A vueltas con El Príncipe y con Maquiavelo

Sobre ello, Fernando Cayo protagoniza una discutible traslación a la actualidad

A vueltas con El Príncipe y con Maquiavelo
El Príncipe de Maquiavelo - Teatros del Canal

Usa un texto clásico de autor famoso, contrata un actor de moda, hilvana un monólogo como puedas y obtén sitio en el teatro subvencionado. La fórmula se repite y debe funcionar por eso, porque se repite. ‘El príncipe de Maquiavelo’ se basa en el célebre tratado con añadidos espolvoreados de otras de sus obras y de su correspondencia. Ideas obsoletas de un tiempo lejano, actualizadas con forceps, que dan lugar a un monólogo aburrido a pesar de los esfuerzos de Fernando Cayo.

A Juan Carlos Rubio se le ha ocurrido llevar al teatro ‘El Príncipe’ y en vez de contextualizarlo en su época, lo ha trasladado a una actualidad en la que Maquiavelo es un político cesado, refugiado en un chalé campestre, que no se resigna al ostracismo y quiere castigarnos con sus memorias. El texto ha sido expurgado de manera inmisericorde y mezclado con otros escritos del autor, de naturaleza y temática muy diversa, desde Discursos sobre la primera década de Tito Livio a El Arte de la Guerra, desde La mandrágora a pasajes de su correspondencia personal. El resultado no es bueno, sólo apto para ese público ocasional que ha oido campanas y no sabe donde y que cree culturizarse a golpe de divulgaciones espurias.

Es posible que la intención sea más profunda que la dar el pelotazo y hacer taquilla, pero no mucho más puede deducirse de la representación. Un despacho hortera en el sotano de un chalecito, junto a la leñera. Libros, tocadiscos, grabadora, proyector, truenos lejanos de vez en cuando, varias lámparas que apagar y encender y un actor aplicando trucos de oficio para mantener al público sentado 75 minutos mientras empalma citas en un guión que pretende darlas coherencia y sólo consigue salir del paso.

A la vista de sus explicaciones, la visión de Rubio del personaje histórico, y su interpretación del célebre manual, resultan convencionales. ‘El Príncipe’ nunca quiso ser un aviso al pueblo acerca de cómo somos manejados por los gobernantes, y no tiene la menor ambigüedad como tampoco la tiene la vida de su autor, un funcionario discreto y perspicaz que supo sacar oro del tiempo pasado al lado de César Borja, el gran príncipe renacentista de cuya historia y comportamiento dedujo sus máximas políticas, las cuales hoy sólo pueden leerse como testimonio excepcional de un pasado remoto, pues cualquier parecido con la actualidad después de cinco siglos, el paso de la Ilustración, el terremoto de la Revolución Francesa y el aún mayor de la Revolución Soviética, el advenimiento de la democracia, y en fin otros cataclismos de parecida importancia, sería obviamente pura coincidencia. Porque es una falacia mil veces repetida que ‘el poder, de cualquier ideología y en cualquier época, obedece siempre a las mismas reglas, sea cual sea el fin, sean cuales sean los medios’. No es eso, no es eso.

Así que lo que no tiene precisamente El príncipe es aplicación actual y de haberse contextualizado en la vida de su autor el esfuerzo habría sido más fructífero. Si lo que quería Fernando Cayo era demostrar sus dotes de actor, su eficacia interpretativa, y sus recursos actorales, puede decirse que lo consigue. Pero hacer creible al personaje, interesar en lo que desgrana y convencer de que no se está perdiendo el tiempo, requiere más que colocar barreños bajo las goteras, cambiarse de ropa, proyectar imágenes del nacional-socialismo o hacerse un café frente al público. Requiere algo que contar, y los textos de Maquiavelo -con una o dos honrosas excepciones- apenas nos transmiten generalidades discutibles.

La peripecia vital de Maquiavelo es más interesante que su hipervalorado tratado político, que debe verse como una pieza histórica y hoy se lee con mucho aburrimiento. No es ocasión para extendernos ni para recomendar alguna lectura que podría habe orientado al autor hacia una dramatización mucho más interesante que el errado lugar común de leer El Príncipe pensando en lo que dicen los periódicos. En cuanto al actor, se mantiene a niveles digamos televisivos, poco exigentes, aunque en un momento dado da un salto sorprendente y se sube a la mesa, demostrando una excelente forma física.

La Sala Negra de los Teatros del Canal es la de más difícil acceso de la ciudad (sexto piso y ascensor incluido), pero sus 150 localidades estaban al completo el lunes pasado de un público muy mayorcito que aplaudió bastante al terminar y parecía conforme con lo que había visto. Quizás Juan Carlos Rubio ha dado con su medida y todo lo demás son cavilaciones inútiles.

Maquiavelo juntó sus recuerdos para escribir El Príncipe y dedicárselo a Lorenzo II de Médici y así conseguir ser rehabilitado. Ennumera una serie de recomendaciones para prácticas políticas específicas cuyo objetivo es el de conocer los métodos con los que se alcanza y conserva el poder político, los mecanismos de la técnica de gobernar, los medios para fortalecer o engrandecer el Estado y también las causas por las que este puede perder el poder. Cabe destacar la manera realista en que encara las distintas situaciones, separando el ser, del deber ser. No dijo nunca eso de que el fin justifica los medios, sino «…Haga, pues, el Príncipe lo necesario para vencer y mantener el Estado, y los medios que utilice siempre serán considerados honrados y serán alabados por todos». Se podría resumir en cuatro postulados el aporte de Maquiavelo a la teoría política moderna: inauguró una visión realista de la política totalmente despojado de elementos religiosos y morales, la vió como un campo autónomo de acción, sentó las bases del concepto de Estado, y la definió como la lucha permanente por la obtención y conservación del poder. Y dío lugar a un sustantivo y a un adjetivo, maquiavelismo y maquiavélico, que hoy son empleados masiva e indiscriminadamente.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 6

Dirección: 6
Interpretación: 7
Escenografía: 5
Producción: 5
Programa de mano: 5
Documentación a los medios: 7

Sala Negra los Teatros del Canal
El príncipe de Maquiavelo, A partir de textos de las obras más conocidas de Maquiavelo
Del 16 de octubre al 8 de noviembre

Dramaturgia y dirección: Juan Carlos Rubio
Maquiavelo: Fernando Cayo
Iluminación: José Manuel Guerra
Escenografía: Eduardo Moreno
Fotografía: Sergio Parra

El equipo artístico mantendrá encuentros con el público los viernes después de la función. El día 23 se sumará el diputado de IU Alberto Garzón.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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