La vida de Galileo según Brecht

El Centro Dramático Nacional se moviliza en este clásico contemporáneo

La vida de Galileo según Brecht
Vida de Galileo, de Brecht - CDN - Teatro Valle Inclán

Tan mistificador y discutible como mucha novela histórica es buena parte del teatro histórico: historia más o menos reinventada, manipulada. ‘La vida de Galileo’ (Leben des Galilei) fue escrita por Bertolt Brecht en 1939. No hay que añadir que era teatro comprometido, politizado, en el que lo importante era convencer a los nuestros de que tenemos razón. Traerlo hoy a las tablas exigiría mucha contextualización y distanciamiento. Esta nueva versión de la obra lo intenta débilmente en un espectáculo brillantemente realizado y discutiblemente interpretado sobre aquel cambio de paradigma -la Tierra girando alrededor del Sol- tan gordo como este en el que estamos inmersos y que aún ni vislumbramos. 

La razón y la ciencia derrotaron a la religión y las creencias milenarias hace cuatro siglos (aunque se hayan resistido hasta hoy mismo), incubando nuevos monstruos que son el desafío de nuestra época. El materialismo dialéctico en que creyó fervientemente el autor (aunque le diera tiempo a desengañarse) puede verse hoy como una superstición casi tan grande y mucho más nociva que el horóscopo. Hoy la policía de las mentes no es la inquisición vaticana sino el progrepopulismo sectario que domina el mundo cultural. Seguir acunando a la generación equis con cuentos de Perogrullo sólo contribuye a afincarlos en su desesperante ignorancia.

Ernesto Caballero, director del Centro Dramático Nacional, ha movilizado los buenos mimbres de esta institución, su potencia presupuestaria, artística y técnica, para ofrecer una nueva versión de este clásico del siglo pasado que Brecht revisó seis años después a la vista del hongo de la bomba atómica para quitarle prepotencia racionalista, el infernal monstruo parido por la ciencia. La versión es coherente aunque prolija en parlamentos enormes, y arranca con Brecht en persona llegando al ensayo de su obra en un recurso teatral de distanciamiento muy literal y poco rentable.

El espacio escénico de Paco Azorín es la gran aportación de la velada, y sólo por sentarse en este imponente recinto circular, que convierte al respetable público en parte de la función, ya merece la pena. En el centro, el giro del  escenario circular ofrece momentos intensos en la primera mitad de la larga pieza. Un vestuario muy trabajado resulta imponente en los clérigos, correcto en las damas y poco favorecedor en los caballeros. Interesante iluminación, sin oscurecer el espacio de los espectadores, y proyecciones sugerentes desde las alturas del firmamento. La música en directo es una contribución esencial y su interpretación en directo es apreciable, aunque la banda sonora que Hanns Eisler puso a la pieza es bastante infumable. Alberto Frías la canta muy bien y los tres músicos que la ilustran en directo hacen lo que pueden con una partitura poco agradecida.

Estamos ante un despliegue actoral poco frecuente en estos días de recortes presupuestarios, 14 actores que forman un reparto irregular, en el que hay de todo. Ramón Fontserè cumple con un Galileo Galilei que huye acertadamente de adoptar aires grandiosos para quizás pasarse de campechano. El objetivo es presentar un personaje muy humano, muy entrañable, un héroe de mesa camilla y comilonas, que mientras cambia la historia de la humanidad hace del hijo de su ama de llaves su mejor amigo y confidente. Este niño que a lo largo de la obra se transforma en joven impulsivo está a cargo de Tamar Novas que intenta sacar a flote un personaje tan artificioso. Su madre, la señora Sarti, sí que adquiere altura en manos de Ione Irazabal, como también resultan notables otros personajes secundarios bien trazados, como Chema Adeva en Federzoni, Alfonso Torregrosa tanto en el antagonista implacable Sagredo como en el rival comprensivo Barberini (primero cardenal y luego Papa), y Paco Ochoa en sus tres sucesivos papeles. Macarena Sanz, a la cual otras veces hemos elogiado, sin embargo en esta Virginia, hija de Galileo (otro personaje hueco), nos parece que sobreactúa sin conseguir impresionarnos. En fin, Paco Déniz y Pepa Zaragoza protagonizan una actuación musical de gran prestancia, y el no nombrar al resto del elenco en tan prolija relación significa que nos gustó su contribución al conjunto.

Caballero piensa que el tema de la obra es el de la responsabilidad social de la Ciencia, aunque en una entrevista posterior añade que lo es tanto o más la resistencia a la verificación empírica de los fenómenos, de cómo las creencias pueden ser refractarias a la razón. Hoy, otras creencias igual de opresivas monopolizan la verdad como si no tuviera múltiples caras, se oponen al prisma sintetizador en nombre de irracionales presupuestos incluso menos sostenibles que el de que la Tierra era el centro del Universo creado por Dios. No nos extenderemos en describirlas porque el buen entendedor ya las conoce.

El estreno del viernes pasado de Vida de Galileo de Brecht en versión de Caballero fue un interesante momento teatral que nos supo a ración escasa de sugerencias intelectuales actualizadas. Se repartió al público un Cuaderno Pedagógico muy interesante, el número 86 de los realizados por el CDN. Es una gran producción, quizás la más espectacular en estos momentos de la cartelera madrileña.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 7
Texto, 6
Versión, 7
Dirección, 8
Interpretación, 7
Escenografía, 8
Producción, 8
Programa de mano, 7
Documentación a los medios, 8

CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL – Teatro Valle-Inclán

VIDA DE GALILEO
De Bertolt Brecht
Versión y dirección Ernesto Caballero
Del 29 de enero al 20 de marzo de 2016
Duración: 2 horas y 15 minutos aprox. (sin intermedio)

Reparto (por orden alfabético):
-Chema Adeva: Federzoni, pulidor de lentes, colaborador de Galileo; Cardenal muy anciano
-Marta Betriu: Dama de la corte del Duque de Medici; Una mujer en la peste; Vanni; Cortesana
-Paco Déniz: Consejero; Matemático; Cardenal Bellarmino; Cantor de baladas, Funcionario
-Ramon Fontserè: Galileo Galilei
-Alberto Frías: Cantante; Cosme de Medici, Gran Duque de Florencia
-Pedro G. de las Heras: Consejero; Filósofo; Prelado Gordo; Gaffone; Rector; Padre Christophorus
-Ione Irazabal: Señora Sarti, ama de llaves de Galileo y madre de Andrea
-Borja Luna: Ludovico Marsili
-Roberto Mori: El Dogo; Pequeño monje
-Tamar Novas: Andrea Sarti
-Paco Ochoa: Secretario de la universidad de Padua, señor Priuli, luego Cardenal Inquisidor
-Macarena Sanz: Virginia, hija de Galileo
-Alfonso Torregrosa: Sagredo, amigo de Galileo; Sabio del Colegio Romano, Cardenal Barberini, luego Papa urbano VIII
-Pepa Zaragoza: Dama de la corte del Duque de Medici; Cantora de baladas; Cortesana
-Javier Coble, Pau Martínez y Kepa Osés: Músicos

Equipo Artístico:
Espacio escénico, Paco Azorín
Iluminación, Ion Anibal
Vestuario, Felype de Lima
Composición musical, Hanns Eisler
Música y espacio sonoro, Javier Coble
Foto, David Ruano
Producción, Centro Dramático Nacional.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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