Perlimplín, Belisa y Lorca

Estética 'lynchiana' para una versión pesadillesca de la aleluya lorquiana

Perlimplín, Belisa y Lorca
Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín - Federico G. Lorca

Federico García Lorca tenía 24 años cuando se puso a escribir ‘Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín’ y sólo había publicado antes un libro de poemas. La etiquetó como ‘aleluya erótica en cuatro cuadros’ y  no la estrenaría hasta una década después y con poca fortuna. Esta versión que se presenta en el marco del Festival de Otoño a Primavera, la alarga con otros textos suyos para que dure una hora, y es un montaje de delicada factura que pretende intelectualizar lo que no es más que un cuentecillo versionado en pesadilla.

Escrito entre 1922 y 1926 y estrenado en el año 1933, cuenta la historia de un hombre de avanzada edad, soltero toda su vida, convencido por su sirvienta para contraer un matrimonio de conveniencia. Se fija en una vecina adolescente y lo arregla con su madre. Los futuros esposos ni se quieren ni se conocen casi, y en la misma noche de bodas ella introduce sucesivamente cinco desconocidos en su lecho mientras don Perlimplín duerme. Cuando descubra lo ocurrido, descubrirá también que está tan enamorado de Belisa como para transigir ante la afrenta y hasta como para facilitarla un nuevo amante. Pero la farsa culmina en tragedia, pues el marido traicionado quiere dar una lección final a la esposa casquivana aún a costa del mayor de los sacrificios.

Darío Facal y su compañía Metatarso encargaron a Alberto Conejero una versión que incluyera fragmentos de El Retablillo de don Cristóbal, además de poemas y otros textos de Lorca, que son introducidos por un personaje ad hoc, el Poeta, para ‘generar paralelismos y resonancias sorprendentes que enriquecen el texto dramático y lo convierten en una pieza llena de contrastes, humor y violencia’, aunque nos parezca que sobre todo y más prosaicamente se trataba de aumentar la duración de una breve pieza que no iba más allá de media hora. ‘Todos juntos nos enfrentamos a la enorme dificultad de conseguir ese viejo sueño de las vanguardias que es alcanzar la perversa y esquiva frontera en la que confluyen la risa y la pesadilla’, afirma. El adaptador asiente: «Nos parecía muy atractivo mostrar el reverso tenebroso gracias al Retablillo; la parte que Perlimplín no transita».

Facal pensó desde el inicio en Emilio Gavira para hacer un don Perlimplín que no hiciera de hazmerreir, que por sus características físicas resultara más inquietante que grotesco. Es el más brutal contraste con la jovencita elegida para hacer de Belisa, esta Olivia Delcán, que cumple 24 años el mes que viene pero que se esfuerza en aparentar 16 o 17. Berta Ojea es la convincente sirvienta Marcolfa, Cristina Otero es la anecdótica madre y futura suegra. Y el personaje sobrevenido, ese poeta que se pasa mucho rato sentadito en un rincón tomando notas pero cuya presencia ayuda y mucho a la trama es un Kees Harmsen de notable presencia.

Gavira transmite al personaje todo el patetismo que necesita, pero en algunos momentos grita demasiado sin que se entienda por qué. Delcán consigue salir airosa de un personaje irreal, que permanece ignoto al final de la obra. Un atractivo y original espacio escénico nos sitúa en un retablo de marionetas deconstruido que le viene bien a este cuento inocente que el montaje quiere convertir en pesadilla inspirada en toda aquella estética de ‘Twin Peaks’ a la que el disfraz de don Perlimplín cita textualmente. El uso puntual de micrófonos colabora a crear esa atmósfera irreal que tiñe la farsa, un tobogán de versos sublimes y situaciones ridículas, donde efectivamente Lorca mezcla influencias tradicionales con disparates que buscaban incomodar.

Ha desaparecido la escena de los duendes, la que Dalí y Buñuel consideraban textualmente una mierda. El retablillo de «cristobita» repite lo que hemos estado viendo en clave pesadillesca y es el momento cumbre de la pieza. Dándole vueltas y más vueltas la historia manida del viejo que se enamora de una joven puede resultar que trate del cuerpo como una clausura, según se nos propone, y signifique lo que signifique. La frase del marido maduro, -‘Yo soy mi alma y tú eres tu cuerpo’- resume lo que cada uno puede ofrecer al otro y lo que quizás Belisa descubre finalmente, el alma tierna y generosa de don Perlimplín, que intentará sublimar su amor en un acto desesperado. Porque como siempre, personajes y espectadoras somos al fin y al cabo juguetes del azar y del destino.

En la cuarta y última función, lleno total y general entusiasmo. Lorca sigue encabezando los gustos escénicos en lo referente al teatro español dentro y fuera de nuestro país. Cuanto haya en ello de moda coyuntural no vamos nosotros a desvelarlo. A medida que se pone y repone en los escenarios, nuevos montajes pulen el original y lo mejoran. Aún manteniendo el debido distanciamiento, hay que celebrarlo.

Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Texto, 6
Versión, 7
Dirección, 7
Interpretación, 7
Escenografía, 8
Producción, 8
Programa de mano, 7
Documentación para los medios, 6

FOP – Festival de Otoño a Primavera de Madrid, 2016
Teatro de La Abadía, Sala Juan de la Cruz
Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín
Aleluya erótica, acompañada del Retablillo y otros poemas de Federico García Lorca
Versión: Alberto Conejero
Dirección: Darío Facal
Del 20 al 24 de abril

Intérpretes:  
Emilio Gavira (Don Perlimplín),
Olivia Delcán (Belisa),
Berta Ojea (Marcolfa),
Cristina Otero (Madre),
Kees Harmsen/Peru Saiz Prez. (El Poeta)

Espacio escénico:  María de Prado
Diseño de iluminación:  Manolo Ramírez
Diseño de vestuario:  Ana López Cobos
Ayudante de vestuario:  Paola de Diego
Música:  Room 603
Fotografía:  David Díez
Regiduría:  Cristina Otero
Producción:  Metatarso y Festival de Otoño a Primavera (Comunidad de Madrid)
Jefe técnico:  Álvaro Delgado
Distribución:  Salbi Senante
Dirección de producción: Cristina Otero
Ayudante de dirección: Javier L. Patiño

Compañía Metatarso
Duración aprox: 1 hora y 10 minutos (sin intermedio).

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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