ENTREVISTA AL DIRECTOR GRECO-COLOMBIANO

Spiros Stathoulopoulos: «No se le pueden imponer leyes a la Naturaleza»

Tras la aplaudida PVC 1, estrena Meteora, una originalísima película presentada a concurso en la Berlinale 2012

En la terraza de la mítica librería de cine Ocho y medio (8 ½), en pleno centro de Madrid, Spiros Stathoulopoulos (Bogotá, 1977) bebe agua y sonríe. «¿Hacer una película en España? La verdad es que nunca lo había pensado», confiesa. El director greco-colombiano (de padre griego y madre colombiana) estrena este 13 de junio 2014 «Meteora», film a competición en la Berlinale 2012 y galardonado en el Festival de Cartagena de 2013- Mención especial: Mejor película- que destaca no solo por su belleza estética, sino por su originalidad.

Ambientada en los Monasterios de Meteora, las impresionantes construcciones encaramadas en las cumbres de las rocas a 600 metros del suelo, en el norte de Grecia, y hoy patrimonio de la Humanidad, la cinta muestra en 82 minutos la historia de amor (imposible o no) entre un monje ortodoxo griego y una monja rusa. Lo hace de una forma muy bella y especial.

Con imágenes que, a veces, tranquilizan, otras sorprenden e incluso impactan (ya sean escenas reales o de animación, con dibujos bizantinos intercalados que también recuerdan levemente a Klimt) hay pocos diálogos, algunos rezos, un paraje ciertamente magnífico y una pregunta que late al ver la película (que es casi como contemplar un cuadro muy bien explicado).

¿Es posible ir contra natura y anular el deseo carnal intrínseco al ser humano, a pesar de que uno haya encomendado su vida a Dios, a la espiritualidad? Y la pregunta no es si se debe reprimir o no tal deseo, sino si es posible no sentirlo. ¿Se puede prohibir un sentimiento?

¿Es usted religioso?
No, en realidad, no. Una de las razones de esta película es que yo quería ver cuál es mi relación con la religión. Mi madre es católica, mi padre, ortodoxo; yo me he educado en ambas religiones y he sido sometido a la religión.

¿Cómo le surgió la idea de la película?
Por un lado, quería ver mi relación con la religión. Además, tras haber rodado PVC 1 en Colombia, quería hacer una película en Grecia. Yo estaba viviendo en Estados Unidos y me vino a la cabeza la idea de los espejos; de la comunicación de los reflejos a través de los espejos. Alrededor de eso construí una historia de amor y pensé sobre quién se comunicaría de esa forma. Pues un monje y una monja. Y luego surgió la historia.

Así que la trama religiosa es consecuencia de la idea de los espejos. Qué curioso.
En cierta forma, ya existía la religión, porque el contexto de Meteora trae consigo inherentemente eso. En el siglo XII los monjes ortodoxos estaban siendo perseguidos por el imperio otomano, antes del siglo XII incluso, y en el siglo XII, a principios del XI, XII y XIII, ellos empezaron a construir monasterios en estos monolitos prehistóricos que descubrieron con el fin de refugiarse y escapar de la persecución.

Monasterios que hoy existen.
Sí. Los interiores los hicimos en estudios y rodamos en exteriores basados en esos exteriores reales.

Llama la atención la forma de subir al monasterio. Con un sistema de poleas, cuerdas y redes.
Las redes existían, y todavía existen. Ya no existen como medio de transporte para seres humanos, pero entonces sí existían con el fin de hacer el acceso más difícil para los turcos. Ellos se subían y escondían las redes y ya nadie podía subir.

Acceso difícil para los turcos y para cualquiera.
Para cualquiera (ríe).

¿Y es verdad que existían monasterio de hombres y mujeres?
Sí, en Meteora, sí.

Es decir, la tentación carnal estaba ahí. ¿Por qué el monje es griego y la monja rusa?
En cierta manera, está inspirado en el amor de mis padres. Un griego y una colombiana, diferentes culturas. Unos de los primeros recuerdos que tengo de su historia de amor son fotos de su matrimonio, en una iglesia ortodoxa. Ninguno de ellos se convirtió a la religión del otro, pero esas imágenes tuvieron una gran influencia para mí. Siempre me ha llamado la atención el contraste entre mi padre y mi madre.

¿Cómo eligió a los actores?
El actor, griego, me contactó después de mi paso por Cannes con PVC 1 y a la actriz, rusa, la conocí a través de un casting en Atenas. Quería que tuvieran cierta diferencia incluso de edad. El personaje de ella es 15 años mayor que el monje, y también otra cultura.

Se ha estrenado en toda Europa. ¿También en Grecia?
No, está censurada porque la Iglesia Ortodoxa lo ve como propaganda negativa hacia la Iglesia.

No creo que sea propaganda negativa.
El sentimiento de la iglesia ortodoxa es ese.

¿Ha supuesto un disgusto para usted?
Sí, porque, en cierta manera, era una declaración de amor hacia Grecia, y en cierta manera es una sorpresa muy negativa para mí ver que cuando voy a declarar mi amor… es rechazado. Y todo ese aprecio que tengo, al menos, por la estética ortodoxa, es rechazado.

