A Bangkok por cambiar el mundo

Un irregular debate político entre voluntarismo indignado y razón de Estado

A Bangkok por cambiar el mundo
Bangkok, de Antonio Morcillo - Teatro María Guerrero

Una situación graciosa da paso a un debate político que con altura filosófica desemboca en un desenlace conspiranoico. Bangkok es un diálogo con altura de miras, escrito con oficio y con aciertos varios, pero que cae en el mismo error de tantas piezas dramáticas a dos voces: no conseguir verosimilitud, pasar de un tema a otro mientras pasan los minutos y tener que llegar a 75 recurriendo a meandros dialécticos y giros conversacionales de forzada artificialidad, por no querer o no poder recurrir a personajes secundarios y recursos escenográficos complementarios.

En un aeropuerto vacío de la geografía española, aparece un misterioso pasajero con un billete para ir a Bangkok, y se encuentra con la única persona que aún trabaja en las instalaciones: un joven guardia de seguridad. Éste le informa de la imposibilidad de realizar el viaje que ha planeado: allí no hay aviones, nunca los ha habido. Se trata de un aeropuerto hace tiempo inaugurado, pero que nunca ha estado operativo. Así, viajero y guardia comienzan a hablar de esto y lo otro, y van descubriendo junto al público que ninguno es quien parece, que la situación puede ser menos casual de lo que aparenta.

El autor de esta pieza ganadora del XXII Premio SGAE de Teatro 2013 se llama Antonio Morcillo, es nacido en Albacete pero vecino de Barcelona, y ya ganó el mismo premio en dos ocasiones anteriores. En el debate entre la defensa del orden constituido y el voluntarismo revolucionario de derribarlo procura no caer en el maniqueísmo reinante y argumenta también con tino la primera de las dos posiciones, aunque personalmente -quizás tan sólo por motivos generacionales- se incline a favor de las ventoleras revoltosas: ‘Es necesario que tanto las viejas generaciones como las nuevas sepan de nuevo lo que siempre han sabido: que no estamos condenados a ningún destino y todos ellos son posibles. Depende de nosotros.’

Que el destino del mundo dependa de nosotros es cuestión hoy bien discutible pero queda bien como argumento de discusión en una pieza que también acierta alejándose de esa cansina insistencia en la corrupción que nos aqueja -como si fuera la única en el mundo y en la historia, como sino fuera consustancial a las sociedades humanas-, y escala hacia paisajes intelectuales más elevados donde no se mueve con soltura y mucho menos con conocimiento de causa. No basta con preguntar retóricamente ¿se puede cambiar el mundo? porque hay que preguntarse si se debe y en qué dirección, dadas las muchas posibilidades existentes de estropear lo mucho conseguido.

Para Morcillo la pregunta expresa no sólo el anhelo de justicia de todo movimiento político, sino el anhelo de justicia que anida en cada individuo. Para nosotros es retórica inservible. Para Morcillo la corrupción es la respuesta que da el Poder a esta pregunta, lo mejor que podemos es hacer es aprovecharnos de esta injusticia para sacar la mejor tajada personal del asunto y no tener en cuenta otras consideraciones (altruismo, solidaridad, etc., etc.). Es decir, perpetuarla. Desde este punto de vista, ser corrupto es ser muy inteligente. No ser corrupto es no tener los pies en la tierra, ser un idealista’.

Esta falsa dicotomía que oculta que entre ser corrupto y querer cambiar el mundo existen otras muchas posiciones bien válidas y probablemente más efectivas, viene a resumir las carencias de la pieza, su simplismo. Con una escenografía rudimentaria de sala de espera, el movimiento cada cierto tiempo de las dos filas de asientos, pequeños cambios en la pantalla que anuncia las salidas y algún recurso más de los de siempre -un trasmisor que conecta con otro vigilante, una maleta de cuyo interior salen algunas prendas-, algún ruido y algún cambio de luces, poco se ayuda a Dafnis Balduz y a Fernando Sansegundo en su difícil tarea de representar dos personajes más literarios que reales, de hacerles pasar de lo que aparentan a lo que representan, de conseguir llegar a un final que al no poder revelarles, no podemos comentar. ‘La obra podría entenderse, y de hecho para una mayoría del público es así, como un thriller político. Para mí es una comedia sarcástica que no deja de bascular entre lo onírico y lo real, entre lo cierto y lo ambiguo’, dice el director y autor y con sus palabras lo dejamos.

A Bangkok le sobran algunos minutos para ganar intensidad. Necesitaría algunos ingredientes más y hay un par de situaciones violentas que suenan a falso. Bien los dos actores, mejoraría Sansegundo con menos gritos. Y perjudican a la pieza los muchos tacos espolvoreados sin necesidad alguna. La sala pequeña del María Guerrero estaba este domingo casi llena y los aplausos fueron los de rigor con visos de convencimiento.

El mundo cambia continuamente sin necesidad de que el autor nos espolee, y lo está haciendo además para bien, quizás lentamente, seguro que no de forma equitativa. La vida cotidiana de cada uno cambia el mundo para bien o para mal. Y no es bueno el balance de los últimos grandes cambios programados, impuestos o acelerados. Formulemos tesis puesto que juzgamos un teatro de tesis. Entre la tesis de voluntarismo indignado y la antítesis de la razón de Estado, falta la síntesis de la dialéctica o el camino del medio de Lao-tsé.

Calificación del espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Texto, 7
Montaje, 5
Dirección, 5
Interpretación, 7
Producción, 5

CENTRO DRAMÁTICO NACIONA
Teatro María Guerrero – Sala de la Princesa
BANGKOK 
Texto y dirección: Antonio Morcillo López 
Del 30 de octubre al 29 de noviembre de 2015 
   
Reparto 
El Vigilante – Dafnis Balduz 
El Viajero – Fernando Sansegundo 

Equipo artístico 
Escenografía  –   Paco Azorín
Vestuario   –  Gimena González Busch 
Iluminación   –  Kiko Planas
Espacio sonoro  –  Ramon Ciércoles
Caracterización  –  Toni Santos
Imagen   –  Pedro Chamizo
Ayudante de dirección  – Óscar García Recuenco
Producción ejecutiva  – Raquel Doñoro
Diseño cartel   –  Isidro Ferrer
Fotos   –   David Ruano  
Producción – Centro Dramático Nacional, La Villarroel y Grec 2015 Festival de Barcelona  

De martes a sábados, a las 19 h. Domingos, a las 18 h. 
Duración: 1 hora y 20 minutos. 
Encuentro con el público Martes 17 de noviembre       
Teatro María Guerrero Sala de la Princesa C/ Tamayo y Baus, 4 28004 Madrid.
 

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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