentino triunfo al elixir que ha tomado en grandes dosis.

El director de escena, Damiano Michieletto, ha acertado entendiendo que el argumento puede y debe actualizarse sin perder su estructura, y lo ha colocado en una de esas amuebladas, atildadas y atestadas playas que pueblan el Mediterráneo, en la que no falta un detalle para lo que se viene a entender un buen veraneo. Nemorino es un empleado de la limpieza y Adina parece la dueña del chiringuito. El coro está genial caracterizado de ligones y ligonas, familias y mirones, socorristas y vendedores ambulantes, toda la fauna playera reforzada con un efectivo equipo juvenil e infantil de figurantes.

No chirría esta atrevida ambientación y diríamos que casi favorece a una trama tan desfasada como es hablar de amor y no de sexo puro y duro hoy día: la tabla matutina de ‘aerobic’, las rutinas de embadurnarse y tostarse, las copichuelas del aperitivo, la parafernalia de tumbonas y sombrillas, el aparataje de atracciones y hasta la ducha que se pega el chuleta de Belcore, proporcionan jolgorio visual sin llegar a despistar, permitiendo permanecer oído avizor a lo importante, esa música sencilla y pegadiza, esa sucesión de hermosas arias y de todas las posibles combinaciones vocales que hacen difícil elegir más allá de la excelsa furtiva lágrima del segundo acto.

Acertados pues Michieletto en la escena y Piollet en el foso, perfectamente coordinados imagen y sonido, representación teatral y partitura musical, sólo quedar disfrutar de las voces en tan acertado contexto. Es de lo que va la ópera y no de excentricidades disturbadoras.

Había expectación por escuchar a Celso Albelo que volvía al Real tras una consolidada trayectoria internacional y un  debut accidentado hace cuatro años. Estuvo irregular en el primer acto, brillando en el agudo más difícil y titubeando en algunas partes fáciles: parecía nervioso y apagado. Mejoró en la segunda parte y bordó cálidamente y con mucha distinción la prueba de fuego de una de las arias más hermosas de todo el género, ‘Una furtiva lagrima’. Recibió una gran ovación del público que se repetiría al final como prueba de cariño y aliento. Albelo venía de interpretar a Alfredo (La traviata) en la Ópera de Guangzhou en China y a Ruodi (Guillaume Tell) en el Festival Rossini de Pésaro. Su debut en el real de 2009 fue como Duque de Mantua en Rigoletto, una producción accidentada a la que llegó en el último momento por baja del titular. El pasado marzo cantó en el Teatro de la Zarzuela, encabezando uno de los tres repartos de la española ‘Marina’ de Emilio Arrieta (ver reseña), causando muy buena impresión, y a este teatro retornará el próximo 2 de enero como protagonista del Concierto de Año Nuevo. Da la impresión de que puede mejorar mucho en las cinco sesiones que le quedan.

Celso Albelo es un tenor lírico ligero que en esta ópera encarna a un jovencito que compite en desventaja con los dos hombretones que le secundan, el sargento y el charlatán, papeles de barítono y de bajo, respectivamente. Así ocurre en esta producción, en la que estos dos papeles son interpretados por Fabio Maria Capitanucci y Erwin Schrott, voces poderosas donde las haya, cantantes de fuerte presencia en escena, y acertadísimos y veteranos intérpretes en estos personajes. El bajo barítono uruguayo Schrott fue con justicia el más aplaudido de la noche, juntando dotes interpretativas y vocales en memorables proporciones.

La soprano georgiana Nino Machaidze hizo una Adina estupenda, confirmando todos los respaldos que la avalan, excelentemente secundada por Ruth Rosique como Gianetta: era la otra aportación española de la noche esta soprano sanluqueña que en el Real ya ha actuado varias veces.

El elixir de amor funcionó anoche a las mil maravillas. La partitura de Donizetti, -frescura vocal, acertada caracterización de los personajes, humor medido, inspiración completa- encontró una graciosa puesta en escena llena de guiños que sembraron risas y sonrisas entre los espectadores. Mecido por tal música y relajado por tal ambiente el público supo premiar a los causantes de una relajación nada frecuente en los estrenos de este teatro en la última gobernatura. Los habituales abucheos al director de escena esta vez fueron escasos y atonales, casi un ritual imprescindible. En fin, dos horas en la playa en un diciembre tan frío como el que se ha iniciado es ocasión peripintada para iniciarse y/o insistir en la afición operística con garantía asegurada. 

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Partitura: 8
Libreto: 7
Dirección musical: 8
Dirección artística: 8
Orquesta: 8
Coro: 8
Voces: 8
Escenografía: 8
Realización: 8
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 8

TEATRO REAL
L’ELISIR D’AMORE
Gaetano Donizetti (1797-1848)
Melodramma giocoso en dos actos
Libreto de Felice Romani, basado en el texto de Eugène Scribe para la ópera Le philtre, de Daniel-François-Esprit Auber
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con el Palau de les Arts de Valencia, programada en Palermo y Gratz.
   
    Equipo artístico
Directores musicales  –   Marc Piollet, Vicente Alberola (7, 8)
Director de escena –   Damiano Michieletto
Escenógrafo  –  Paolo Fantin
Figurinista  –  Silvia Aymonino
Iluminador  –  Alessandro Carletti
Director del coro  –  Andrés Máspero
Asistente del director de escena  –  Eleonora Gravagnola
Asistente de la figurinista  –  Vera Pierantoni Giua
Maestros repetidores  –  Riccardo Bini, Mack Sawyer
Fortepiano  –  Riccardo Bini
   
    Reparto
Adina – Nino Machaidze (2, 4, 6, 15, 17, 20)
         – Camilla Tilling (3, 7, 9, 11, 14)
         – Eleonora Buratto (8, 13, 18)
Nemorino    Celso Albelo (2, 4, 6, 15, 17, 20)
                 Ismael Jordi (3, 7, 9, 11, 14, 18)
                Antonio Poli (8, 13)
Belcore    Fabio Maria Capitanucci (2, 4, 6, 8, 13, 15, 17, 20)
              José Carbó (3, 7, 9, 11, 14, 18)
Dulcamara    Erwin Schrott (2, 4, 6, 8, 13, 15, 17)
                   Paolo Bordogna (3, 7, 9, 11, 14, 18, 20)
Giannetta    Ruth Rosique (2, 4, 6, 8, 15, 17, 20)
                  Mariangela Sicilia (3, 7, 9, 11, 13, 14, 18)
   
    Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
   
Duración Aproximada
Acto I: 1 hora y 5 min.
Pausa de 25 min.
Acto II: 1 hora y 10 min.
   
Fechas
2, 3, 4, 6, 7, 8, 9, 11, 13, 14, 15, 17, 18 y 20 de diciembre
20.00 horas; domingos, 18.00 horas.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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