¿Y si cortara un par de planos?
No cortaría.

¿Ni por dinero?
Menos por dinero (ríe).

¿Tanta fuerza tiene la Iglesia ortodoxa en Grecia como para censurar una película en el siglo XXI?
La iglesia ortodoxa tiene una gran fuerza en realidad. ES como un estado independiente. No solo la iglesia ortodoxa griega, sino la ortodoxa del Este. Tienen músculo financiero y es preferible no hacer una batalla con ellos.

Yo creo que la película ni juzga ni sermonea.
No. No es moralista.

Cada uno encuentra un camino en la vida y película invita a reflexionar sobre por qué el hecho de ser un ser espiritual tiene que ser incompatible con experimentar y sentir amor físico.

Para mí es ir contra natura. Es casi represión fisiológica. No se puede prohibir una función fisiológica. Es la naturaleza. Y lo que ha hecho la religión es extremadamente arrogante al imponerle leyes a la naturaleza. No se le pueden imponer leyes a la naturaleza.

¿En Colombia se ha visto?
No la quiero estrenar. Porque no hay un público para estas películas. En Colombia la he estrenado para el público cinéfilo en los festivales y ha sido recibida muy bien, pero no comercialmente.

¿Por qué decidió intercalar animación? Bellísimos dibujos, por cierto.
Porque uno de los retos acá era innovar en el estilo. El cuestionamiento, la guerra entre el espíritu y la carne, es un cuestionamiento milenario que existe desde los escritores y poetas clásicos griegos hasta los modernos griegos, como Nikos Kazantzakis en La última tentación de Cristo. Y no solo ellos, sino el arte y la literatura mundial clásica y moderna ha hablado de este tema. Hablar de este tema no es algo nuevo, pero es necesario hablarlo estilísticamente de una manera…. Por eso hay una mezcla de estilos entre documental, animaciones, iconos y escenas reales, por decirlo así. Y lo hice así porque todo es parte del universo de los personajes. Estamos en la época del 3D, pero el cine que yo quiero hacer es de reducción y esencial, con el menor número de planos posible, y si existen dos dimensiones, yo personalmente no necesito 3D o 4D para narrar algo. En los 50, cuando existía el cine de aromas, eso para mí no es necesario. El 3D mal utilizado apaga el intelecto.

Nunca digas de esta agua no beberé.
Cierto. Por eso hago una diferenciación. El 3D mal utilizado (ríe).

Usted estudió cine en una Universidad de Los Ángeles y su anterior película, PVC 1 (2007) fue premiada en los festivales de Cannes, Bangkok, Sofía, Tesalónica… Está rodada en un solo plano de 85 minutos y narra la historia real de una campesina colombiana a la que, en el año 2000, unos criminales le pusieron en el cuello un collar bomba amenazándola de que explotaría si no les pagaba 15 millones de pesos. ¿Por qué en un solo plano?

Yo crecí viendo películas de Hollywood porque a los 10, 11 años era bombardeado por ese marketing. Y lo que aprendí con esas películas, yo que soy de una generación que creció con una cámara portátil en la mano, es, en realidad, a narrar con planos. No aprendí nada sobre filosofía o trasfondos serios. Empecé muy joven a narrar con planos (hizo muchos cortos), todos los fines de semana, también de de animación, con mis juguetes. Y cuando hice PVC 1 sin cortes, esa decisión llegó porque había quemado la fiebre de narrar en planos y porque quería explorar una manera de narrar nueva. Para mí Hollywood ha sido un arma de doble filo. Siento mucha gratitud porque, si no, no hubiera entendido ciertas cosas que no debo hacer (ríe). Pero también lo respeto.

PVC significa policloruro de vinilo. Es el derivado del plástico más versátil.
Sí. Es el material externo del cual se hizo la bomba que le pusieron a esta mujer al cuello.

La película es del 2007 pero en el año 2000 a una campesina le pusieron un collar bomba, no se sabe quién. Es un misterio. Y le pidieron plata. Le hicieron una extorsión. En la vida real ella no pudo pagar y después de determinado número de horas, lo explotaron.

Qué barbaridad. Y la rodó en un solo plano, como La soga, de Hitchcock. Aunque ahí había trampa porque las bobinas no duraban tanto y Hitchcock aprovechaba un fundido en negro acercando la cámara a la espalda, a la chaqueta de un personaje, para cambiar de rollo.

Sí. Yo hice cuatro tomas de 85 minutos en cine digital y elegí la cuarta. La película se filmó esencialmente en hora y media.

Qué rápido. Los productores le adorarán.
(Ríe).

Por último, ¿qué directores de antes y de ahora le interesan?
Tarkovski, Buñuel, Bergman, Angelopoulos… Haneke y Lars Von Trier. Pero todo lo malo y lo bueno ha sido influencia para mí. Veo bastante cine. Es totalmente necesario, pero soy muy… Tengo una logística especial para ver películas, porque hay algunas que es necesario repetir, y otras, en determinadas condiciones, por ejemplo, sin sonido, y siendo pragmático, uno no puede ver todas las películas que existen porque todas requieren un estudio especial. Así que hay un orden particular y un rigor.

 

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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