‘El Brujo’ es un asno (de oro)

Rafael Álvarez nos hace reir con el fantástico relato de Apuleyo en los Teatros del Canal

'El Brujo' es un asno (de oro)

Este brujo lleva en los escenarios cuatro décadas y hace mucho que se ganó este apodo con el que en los últimos tiempos se dedica a contarnos los clásicos literarios con buen humor y probado ingenio. ‘El asno de oro’ de Apuleyo es la quinta entrega de su particular saga. La pregunta es si está bajando la intensidad, si es más floja que las anteriores, si mantiene el alto nivel o lo aumenta. Intentaremos dar sincera respuesta.

Antes, situemos el asunto, ese contexto que suele ser hurtado para cogernos de improviso. Apuleyo fue el escritor romano más importante del siglo II, muy admirado en vida y eterno habitante del parnaso de los grandes clásicos por Metamorfosis, relato alegórico y picaresco también conocido como El asno de oro, que podría ser un plagio de anteriores versiones griegas. Era un aristócrata bereber nacido en la actual Argelia y no se tiene la certeza de que Lucio haya sido su nombre sino adoptado a partir del de su personaje Lucio, un joven buscador, un ‘psiconauta’ del pasado, que por meterse en vericuetos peligrosos termina transformado en asno, y es así testigo y víctima del mal trato que han recibido siempre los animales domésticos de las bestias. Novela de denuncia, pero también humorística y erótica.

Víctima del hechizo fallido que lo transforma en asno, sin perder sus facultades intelectuales -salvo el lenguaje-, pasa por varios amos y diversas aventuras. El tono humorístico es dominante, pero también hay reflexiones de tipo filosófico y religioso. Oye y ve de todo, hasta que recupera su forma humana. Quizás Apuleyo llamó a su personaje Lucio porque era su nombre y sus aventuras en busca de los secretos mistéricos puedan ser autobiográficas.

En búsqueda no de iniciación sino de tema, Rafael Álvarez llegó a las Metamorfosis del hombre/asno, de la alquimia espiritual en busca del oro anímico. El formato de espectáculo es el de siempre pero agudizado: el brujo y nada más que el brujo; un monólogo en el que el actor usa y abusa de su peculiar estilo encasillado, su inconfundible paleta de gestos y ademanes, su forma de discursear con inflexiones de voz para interpretar los distintos personajes y dar intencionalidad a la apariencia, con sus alusiones a la actualidad, con su maestría de hombre espectáculo.

Pero El asno de oro es un relato sorprendente, que quizás no cabe en una fórmula convencional, pues es una prenovela satírica, picaresca, social, trascendente y filosófica, todo en una pieza. Incluye una historia previa de apariciones de viejas muy reviejas (que siempre hacen reír y no sabemos por qué), y pasa por aventuras diversas antes de convertirse en denuncia de la explotación del asno por el hombre, y terminar en picante peripecia a costa del proverbial tamaño enorme del pene de los équidos, que convierte al asno Lucio en atracción pornográfica y gigoló de altos vuelos, antes de terminar en moraleja trascendente, que no pasa de confusa referencia en esta adaptación. ‘Y en este envolvimiento de su historia se parecen y expresan nuestras costumbres y la imagen de nuestra vida continuada; cuyo fin y suma bienaventuranza es nuestra religión, para servir a Dios y a su Divina Majestad, por que alcancemos ir a su gloria, para donde fuimos criados’: así termina Apuleyo su historia.

Sobra longitud a la pieza, que roza los 120 minutos, y falta adorno y variación en forma de una escenografía algo más ambiciosa que el cortinaje rojo depositado en el suelo y la silla funcional que nadie usa. Sobran bromitas de maricones y mariquitas. Sobran las insistentes referencias al patronato del Festival de Mérida y al presidente de la comunidad autónoma extremeña, consecuencia de su estreno allí en 2013. Sobra reiteración de gestos obscenos. Tiene media hora de risa permanente en base a alusiones al órgano masculino, su tamaño, su empalme y desempalme, su erección y flacidez, su funcionamiento y esa recurrente mofa tan estúpida del llamado gatillazo, que nadie en su sano sexo puede compartir.

Falta una producción más cuidada y una música inspirada que justifique la presencia permanente de tres intérpretes en el escenario que no pasan de intervenciones onomatopéyicas, rebuznos con saxo y escalas al teclado. Falta la historia de Psiche y Cupido, ‘de cómo sus bodas fueron celebradas en el cielo, del cual matrimonio nació el Deleite’. Pero sin duda que no cabía junto a la verga del áureo asno que tras comerse una corona de rosas recobrará físico humano y se consagrará al esóterico culto de Isis y Osiris.

Así que en llegando a la respuesta comprometida de la pregunta del inicio, no podemos por menos que afirmar que El Brujo mantiene su carisma en el escenario a costa de crecientes dosis de humor burguesote, finolis y verde, que a las numerosas señoras maduras que poblaban la platea las hacía estremecer de risa. Que El Brujo conserva sus encantos, pero que se encuentra al borde de convertirse en caricatura de sí mismo. Que con razón casi nadie se ha atrevido a teatralizar texto tan denso, evanescente y prolijo.

La historia de caiÌ.da y redencioÌ.n, de crisis y conversioÌ.n, no por tanto prometida pasa de apenas esbozada. ‘El Brujo’ se mantiene en esa línea que le ha convertido en una rara avis, integrada e independiente al mismo tiempo, en nuestra escena. Selecciona grandes textos de la cultura mediterránea y los desmenuza con humor y destreza. Esta vez desempolva un texto bastante olvidado que inspiró a la novela picaresca española y en el que Shakespeare encontró modelo para construir el personaje de Bottom de su El sueño de una noche de verano.

Se nos dice que estamos ante el estreno mundial de un clásico latino que no se ha teatralizado nunca. Pero en 2002, en el The Globe londinense se representó una versión de estas metamorfosis escrita por Meter Oswald, con el actor Mark Rylance en el papel de Lucio. Más allá de alharacas de lanzamiento, este asno de oro es ameno y divertido, y este brujo está ocurrente y gracioso. Con la sala repleta, no cesaron las risas hasta que nos fuimos.

Rafael Álvarez se sube a los escenarios desde 1970. En 2013 presentó una desternillante versión de La Odisea (ver nuestra reseña) y en 2010 una interesante incursión en El Evangelio de San Juan (ver nuestra reseña). Antes hubo ‘San Francisco, juglar de Dios’ y ‘El ingenioso caballero de la palabra’, todo ello en su peculiar estilo de narrador teatral de grandes hitos literarios, con el humor como nota dominante y evocando ese almacén inexplorado de la memoria y la imaginación colectiva.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 7
Adaptación: 7
Interpretación: 7
Escenografía: 5
Música: 5
Producción: 5
Programa de mano: 5
Documentación a los medios: 5

TEATROS DEL CANAL
Sala Verde
El asno de oro
Rafael Álvarez, ‘El Brujo’
Del 15 de enero al 8 de febrero de 2015
Duración: 1h 45 min (sin intermedio)
Precios: Platea 25€, 1ª balconada 23€, 2ª balconada 15€.

REPARTO
Rafael Álvarez “El Brujo“

Músicos
Percusión: Daniel Suárez “Sena”
Saxo Barítono: Julián Martínez
Violín y teclado: Javier Alejano

CUADRO ARTÍSTICO TÉCNICO

Director Musical: Javier Alejano
Música original: Javier Alejano
Diseño de Iluminación: .Miguel Ángel Camacho
Realización de escenografía: Roberto García

Diseño de Vestuario: Gergonia E. Moustellier
Realización de Vestuario: Talleres Moustellier
Diseño de Escenografía: Equipo Escenográfico PEB
Directora de Producción: Herminia Pascual
Jefe Técnico: Oscar Adiego
Distribución: Gestión y Producción Bakty
Dirección y Versión: Rafael Álvarez

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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